Butarque se le resistió ayer al Celta, como el miércoles el campo del Espanyol. De estos dos desplazamientos consecutivos, el equipo de Escribá se lleva a casa dos valiosos puntos que le mantienen fuera del descenso. Ahora tendrá que revalorizar ese escaso botín el próximo sábado en Balaídos con la visita de un Barcelona que se presentará en Vigo estrenando el título de Liga y en medio de la eliminatoria de la Liga de Campeones contra el Liverpool. A priori, los azulgrana no tendrían que ofrecer mucha resistencia si se presentan, como es de esperar, sin parte de sus estrellas.

El Celta tendrá que jugarse la permanencia en los tres partidos que restan de Liga, de los que dos se jugarán en Balaídos (Barça y Rayo), donde el celtismo ha llevado en volandas al equipo de Fran Escribá cuando se encontraba a cuatro puntos de la zona de la permanencia. Ahora, el conjunto vigués afronta los momentos claves de su irregular temporada desde una posición más ventajosa, con tres puntos por encima del Girona, que esta tarde recibe a un Sevilla que pelea por la cuarta plaza.

Ayer, los célticos alcanzaron el punto 37 tras un empate a cero en Leganés, contra un rival muy áspero y rocoso que apenas generó peligro y que evitó un tanto de Aspas (minuto 65). Fue la única ocasión clara en ambas áreas durante un duelo con apenas fútbol, gris, pero intenso, con muchas interrupciones y con escaso juego ofensivo y de elaboración.

Butarque se ha convertido en una de las plazas más complicadas de Primera, donde este curso ha visto cómo eran incapaces de ganar los grandes del campeonato. Solo tres tropiezos acumulan los de Pellegrino ante su afición (Huesca, Girona y Athletic Club). El Celta supo contrarrestar el dominio aéreo del conjunto pepinero en las jugadas a balón parado y en los numerosos centros que llegaban desde los costados sobre el área de Rubén Blanco, que tuvo que realizar escasas intervenciones, ninguna con peligro para regresar a Vigo imbatido.

Los célticos cierran la segunda semana casi consecutiva de tres partidos con un balance de cinco puntos, con lo que se mantiene por delante de cuatro de los rivales que pelean por la permanencia. Los de Escribá sumaron ayer un valioso punto donde ganar es casi una quimera y empatar, un buen resultado teniendo en cuenta la fortaleza y la incomodidad que impone en el juego el conjunto de Mauricio Pellegrino.

Los célticos tuvieron los tres puntos en la mano, pero el remate de Aspas fue despejado por Omeruo sobre la línea de gol mientras los de Escribá reclamaban penalti de Cuéllar por arrollar al moañés. El portero asturiano tumbó al 10 celeste cuando éste ya había rematado con la punta de la bota una asistencia de Maxi Gómez.

Y esa fue la única oportunidad clara de gol que se produjo durante todo el partido, que arrancó con dominio de los locales, algo habitual en las últimas actuaciones del Celta, como si el equipo vigués buscase el desgaste de los rivales para rematarlos en la segunda mitad, cuando ya le flaquean las fuerzas y resulta más fácil abrir espacios para que reluzca el juego ofensivo de Aspas, Boufal o Maxi. Ayer, no lo consiguieron.

Sin el sancionado Okay Yokuslu, Escribá apostó por Lobotka y Jozabez como mediocentros. Cabral y Araújo volvieron al eje de la defensa, aunque la novedad en el once fue la presencia de Hjulsager como interior derecho, en sustitución de Boudebouz. El entrenador valenciano quería evitar que el carrilero argentino Jonathan Silva pusiese en aprietos a un Hugo Mallo que continúa sin ofrecer la fiabilidad de temporadas anteriores.

Hjulsager solo ofreció trabajo y sacrificio. El balón era un elemento extraño para el danés. Por el otro costado, Boufal tampoco aparecía en acción y Aspas y Maxi quedaban aislados. Salvo puntuales llegadas al área de Cuéllar, con algún saque de esquina, el Celta se vio superado casi siempre por un Leganés más intenso, que ganaba casi todos los duelos y se hacía con la mayoría de rechaces y balones divididos. Sin la pelota, el Celta tenía que sacrificarse en la contención para evitar las acometidas de En Nesyri y Braithwaite. Dos de las torres de Butarque dominaban el juego aéreo pero sin encontrar remates. Se llegó al descanso con un empate sin goles y con dos minutos de retraso, los que empleó el árbitro en revisar una reclamación de los locales sobre unas supuestas manos en el área de Cabral.

Como ocurrió el miércoles ante el Espanyol, el Celta salió más entonado en la segunda mitad, con mayor posesión del balón por parte de Lobotka y de Jozabed. Así llegó un remate flojo con la izquierda de Mallo antes de que Aspas se plantase ante Cuéllar y burlase la salida del guardameta asturiano con un toque con la bota. El balón se marchaba a gol, pero apareció Omeruo para despejar en difícil posición el balón cuando había alcanzado la línea de gol, sin traspasarla. Martínez Munuera no atendió las reclamaciones de los célticos sobre un posible penalti a Aspas. El moañés aparecía por fin en escena después de mostrarse incómodo e impreciso ante un rival que ejercía una alta presión sobre el rival y marcaba territorio con acciones contundentes.

A pesar del carrusel de cambios, el partido mantuvo el mismo guión, el que imponen los de Pellegrino en casa para no pasar apuros en la recta final de la temporada pese a sus escasos recursos económicos.

El Celta buscó una ocasión que le permitiese sumar un triunfo que le llevase a afrontar en condiciones inmejorables los tres últimos partidos de Liga. No tuvo oportunidades ni contó ayer con la suficiente claridad de ideas para sorprender a un Leganés que también se conformó con un punto que los célticos quieren revalorizar el sábado ante el Barça.