14 de enero de 2019
14.01.2019

Problemas individuales; daño colectivo

El pobre rendimiento del Celta en la primera vuelta se ha visto lastrado por las bajas prestaciones de un puñado de jugadores que por diferentes motivos no están teniendo el protagonismo que se esperaba

14.01.2019 | 01:29
Sergio Álvarez, Pione Sisto,, Emre Mor, Mathias Jensen y Andrew Hjulsager durante un reciente entrenamiento en A Madroa. // Alba Villar

Las victorias del Athletic y el Leganés han situado al borde del abismo al Celta, que cierra la primera vuelta en decimoséptima plaza, con solo dos puntos de margen sobre la zona de descenso. La línea descendente del equipo de Miguel Cardoso, certificada con las tres derrotas consecutivas encadenadas en el cambio de año, responde a un problema de mal desempeño colectivo (extrema fragilidad defensiva, excesiva dependencia de Aspas, errores técnicos de planteamiento o gestión del banquillo), agravado por el bajo rendimiento de un puñado de jugadores que estaban llamados a tirar del carro y no están dando el nivel que de ellos se esperaba.

El problema afecta tanto a los jugadores incorporados en el último mercado de verano (que están lejos de ofrecer las prestaciones de los que se han marchado), como a algunos de los futbolistas que ya estaban en nómina cuya productividad ha decrecido de modo alarmante o ha estado muy por debajo de las expectativas.

La renovación del equipo emprendida por la dirección deportiva no ha dado por el momento el resultado apetecido. La línea más problemática es la defensa, que al cierre de la primera vuelta empeora de forma considerable los números del pasado curso. Araújo (el defensa más caro de la historia del club) y Juncà no se han acercado al rendimiento ofrecido el pasado curso por Sergi Gómez y Jonny; Cabral (que finaliza contrato en junio y no se le ha ofrecido la renovación) ha iniciado un preocupante declive y Facundo Roncaglia, ahora en la rampa de salida, hace tiempo que tiene la cabeza en otra parte. Mazan (que cumple un año sin minutos) no ha dado la talla y Júnior Alonso, la apuesta de Felipe Miñambres para alternarse como central y lateral zurdo, ha salido escopeteado a la primera de cambio.

Ni siquiera Hugo Mallo, el incombustible capitán, se aproxima esta temporada a sus números. Apenas David Costas, ninguneado por Antonio Mohamed y rehabilitado por Miguel Cardoso, y el debutante Kevin Vázquez (que no ha desentonado cuando se le ha necesitado) han dado el nivel.

En medio campo, llama la atención el caso de Nemanja Radoja, sin minutos por imperativo institucional, cuya situación no contribuye precisamente a la estabilidad del vestuario. La negativa del otrora importante futbolista a aceptar las ofertas que han llegado para abandonar el club en la actual ventana de fichajes amenaza con enquistar el problema hasta junio.

Aunque tanto el precoz Fran Beltrán, chico con un futuro verdaderamente prometedor, como Okay, un medio defensivo muy diferente a lo que se estilaba en los últimos años, han superado las expectativas, el rendimiento de Lobotka, acaso por la grave lesión sufrida en la Copa del Rey, está esta temporada por debajo del de la pasada.

Tampoco el rehabilitado Jozabed ha brillado. Pese a que la participación del andaluz ha crecido de modo exponencial desde la llegada de Cardoso, su productividad está muy lejos de la ofrecida de cuando se incorporó al equipo cedido por el Fulham en el mercado de invierno. En sus primeros seis meses a préstamo, Jozabed fue el futbolista número doce del Celta. Contando la Copa y la Europa League, el sevillano disputó 28 partidos a buen nivel, proporcionando al equipo dos goles y cuatro asistencias que le aseguraron su fichaje en propiedad en verano por 4 millones de euros. En la siguiente temporada y media, ya como jugador en propiedad, ha disputado 34 encuentros (7 esta temporada) con un balance de 4 asistencias en todas las competiciones.

En el frente ofensivo, resalta la dependencia por segunda temporada consecutiva de los goles de Iago Aspas y Maxi Gómez, a quienes esta temporada se ha sumado Brais Méndez como tercer anotador (4 goles) y mejor pasador (5 asistencias). Si Brais encarna el lado positivo, el negativo lo representa Emre Mor, que amenaza con convertirse en el peor negocio de la historia del club. En su segunda temporada en nómina, el segundo fichaje más caro de la historia del Celta (13 millones de euros) ha protagonizado uno de los casos de inadaptación de mayor calado que se recuerdan en el club. Incapaz de comprender que el talento no basta para triunfar si no se acompaña de compromiso, el turco-danés ha ido dilapidando oportunidades hasta convertirse en carne de banquillo de todos los entrenadores que ha tenido. Tanto se ha devaluado Mor en temporada y media, que el club carece de ofertas siquiera para cederlo.

No menos preocupante es el caso de Pione Sisto, un futbolista muy importante en las dos temporadas anteriores cuyo rendimiento ha menguado de forma alarmante este curso hasta desaparecer casi por completo. Su participación se limita ahora a los minutos finales, a menudo con el partido decidido. Problemas personales parecen estar en el origen del incomprensible bajón de rendimiento del atacante danés, al que urge recuperar para la causa.

Con Boufal haciendo la guerra pos su cuenta (falta que ponga su innegable talento al servicio para el equipo), se sigue esperando a Mathias Jensen, a quien las lesiones han restado protagonismo desde su llegada al equipo. Después de cuatro meses, la participación del atacante danés se ha limitado a un único partido. No mucho más ha jugado Andrew Hjulsager, pura abnegación, y que ha cumplido el expediente cuando se le ha dado la oportunidad de jugar.

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