03 de marzo de 2017
03.03.2017

De visita tras la tormenta

El Celta acude al Camp Nou en medio del terremoto que ha generado el anuncio de Luis Enrique de que no seguirá en el Barcelona la próxima temporada

03.03.2017 | 03:22
Luis Enrique, durante el entrenamiento de ayer del Barcelona. // Efe

El Celta visitará el sábado a un Barcelona en plena tempestad. La que ha sembrado Luis Enrique con su anuncio unilateral de abandonar el banquillo del equipo azulgrana a la conclusión de la actual temporada cerrando de este modo todos los debates posibles sobre su futuro y abriendo el de su sucesión. El Celta, uno de los equipos que más puede entender la forma de actuar del entrenador asturiano por la experiencia que le dio el año que estuvo en el banquillo de Balaídos, tratará de aprovechar el alboroto generado por un entrenador irritante en ocasiones, pero sobrado de personalidad.

El Barcelona recibirá mañana al Celta desde lo más alto de la clasificación, pero en medio de los efectos secundarios que ha generado el inesperado y brusco anuncio de Luis Enrique de que abandonará el banquillo azulgrana cuando finalice la actual temporada. La noticia, que podía entrar dentro de lo probable teniendo en cuenta que se acercaba el momento de tomar una decisión, resulta sorprendente por el modo elegido por el asturiano para zanjar el asunto. Fiel a su estilo abrupto, seco, exagerado en ocasiones, irritante a veces, sincero casi siempre. Una muestra más de su carácter incorregible y de su evidente personalidad. Justo cuando nadie se lo esperaba, cuando el entorno aguardaba semanas de culebrón, de preguntas incómodas en la sala de prensa y de respuestas airadas en algunos casos, Luis Enrique se adueñó de la escena para proclamar que con tres años en ese banquillo ya era suficiente. Que había llegado el momento de descansar y de abandonar un lugar tan estresante como la caseta del conjunto azulgrana en la que uno envejece demasiado deprisa y que parece quitarle la salud y el pelo a quienes son elegidos para el cargo.

Ni la plantilla que dirige desde junio de 2014, cuando llegó procedente del Celta, conocía sus intenciones. Solo estaban al tanto de la decisión sus dos familias: la de casa y la que forma el grupo de trabajo que le acompaña desde hace años y que estuvieron a su lado durante la temporada que dirigió en Vigo. Para el resto del mundo era un secreto que solo desveló momentos antes de acudir a ese potro de torturas que para él es la sala de prensa y anunciar que el Barcelona ya podía comenzar a buscar recambio para su puesto.

Luis Enrique, con su anuncio, envía otro mensaje de mayor calado. Él es dueño de su destino, él decide cuándo y cómo elige el siguiente paso en su vida. Hace solo un par de días el propio Barcelona lanzaba repetidos mensajes en los que insistía en su deseo de seguir contando con el asturiano durante más tiempo. Pero Luis Enrique había decidido que no y no tardó en resolver la duda. Justo cuando nadie lo esperaba, pero que a la postre el Barcelona agradecerá.

Con la decisión de adelantar la resolución de la historia, Luis Enrique libera al Barcelona para planificar su futuro inmediato, para dejar de esperar y ponerse a trabajar en busca de la persona que deberá dirigir el proyecto una vez el asturiano haya descolgado de su despacho sus fotos personales y entre las que se encuentra la de una pachanga en A Madroa en la que aparece con todos los colaboradores que tenía en Vigo: "Nos gusta recordar a los amigos del Celta. Fue una gran experiencia y tenerles ahí todos los días es una forma de hacerlo y de tenerles presentes", dijo recientemente en un documental en el que explicaba la forma de trabajar que tenía el equipo.

Luis Enrique también se siente liberado con su anuncio. A partir de ahora puede centrarse en preparar los tres meses de competición que restan y en los que tratará de aumentar su cuenta de títulos (lleva ocho desde que tomó posesión del banquillo). Tiene aún a tiro la Copa del Rey (clasificado para la final), la Liga (es líder) y en la Champions sus aspiraciones parecen reducidas a la mínima expresión tras el 4-0 encajado hace dos semanas en el Parque de los Príncipes. Pero sabe que de su día a día ha borrado todo lo que tiene que ver con su posible continuidad. Adiós a las miradas inquisitorias en el club, a las recurrentes preguntas en la sala de prensa, a los comentarios de quienes están alrededor del vestuario y las dudas de sus propios jugadores que ya saben que su actual jefe ya no lo será la próxima temporada. Tiene sus riesgos, pero también sus ventajas. Y Luis Enrique confía más en los segundos.

De todos modos, no se librará de unos días de tormenta. Hoy mismo en su primera rueda de prensa después del anuncio le espera un rato "entretenido". Lloverán las preguntas sobre su decisión y seguramente se las sacará de encima de cualquier forma y tratará de llevar el discurso hacia lo poco que se fía del Celta, equipo al que conoce y respeta como ninguno en Primera División y con el que ha sido siempre cariñoso hasta el extremo. Pero pasarán esos días, el centro de la escena será para los candidatos a sucederle y él podrá centrarse en su trabajo. Ese ambiente se encontrará el Celta en el Camp Nou. Día de plebiscito, de pancartas, de cánticos y toda esa liturgia que acompaña en esta clase de días.

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