Tras el pequeño descanso que cogí para señalarte el límite hasta dónde puede llegar un portero y ver cómo podía hacerlo, me di cuenta, querido Rubén, que debes saber que todas las felicidades terrenales que puedas encontrar son imperfectas. Pues el límite de la perfección solamente está en el cielo, hasta donde es muy difícil llegar. Por lo tanto, acerquémonos a lo imperfecto para hacerlo más perfecto.

Por ejemplo, un guardameta nunca puede hacer que un ramo de jugadores, de uno y otro bando, se arremolinen, se agarren y se empujen, faltando constantemente a las reglas del jugo con las que se señala el penalti. Mientras él se coloca, sin opción alguna, para intervenir bajo los palos, en espera de que el remate del delantero contrario rebote en su cuerpo o se lo encuentre, como un caprichoso regalo del sucio y atolondrado lance. Para que esto no sea así, aunque tú prefieras creer a los que no te saben enseñar, porque desconocen lo que tiene que saber un portero, te voy a indicar cómo tienes que actuar para marcar tu territorio en la jugada, donde tú eres el rey, por ser el único jugador al que se le permite emplear las manos en las dos áreas, pequeña y grande.

Lo primero que tienes que preguntarte, si de verdad tienes el afán de ser el mejor, es: ¿por qué los porteros se colocan en el centro de la portería, sin ninguna posibilidad de intervención, cuando antes nos colocábamos en el segundo poste, con todas las posibilidades por delante para intervenir?. Te lo voy a explicar: Hoy se colocan así, en el centro de la portería, porque piensan que el lanzador del córner va a colocar el balón en la "olla", sobre el punto de penalti. Lo que es una torpe realidad para el guardameta y penoso para el entrenador que lo enseña.

Pero lo triste del caso es que el lanzador del córner, efectivamente, templa el balón al punto de penalti para que uno de sus compañeros busque el remate. Y así vemos cómo después de agarrones, roturas de camisetas y de penaltis, la mayoría sin pitar, se remata consiguiendo el gol, siempre que el balón no tropiece en el portero, bajo los palos o a un metro de la portería. Si no, recuérdense los goles importantes logrados de esta forma para el Real Madrid por Sergio Ramos, para vergüenza de los porteros que los han encajado y para sus malos y recién llegados entrenadores. Vergüenza para los guardametas por su mala colocación, al permitir que el jugador le marque un gol que nunca debió de subir al marcador, justamente en la posición donde el guardamallas tiene que ser el rey.

Los porteros, amigo Rubén, lo creas o no, son unos desconocidos para quienes les enseñan a ser porteros de balonmano, en vez de guardametas de fútbol. Pues un portero de fútbol, en un lanzamiento de córner, se debe colocar donde siempre, en el segundo poste. ¿Por qué?. Porque desde esta posición controla, en todo el momento, la trayectoria del balón, que mejor atajará más que despejar. Al mismo tiempo que, en carrera lanzada, ya que es más fácil intervenir corriendo hacia adelante, le será mucho más fácil hacerse con la pelota o despejar el peligro de su portería. Así como anticiparse, con decisión, a cualquier remate del contrario. Ignorar esto es como inmovilizar al portero ante la acción del rival.

Pero antes de colocarse donde realmente tiene que estar, el portero debe "marcar" y dejar limpio, para la acción, su territorio. Tiene que evitar todo "apiñamiento" en el punto de penalti y en el centro del área, para lo cual colocará a sus defensas y compañeros en los puntos en que cada uno pueda intervenir para alejar el peligro del gol. Así pues, lo primero que hará es designar a un defensa al primer poste de la portería por si el saque del lanzador del córner es corto, al igual que hará lo mismo el jugador colocado justo sobre el ángulo del área pequeña. Luego colocará a dos jugadores más, uno por delante y otro por detrás, del punto de penalti, mientras un quinto cubrirá las espaldas de estos dos jugadores y compañeros, colocado entre el otro ángulo del área pequeña y la línea de cierre del área grande, para evitar el remate del contrario en la jugada, entrando desde atrás en ella. Y para cerrar los espacios en los que puede surgir el rebote del rival a gol, colocará dos hombres más por fuera de la media luna, a un distancia prudencial, que tendrán la misión de cortar el peligroso rebote de la jugada, para poder enlazarla con los dos hombres que buscaran el contragolpe.

Como podrás apreciar, si eres buen observador del juego, de esta forma se defiende el espacio posicional sobre el terreno y no el marcaje al hombre, que es el que provoca ese remolino de jugadores en el centro del área donde a codazos, empujones, y rasgado de camisetas contribuyen a entorpecer la pequeña salida que le queda al portero para la defensa del marco. Todo lo contrario que tendrá en sus salidas a los espacios libres, en los cuales disputará, siempre con ventaja de manos, control de la situación, y sobre todo de anticipación en la jugada, a un solo o dos jugadores, a lo máximo.

Otra de las cosas que tú apuntabas en nuestra entrevista es que en ella dices que hoy a los porteros os piden mucho, como jugar como líberos. Otro de los males negativos que han llevado al fútbol aquellos que creen que lo que ven en el stadium es el fútbol que se juega de verdad. Y como viste bien eso de decir que el portero tiene que jugar como un líbero, es otro de los completos errores de los que han llevado, porque viven de ella, la mentira al fútbol. Dado que el líbero nunca existió en fútbol, como ya dije antes, hasta que Benito Díaz inventó el "cerrojo", que ya fue en mi época de jugador. Luego Yashin, aprovechando las condiciones naturales que poseía, intentó jugar como portero-líbero, lo que nunca cuajó en otros porteros, a pesar de que los "bienvenidos", para colocarse una falsa medalla más, intentaron y aúun intentan llevar a cabo un sonoro fracaso, que muchas veces produce risa en un partido de fútbol.

Inocente Rubén, no te dejes embaucar si quieres ser el mejor. Ni tú ni yo y muchísimos porteros más que conocí, de antes y de ahora, nunca podíamos ni pueden jugar como líberos, salvo que saquemos de encima el ridículo. Porque ni yo, ni tú, por lo poco que te vi jugar, le pegamos a un "baúl". Y para jugar como Yashin tenemos que nacer con las condiciones naturales con las que nació el guardameta ruso, jugar como Beckenbauer, que es cosa extremadamente difícil, así como tener una visión, en largo, de la jugada, que solo se la vi a Yashin con su perfecto desplazamiento del balón. Y aún así, en el único partido que le vi contra España, en la primera final de la Copa de Europa que ganamos, el frío y calculador guardameta soviético, en una jugada, casi roza el ridículo. Rubén, hazme caso, y no quieras alcanzar los límites del cielo, si solo puedes ser el mejor alcanzando los tortuosos límites terrenales. ¡Que ya son muchos para un mortal!. Lo otro es palabrería de los que no saben, de los que sueñan, porque valoran que: soñar no cuesta nada.

Como lo es el intentar cubrir portería como un portero de balonmano, arrastrando el trasero y con los pies por delante, dejando un mundo libre para el hueco del gol, salvo que la diosa fortuna y la torpeza del contrario haga tropezar, lo que ocurre alguna de las veces, el cuero contra los pies, manos o el cuerpo del guardameta. El portero de fútbol siempre cubrió y cubrirá huecos de portería intentando arrebatar la pelota, dominada de los pies del delantero contrario, estirándose de forma casi horizontal ante el delantero, con las manos por delante, para quedarse con el balón, arriesgando su rostro en la jugada, para control de la misma, y con el pecho, casi encima de las botas del contrario, para acortarle espacio en la maniobra del balón. Mientras que los pies, como recurso, rastrearán y ocuparán el espacio, por si el delantero busca por ellos la consecuencia del gol. Esto y solo esto Rubén es como tiene que cubrir huecos de portería el guardameta de fútbol. Lo otro que os enseñan los nuevos teóricos técnicos, repito, es para porteros de balonmano. Nunca aciertan con la respuesta a la pregunta que ellos mismos crean y se hacen, porque para enseñar no solo se tiene que tener conocimientos, sino que también hay que saber hacerlo y explicar el porqué y para qué se hacen las cosas.

Aquí, Rubén, me voy a parar un poco más contigo, para que te quede claro lo que pretendo decirte sobre el tema que ahora nos ocupa. Por lo que comenzaré diciéndote que cuando saqué el título de entrenador regional (del nacional ni me preocupé porque no pensaba seguir en el fútbol, ni por este ni por otro camino, aunque luego, por esas circunstancias de la vida a las que hizo referencia Ortega y Gasset, tuve que hacer mis pinitos como entrenador de "poca monta") lo hice por muy poco tiempo y no debí hacerlo mal, pues cuando lo dejé todos, sin excepción, los que siguieron mi faceta de entrenador me insistieron en que continuase ejerciéndola como tal, a lo que yo me negué rotundamente.¿Sabes por qué?. Porque no me gusta, ni un poco, el ambiente que sigue rodeando al fútbol. ¡Ahora menos que nunca!.