Es cierto que carece de rumbo, de palabra, de principios, de escrúpulos, de decencia, de vergüenza y todos los etcétera que se les ocurran, pero no menos cierto es que va sobrado de soberbia, de codicia, de petulancia, de morro y de unos cuantos epítetos más y, además, viaja en Falcon y dicen que es guapo y que tiene un doctorado -no sé si cum laude o cum fraude porque eso es secreto de Estado- y en apenas el tiempo que dura un embarazo resucitó a un muerto, solucionó el llamado "conflicto catalán" y el de Alcoa. Por ello, ¿a quién le puede sorprender que sea el líder mejor valorado y que su partido se salga en las encuestas? Pues bien, sumémosle a tanto prodigio la libre decisión de quienes pretenden votar a partidos extremos para protestar por no sé qué, y ya tenemos la tormenta perfecta que nos conducirá, más pronto que tarde, a gozar de una experiencia tan placentera como la que se vive en Venezuela. Pero el voto es libre y el derecho a equivocarse también.