13 de mayo de 2019
13.05.2019

El Levante hace feliz a un Celta decepcionante

Los de Escribá regalan en dos minutos el partido en San Mamés, a donde llegó la alegría celeste en la recta final con el tanto de penalti de Aspas y la derrota del Girona que otorga la permanencia "virtual" a los célticos

13.05.2019 | 02:18
El Celta cayó en San Mamés // FdV

El Celta vivió de rentas ayer, en una penúltima jornada que finalizó con la condena "virtual" del Girona a Segunda División. El conjunto vigués se desentendió muy pronto de participar de la emoción de una tarde de fútbol de infarto y solamente el triunfo del Levante llenó de alegría al celtismo después de que los de Fran Escribá protagonizasen una actuación decepcionante en San Mamés. Cayeron por 3-1 ante el Athletic Club tras regalar dos goles en un par de minutos, pero les sonrió la fortuna finalmente con el tanto de la victoria de los levantinos en Montilivi que certifica casi definitivamente el desahucio del Girona. Ahora, el conjunto catalán necesita ganar en Vitoria y restar los seis goles con que le aventaja el Celta en el golaverage para intentar una resurrección casi imposible. El descenso de los Eusebio Sacristán parece definitivo, para evitarlo tendrían que esperar además que los celestes cayesen el sábado ante el Rayo Vallecano en un Balaídos que se ha convertido en la tabla de salvación de un equipo mediocre, sobre todo como visitante. No gana a domicilio desde principios de diciembre en Villarreal, excesivamente pobre para una plantilla que al iniciar la temporada aspiraba a pelear por un puesto europeo. Los célticos están muy lejos ahora mismo, sobre todo en cuanto a mentalidad, de aquel equipo que rozó una final europea con un empate en Old Trafford, y cuyo segundo aniversario se cumplió el sábado.

Ayer, el equipo gallego tenía en sus manos la posibilidad de dejar sentenciada la permanencia pero claudicó de sus obligaciones antes de alcanzarse los primeros veinte minutos de partido, en otra pésima actuación. Y mientras Raúl García, Iñaki Williams y Iker Muniain se dedicaban a mostrar las debilidades defensivas y de carácter de los celestes, la pelea por la permanencia se vivía con gran intensidad e incertidumbre en Montilivi, en Vallecas y en el Estadio de la Cerámica. En San Mamés, ante más de quinientos celtistas angustiados por la imagen que estaba ofreciendo su equipo en la jornada más importante de la temporada, el Athletic dejaba sentenciado el partido en dos acciones en las que apenas encontró resistencia, a las puertas de la portería de Rubén Blanco, donde cualquier equipo espera al rival con cuchillos entre los dientes y con cara de no querer hacer rehenes.

El Celta de los tres entrenadores en una temporada no resiste una brisa, mucho menos las embestidas de los "leones" vascos, que a los catorce minutos consiguieron una pena máxima después de que Araújo cometiese un penalti sobre Muniain tras culminar una jugada colectiva en la que Williams resolvió de tacón el pase de Raúl García. El central del Celta se tiró al suelo de forma innecesaria para tratar de frenar al pequeño atacante navarro. El penalti lo transformó Raúl García. Dos minutos después, el mismo trío rojiblanco se abrió paso en el débil entramado defensivo celeste para que Raúl García fusilase a Rubén Blanco.

Habían transcurrido diecisiete minutos de partido y el Celta caía por 2-0, cumpliéndose los fundados temores de Escribá sobre los fulgurantes arranques de partido del Athletic Club en San Mamés, que entonces disfrutaba de una fiesta completa con el triunfo de su equipo para asegurarse una plaza europea, mientras en la grada esperaban por el homenaje al escocés Billy McNeill y las despedidas de Susaeta, Iturraspe y Rico.

Hasta esos dos minutos fatídicos, el Celta había mostrado interés por sacar algo positivo de un campo en el que solo ha sumado tres triunfos en 53 visitas de Liga. El árbitro anuló un gol a Maxi Gómez por fuera de juego y el uruguayo falló poco después en un claro remate de cabeza. Reaccionaron los célticos tras el segundo golpe de los rojiblancos con un remate flojo con la izquierda de Lobotka, pero todo se acabó cuando Rubén Blanco cometió un grave error en un despeje con el pie. El balón se lo entregó a Williams para que marcase a puerta vacía el tercero.

El Athletic había tumbado al Celta con el balón a ras de hierba, en contra de los temores de Escribá al poderío del juego aéreo de los de Gaizka Garitano. Esa preocupación llevó al técnico del equipo vigués a romper la pareja de centrales que había mantenido la portería a cero en las dos últimas jornadas. Dejó en Vigo a Cabral y apostó por Hoedt para acompañar a Araújo. Las decisiones técnicas, los errores individuales de sus jugadores y la apatía generalizada dejaba al Celta a merced de los rivales.

La segunda parte sobró. La emoción estaba en otros estadios. Con mucho retraso, Escribá movió el banquillo para proteger a Maxi Gómez de la quinta tarjeta amarilla que le impediría jugar ante el Rayo Vallecano.

Entró Boufal, inesperado suplente. Nada cambió. Ni siquiera aparecía Aspas, al que Borja Iglesias empataba a goles para el Trofeo Zarra. El Celta estaba más preocupado de proteger su golaverage favorable con el Girona, que comenzó ganando, se dejó empatar y perdió. Cuando el árbitro anuló por fuera de juego un gol de Williams, todo parecía en contra del equipo vigués. Pero en los minutos finales llegaron muy buenas noticias de Montilivi y Aspas convertía el penalti por unas manos de Aduriz en el área del Athletic. En un final de jornada taquicárdico, el Levante llenaba de felicidad al celtismo tras una actuación decepcionante de su equipo en San Mamés.

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