14 de marzo de 2019
14.03.2019

Manzanas demasiado verdes

El vestuario del Celta mantiene un clima correcto pero paga la ternura de algunos jugadores

14.03.2019 | 03:12

No son manzanas podridas, sino demasiado verdes. Quique de Lucas matizó ayer en Radio Vigo el mensaje que lanzó hace algunos días en Twitter y que parecía desvelar una situación conflictiva en el vestuario céltico. Lo cierto es que en A Madroa abundan más los jugadores tiernos de edad y carácter, incapaces de rendir bajo presión, que los malintencionados, de colmillo retorcido. Existen casos particulares de lectura delicada; el clima general sigue siendo respirable.

Toda crisis futbolística, originada en errores precisos o infortunios (un entrenador inadecuado, algún fichaje erróneo, lesiones), parece exigir motivos estructurales. Se cuestiona el modelo o la calidad de la plantilla. Se buscan deudas o grandes conflictos internos. Cuando la dinámica negativa ya lo ha contaminado todo, causas y consecuencias suelen confundirse en la radiografía. Se quiere racionalizar a posteriori ese cúmulo de pequeños acontecimientos, decisiones y casualidades que desencadenó el colapso.

Esta vez, sin embargo, analistas y aficionados han tenido a su disposición argumentos suministrados por los propios protagonistas. "Ahora necesitamos de todos. El que no esté, fuera. Y ya está. Esto es complicado y va a ser más complicado aún. La gente que no esté preparada para soportar esta situación quizá no deba estar aquí", voceó Mallo tras la derrota en Valladolid. Tras la victoria sobre el Sevilla, aliviado por lo que suponía el anhelado punto de inflexión, aclaró: "Es cierto que el mercado de invierno nos ha hecho bastante daño. Los agentes hacen mucho daño muchas veces. Ya está, se acabó. Todo el mundo está pensando aquí". Un mensaje sin destinatarios explícitos. Todo el mundo dedujo nombres como los de Maxi Gómez y Lobotka, los más cotizados. Hubo más, sin embargo, que meditaron su posible salida.

Mallo se equivocaba en el alivio. Aquel triunfo fue solo un paréntesis en el marasmo. Regresaron los malos resultados. Tras la derrota en Eibar, Quique de Lucas respondió a un mensaje de Óscar Pereiro en Twitter proponiendo como solución: "Llegados este punto, poner las prioridades en orden, crear espíritu de grupo y subir la competitividad del grupo (faena del entrenador) y sobre todo aislar a las manzanas podridas (faena del grupo)".

No es un comentario sin más de un simpatizante céltico. Ni siquiera el de un exjugador que habla de una situación comparándola de manera genérica con sus propias experiencias. Quique de Lucas, más que agente, es mentor de Hugo Mallo y amigo de otros miembros de la plantilla. Se le supone un conocimiento exacto del actual vestuario. Esa expresión de "manzanas podridas" parecía apuntar a un estado de descomposición de la química del grupo.

De Lucas aclaró ayer en Radio Vigo qué había querido decir. "Cuando un vestuario pierde, tu porcentaje de derrotas es muy grande o tus puntuaciones no son las que deberían, el propio compañero empieza a crear esa negatividad dentro del grupo. A veces revertir esa negatividad no cuesta nada. Es simplemente tomarse un café con el compañero que esté mal, una cena de equipo, si me apuras una noche de equipo, algo en lo que a toda esa negatividad se le dé la vuelta. Y a esa manzana que está envenenando el grupo la reviertes y es la que al final hace latir ese grupo. En un deporte de equipo darle la vuelta es muy sencillo siempre y cuando todo el mundo quiera. Iba un poco por ahí, que la gente que esté creando negatividad le dé la vuelta y que cree positividad, que sea parte del grupo. Todos son chicos jóvenes y prácticamente todos pueden sumar mucho, se les tiene que explicar y se les tiene que decir cómo, quizás no lo sepan o no lo sepan ver y estén nublados en ese sentido".

Un análisis que parece corresponderse más con el diagnóstico que otras fuentes realizan de la salud anímica de la plantilla. Más allá del reparto convencional de alegrías y frustraciones que las alineaciones ofrecen, no existe un clima general de divorcio o desafección. Hay casos particulares: el enfado de Maxi Gómez con su situación contractual, la depresión de Pione Sisto, la desorientación vital de Emre... Pero ninguno actúa como un elemento contagioso. Ni siquiera Radoja, disciplinado pese a su exilio interior. No abundan los jugadores con cicatrices y amarguras, cuyo rendimiento baja por egoísmo, sino los cartilaginosos, incapaces de ofrecer su máximo rendimiento en una pelea angustiosa para la que no estaban preparados.

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