¿Alguna vez nos hemos planteado cómo es nuestra relación con los microbios?

¿Somos conscientes de que los patógenos pueden estar en nuestra casa, en nuestra ropa, y hasta se pueden meter en nuestra cama?

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Cuando cogemos cualquier material para limpiar, ¿Estamos seguros de que limpia más que mancha?

La realidad es que muchas acciones que hacemos cada día y con toda tranquilidad pueden ser perjudiciales para la salud. Y ni nos enteramos.

Porque a veces pensamos que sólo las barras del autobús o del Metro están llenas de gérmenes. O que el pasamanos de las escaleras mecánicas es lo único que puede estar realmente sucio.

Pero como la realidad está muy lejos de ser tan previsible, mejor poner sobre la mesa cómo debemos hacer nuestras tareas más habituales y conocer los riesgos que podrían entrañar actividades que hacemos cada día, incluso con la mejor de nuestras intenciones.

Así que, aunque no estamos en el terreno de las grandes enfermedades y de los aterradores peligros, tal y como se están poniendo las cosas hemos considerado que el conocimiento siempre es bueno.

Y aquí van un resumen de consejos, a modo de presentación, de lo que contaremos en los próximos días.

Es importante limpiar y secar el cepillo de dientes

Lo más probable es que lo tenga metidito en un vaso con el mango hacia abajo, y que lo coja para usar después de cada comida.

Pero ¿está limpio el cepillo de dientes?

Una inspección un poquito detenida nos haría lanzar un grito de horror, o cuando menos de susto.

Porque lo más probable es que las cerdas de nuestro cepillo sean un verdadero caldo de cultivo de gérmenes.

Y es que como con el tratamiento habitual que le damos a nuestro cepillo conseguimos que nunca esté realmente seco y que las bacterias tengan en él un reducto estupendo para mantenerse y multiplicarse.

Por eso deberíamos dar 5 pasos importantes:

1. Al terminar de limpiarnos los dientes, aclaremos el cepillo con agua muy caliente y asegurémonos de que no quedan entre sus cerdas residuos de comida ni de pasta de dientes.

2. A continuación, sumerjamos las cerdas del cepillo en líquido de enjuague bucal al menos el tiempo que nos llevará a nosotros enjuagarnos la boca.

3. Finalmente debemos secarlo con un pañuelo (no con la toalla de manos tantas veces utilizada) y dejarlo al aire, alejado de la humedad. Para que siempre esté seco.

4. Siempre, después de estar enfermo, debemos tirar el cepillo de dientes y estrenar otro, para evitar que los virus o bacterias estén todo el tiempo volviendo a entrar en nuestro cuerpo.

5. Y no espere a que se gaste para cambiarlo. Estrene cepillo cada 2 meses, 3 como máximo. Aunque no estén las cerdas aplastadas.

Las almohadas duran limpias 2 años, como mucho…

Según mantienen los expertos, después de dos años de vida una almohada está infestada de ácaros y sus excrementos. Y por eso no es nada saludable dormir con nuestra cara apoyada en ella.

Menos aún con nuestra boca respirando un cóctel de ácaros y bacterias que al depositarse en los bronquios nos pueden provocar alergias y enfermedades.

Claro que, por precio, para la gran mayoría de las familias el remedio no puede ser tirar la almohada cada poco.

Pero se puede llevar a una tintorería para que la laven con temperaturas suficientemente altas para desinfectarla.

Tira de la cadena con la tapa del inodoro bajada.

Es una tarea muy sencilla de hacer, pero es necesario adquirir la costumbre. Y es importante hacerlo.

La mayoría de las personas tiramos de la cadena con la tapa levantada, y eso hace que las bacterias y gérmenes que acabamos de depositar salgan despedidas y se esparzan por todo el baño infectando toallas, lavabos, cepillos de dientes y cualquier objeto que esté allí.

La cifra, nada desdeñable, que manejan los expertos es que no bajar la tapa del wáter antes de tirar de la cadena aumenta un 30% el riego de pillar infecciones otorrinolaringológicas.

Cuidado con los manteles individuales de casa ¡y de bares!

Otro utensilio del hogar que se muestra peligroso son los manteles individuales.

De casa o, lo que todavía puede ser peor, de los bares.

Los elegantes manteles individuales de varios usos suelen limpiarse con una bayeta. Y la bayeta acostumbra a estar tan sucia que no solo no limpia, sino que añade suciedad.

Por eso podemos encontrar. en esos manteles individuales, gérmenes fecales y otros que se pegarán a los cubiertos o a nuestras manos, o al pan, y se acabarán colando en nuestra boca.

No olvidemos que, según multitud de estudios, 1 de cada 2 personas no se lavan las manos al salir de los baños, y luego las ponen sobre la mesa (ni qué decir de la mesa del bar) o sobre el mantel individual multiusos que se quedará llenito de gérmenes.

Por eso los médicos recomiendan los manteles de un solo uso.

Porque si son de papel, se tiran y no los utiliza otro.

Y si son de tela, se cambian después de cada uso, y se echan a lavar. Y ahí, con la temperatura de la lavadora, sí quedarán desinfectados.

Es imprescindible desinfectar la nevera con regularidad

Cuantas más cosas ricas tengamos dentro de la nevera, mejor. Eso es indudable. Pero no es suficiente. Porque además de ricas deben estar sanas.

Y hay personas que piensan que como dentro de la nevera hay una baja temperatura, ya estamos libres de gérmenes y evitamos que pueda ser un foco de enfermedades.

Pues están muy equivocadas.

A unos 3 grados que suele estar el interior de una nevera, los gérmenes están en su salsa y no tienen problemas ni para vivir ni para reproducirse.

Gérmenes como la listeria, que provoca la meningitis, están en su salsa en las neveras, si no la limpiamos con frecuencia… y a conciencia.

Po eso hay que limpiar la nevera por dentro. Y hay que hacerlo al menos 2 veces al mes y con la ayuda de productos desinfectantes como la lejía.

Además, no es necesario quitarle el frío para sacar las cosas un momento y pasar un trapo con desinfectante.

Pero hay que frotar por todas partes y dejarla higiénicamente limpia.