29 de agosto de 2017
29.08.2017

Bellotas

29.08.2017 | 02:16

Como aquel que empieza con un toque firme de determinación despidiendo la electricidad de la emoción, así solía encontrarme a las puertas de agosto en mi juventud, que era como estar a las del paraíso, por la festividad de las Nieves; un ajetreo desmesurado afectaba repentinamente toda la monotonía hogareña en toda su estructura organizativa. Cuantas veces, luego, pasada la fiesta, tanta expectación no coincidía con su importancia.

Alrededor de esa festividad parroquial, en pleno verano, es probable que se dé uno de esos giros raros del clima y la lluvia arrecie de repente con furia sin ningún atisbo de viento, que no por esperada por los vecinos sorprende siempre a los forasteros y veraneantes estupidamente. Entonces los autóctonos nos acordamos de las rogativas que hacían nuestros padres.

Mi vecino, el más viejo del lugar, anda algo inquieto. La época vacacional de su hijo y familia desde Barcelona todo agosto, se le hace un poco cuesta arriba. La barbacoa y la playa, aparte del ajetreo y acento nuevo que retumbara por toda la casa, le sacan de la rutina y algo le incordian.

Pero sobre todo es su nieto, un muchachote de 14 años, al que hace cuatro que no ve, pero que no hay quien pueda con él. En la última visita prendió fuego al pajar e hizo añicos a pedradas todas las ventanas de la casa vieja. Todo de una tajada. Menos mal que la última semana estuvo tranquilo al romperse una pierna. Aunque bastante lata le dio impedido y todo.

Mi vecino no las tiene todas consigo. Por lo de pronto ya ha llevado su coche al taller dejándolo allí, así como sacar la batería del tractor, pues en Navidad le adelantó por teléfono que ya sabía conducir. El otro día, cuando me lo contó, me acordé de alguien cuando ante cualquier contrariedad que se le avecina totalmente ineludible, manifiesta que sería preferible estar cavando todo el día en el monte. Ahora de aquella fracasada hornada parroquial de seminaristas mucho más intelectual, para decir lo mismo decimos que es preferible pasar agarrado todo el día a una "bellota" grande y pesada, en clara referencia a esa marca industrial de herramientas. Además del latín también recordamos lo que es un tropo o sinécdoque. Aparte de ser más fino y acorde con estos tiempos, tiene otro encanto, intelectualmente hablando, claro está.

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