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Faro de Vigo

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Disputa científica

El vertedero más grande del océano está repleto de vida

El hallazgo de diminutos animales en la "gran isla de basura del Pacífico" provoca una batalla sobre cómo retirar el plástico del mar

Un hombre recolecta botellas de plástico entre los residuos que una malla impide que alcancen el mar en un río en Cebu (Filipinas). EFE

El vertedero más grande del mundo se encuentra en el norte del Pacífico, entre California y Hawái, alberga unas 80.000 toneladas de plástico y tiene el tamaño de casi tres veces Francia. Hay otros basureros marítimos en el planeta, creados por los vertidos que se van concentrando a través de los cinco giros oceánicos, enormes corrientes circulares que funcionan como torbellinos que atraen todo lo que encuentran hacia su centro, pero ninguno es comparable a este. Al principio, allá por el cambio de milenio, cuando comenzó a hablarse de este fenómeno, surgieron numerosas y exageradas teorías.

Se llegó a decir que la “gran isla de basura”, como se la sigue conociendo, era una superficie compacta y flotante. Que se podía caminar sobre ella. Que se trataba de un nuevo continente, el séptimo. Que se podía ver incluso desde el espacio. Nada de esto es verdad. El vertedero es más bien como una sopa en la que pululan microplásticos y objetos más grandes: cepillos de dientes, botellas, juguetes, bidones o enormes redes de pesca abandonadas, provocando que peces, tortugas y ballenas queden atrapados o acaben con sus estómagos contaminados, al confundir todo aquello con alimento. Pero también, según acaba de saberse, hay mucho más. 

La vida bulle allí dentro, asegura una reciente investigación, que ha concluido que ese basurero acoge una de las concentraciones más importantes descubiertas hasta ahora de neuston, el conjunto de organismos de dimensiones reducidas, muy poco conocidos, que viven en contacto con la película superficial de las aguas. Animales diminutos como carabelas portugesas, velellas, medusas de botón azul o caracoles marinos violetas, que a su vez sirven de comida a otros más grandes. Cuanto mayor es la concentración de plástico, mayor es la de neuston. 

"Tenemos que cambiar, ser más cautelosos"

El hallazgo puede llegar a tener enormes repercusiones. Publicado el pasado abril en ‘bioRxiv’ y aún no revisado por pares, el estudio, de confirmarse sus conclusiones, está llamado a alterar la forma en la que hasta ahora se enfocaba el problema del plástico en el océano, aseguran sus responsables. 

“Nuestra manera de enfrentarnos a la contaminación del plástico en el océano tiene que cambiar. Tenemos que ser mucho más cautelosos –explica a este diario una de las autoras del trabajo, Rebecca Helm, profesora de la Universidad de North Carolina, en EEUU-. Solemos pensar que estos vertederos son áreas carentes de vida, donde no hay nada más que basura flotante. ¡No es verdad! También son hábitats. Hay animales que viven allí y que ya vivían antes de la llegada del plástico. Limpiar la superficie del océano no es tan sencillo como pasar una aspiradora. Detener el flujo de plástico al océano es mucho más efectivo”. 

Helm y su tesis han generado una creciente disputa. A un lado, algunos científicos como ella. Al otro, organizaciones como la Ocean Cleanup Foundation (OMC), cuyo objetivo, a través de un sistema con una enorme red diseñada especialmente para ello, consiste en lograr en 2040 la limpieza del 90% del plástico en el océano, responsable de la muerte de un millón de aves marinas y 100.000 mamíferos al año, según datos de la UNESCO.

Es una meta encomiable, y OMC ha recibido por su trabajo numerosos galardones durante la última década (incluido el de Campeones de la Tierra, que otorga la ONU), pero según Helm aquí hay un aspecto que apenas se tiene en cuenta: retirar el 90% del plástico, sostiene la bióloga, también implicaría deshacerse del 90% del neuston. 

El tamaño de la red

Un portavoz de OMC, mientras tanto, rechaza de forma rotunda que algo así vaya a ocurrir. Señala que la reciente investigación “no es tan relevante” y subraya que aún no ha sido evaluada por otros expertos. Insiste en que hay diversos trabajos previos que no concluyen que haya tanto neuston en el vertedero de plástico del Océano Pacífico. El portavoz no aporta ninguna de estas investigaciones, pero sí explica que “pronto” publicarán un estudio de impacto ambiental que niega que la población de neuston vaya a verse afectada por sus trabajos de limpieza y recogida de plástico. “El tamaño de nuestras mallas es demasiado grande como para estos organismos queden atrapados”, dice. 

Helm y sus colaboradores mantienen su profundo escepticismo. La bióloga ya denunció en el pasado que los estudios ambientales de OMC pasaban por alto la existencia de neuston. “Incluso si solo te preocupa el futuro de las tortugas y los pájaros, te debes preocupar por el neuston, porque estos organismos son una parte importante de su dieta –concluye-. De hecho, puede que aquí se encuentre uno de los motivos por el que las tortugas y los pájaros marinos se confunden en ocasiones y acaban ingiriendo plástico. La primera vez que vi uno de estos pequeños animales, una velella, la recogí y pensé que se trataba de un pequeño trozo de plástico. Tenía incluso la misma textura”. 

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