17 de marzo de 2019
17.03.2019
Real Madrid 20Celta

Al Celta se le indigesta la pelota

El equipo de Escribá, romo y sin fútbol, rehabilita a un discreto Real Madrid en el reestreno de Zidane

17.03.2019 | 03:44

Definitivamente, al Celta se le ha indigestado la pelota. Privado del talento de Iago Aspas, al equipo celeste no sabe qué hacer con ella y no es ni la sombra de lo era hace solo unos meses. Se ha quedado sin fútbol, ha perdido el colmillo y el sentido del juego y apenas le sostienen las piernas para subsistir achicando agua hasta que el rival encuentra un boquete para despellejar a Rubén.

La oportunidad de puntuar en el Bernabéu frente al Real Madrid más ramplón que se recuerda en décadas y amargar la fiesta de reestreno de Zidane se esfumó antes siquiera atisbarse en un partido en el que el grupo de Fran Escribá fue de más a menos y acabó desplomándose en segundo tiempo atroz. Otro ejercicio de impotencia en el que los de Escribá apostataron de la pelota para refugiarse una vez más en la trinchera, exhibiendo una flaqueza de espíritu y una pobreza de ideas verdaderamente aterradora.

Más por deméritos del Celta que por merecimiento del rival, Efecto Zidane funcionó como el mejor de los antidepresivos. Por pura inercia, casi sin proponérselo, el preparador galo devolvió al madridismo la esperanza que ahora parece perdida para el Celta y rehabilitó de un plumazo a la legión de ilustres marginados (Isco, Marcelo, Bale) que llevan meses bajo sospecha.

El plan de Escribá para mejorar las exiguas prestaciones ofensivas exhibidas frente al Betis volvió a fracasar de plano. Se percibe cierta voluntad y orden, pero faltan arrestos, confianza y fútbol para ganar partidos. Y eso que los celestes se las compusieron para sobrevivir un problemático inicio de partido que trastocó por completo sus esquema defensivo. A los dos minutos de juego David Juncà se llevó la mano al aductor y cuatro minutos después abandonaba lesionado el terreno de juego obligando a el entrenador del Celta a recomponer una línea ya de por sí mermada por la sanción de Hugo Mallo. Hoedt entró por el catalán y Kevin se desplazó al costado izquierdo de la línea, dejando el lateral derecho en manos de David Costas, que había iniciado el partido como central izquierdo.

Tan improvisado movimiento de piezas generó algunos problemas aunque fue el flanco derecho de la zaga céltica que defendía el de Chapela la vía elegida por el Madrid para intentar meter mano al Celta. Marcelo e Isco fueron los primeros en dar un paso el frente, el brasileño sentando a Costas para servir un gran centro a Benzema que Rubén rebañó palmeando la pelota antes de que el delantero galo pudiese conectar el remate; el malagueño con un disparo lejano que el portero mosense se embolsó con facilidad.

El Celta, que hasta el descanso dio algunas señales de vida, replicó con un tiro muy desviado de Maxi Gómez y poco después, a los 15 minutos de juego, con un centro lateral del holandés Hoedt que el delantero uruguayo cabeceó con veneno obligando a un paradón a Keylor Navas, otra de las apuestas de Zidane, que rectificó en pleno vuelo para despejar la pelota con una mano providencial.

Durante estos primeros minutos, casi hasta la media hora de juego, el Celta se protegió con el balón. Le faltó velocidad en la circulación, creatividad en la elaboración y malicia (las pocas veces que logró ganar el área contraria) en la finalización de la jugada como para hacer verdadero daño al Madrid, pero al menos tuvo la iniciativa y consiguió limitar las acciones de peligro del equipo blanco a disparos de larga distancia. Toni Kroos lo intentó sin éxito y Bale, colocándose entre los centrales en uno de los pocos despistes defensivos de los célticos, estrelló un balón contra el larguero a la media hora de juego.

Aunque los celestes tuvieron otra ocasión con disparo desviado de Boufal tras una dejada de Maxi que Navas resolvió con solvencia (minuto 33), fue el Madrid el que más se aproximó al gol con un potente disparo de Marcelo que Rubén despejó por encima del travesaño en otra buena intervención. En el subsiguiente córner, libre de marca, Sergio Ramos cabeceó fuera en excelente posición.

No hubo más en el primer tiempo, salvo un codazo en la cara de Bale a Kevin que el árbitro resolvió con tarjeta amarilla (se supone que por no apreciar intencionalidad), pero que perfectamente pudo haber resuelto con roja.

La tenues señales de vida que el Celta dio hasta el intervalo se desvanecieron en cuanto se reanudó el juego. Bastó que el Madrid diese un pequeño paso al frente, incrementado la intensidad en la presión sin balón para que el Celta se desmoronase.

No fue un colapso inmediato, sino una caída soterrada, lenta pero inexorable, que comenzó cediendo al rival de la pelota y comenzó a cobrar fuerza con el gol anulado por el VAR a Modric por fuera de juego posicional de Varane. El croata enganchó un balón rebotado en la corona del área que se coló hasta el fondo de las mallas tras botar antes de entrar (minuto 55). Martínez Munuera concedió el tanto, pero lo anuló tras revisar la jugada al considerar que el defensa galo interfería en la trayectoria del balón.

El gol de Modric anunciaba un cambio de tendencia en el partido que el Celta no quiso o no supo interpretar. La pelota se le indigestó desde entonces a los celestes, que se hundieron en un mar de inseguridad. Sin fuelle ni ideas -su único recurso fueron balones de Rubén hacia Maxi- el Celta claudicó y el Madrid aprovechó su renuncia para sentenciar el partido rehabilitando a su excelsa colección de marginados.

El epítome de esta tropa, Isco, engatilló en boca de gol una certera combinación de los blancos que decidió el partido. Un pérdida del Celta en banda que Modric recuperó. El croata abrió el juego hacia Asensio y éste cedió el balón en el lateral del área a Benzema, que lo sirvió al cogollo del área para que el malagueño la empujase contra la red. Ya no pudo reponerse del golpe el Celta, que deambuló por campo como muerto viviente (en eso se ha convertido este equipo) hasta que Bale le dio la puntilla con un remate dentro del área entre los centrales al que Rubén tampoco pudo responder.

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