La pandemia se hace cada vez más tremenda y horrenda en lo público y en lo personal. La pesadez de estar viviendo una excepción que ni soñábamos que nos pasaría. Y con miedo y hartazgo.

Todo parecería imposible hace poco. La plaga, sus muertos (alguno conocido y querido), las personas con mascarillas deambulando se hicieron paisaje. Personas que discuten porque dicen que todo es mentira y otras que aprovechan la enfermedad y los muertos para politiquear, también. Y unos pocos que intentan parecerse a Trump que dice que todo es una creación China y comunista y se quita con teatro de actor ridículo la máscara con que protege de la enfermedad que él menospreció. A lo mejor lo que quiere es esparcirlo más como si sus compatriotas muertos y los otros del mundo entero le parecieran pocos.

Viajo con un amigo y me dice "estamos mucho peor que cuando gobernaba la derecha, hay más paro, hay más ertes€"

Ahí va€ pienso. Y trato de explicarle lo que es evidente, que tenemos una pandemia terrorífica entre nosotros. Me responde "que no debemos hablar de política". Vuelve mi "ahí va".

Pero enseguida él insulta fuertemente al presidente de gobierno. Le pregunto por qué lo insulta de ese modo y me dice, aunque no contesta a lo anterior, que no es admisible que tenga ese vicepresidente. Con cuidado por no herir, lo quiero mucho y es mi amigo, le explico que yo creo que ese señor ha sido un gran estudiante, ha llevado excelentes calificaciones y tiene varios máster de verdad y que yo estoy de acuerdo con él en muchas cosas.

¡No hay peor cabrón que un cabrón muy instruido! contesta airado. Entonces me doy cuenta de que la pandemia nos está haciendo daño también en la forma de expresarnos y de pensar. Estamos más tensos.

Se le ve incómodo y yo también lo estoy, somos amigos, pero le digo que no es justo lo que dice. Entonces me contesta con el manido "todos son iguales". Le explicó que yo no creo eso y doy nombres de derecha, izquierda y centro, todos ellos gente buena y preparada. Me contesta que la excepción confirma la regla. Le digo que dos más dos son cuatro y le pido qué me diga la excepción. Almorzamos juntos y todo es amistad, cariño, risas, recuerdos y quizás los dos pensamos lo mismo. ¿Por qué parece imposible conversar civilizadamente de política?

Me pierdo en mis pensamientos. Quizás sea difícil por nuestra historia ser comedido en la cosa pública, nos falta educación de siglos y el conocimiento real de los hechos siempre nos fue negado. Cientos de años dirigidos por gentes pertrechadas para ocultar la verdad. Batallita tras batallita sin saber el porqué, heroísmo tras heroísmo, descubrimientos para civilizar, luchas contra los moros €nunca las miserias, hambrunas, guerras entre cristianos, inquisiciones, expolios a los habitantes de terrenos descubiertos y las grandes desventuras que sufrió el pueblo a lo largo de la historia, la sangre vertida y las torturas sufridas.

Pensemos en el antes, en el momento y después del reinado de Fernando Vll, analicémoslos a él y uno por uno a reyes, reinas y a regentes hombres y regentes mujeres. Recordemos sus mentiras, sus guerras, sus nombramientos. Por ejemplo, "Marqués del Buen Acierto". Era médico y le dijo a Isabel ll el sexo que iba a tener un vástago. Acertó y tuvo un marquesado con renta vitalicia por la gracia de Dios que encarnaba la reina y pagaban los que trabajaban.

Repasemos las historias falseadas que nos enseñaron y muy recientemente durante los cuarenta años que siguiendo el adoctrinamiento del ministro nazi "Goebbels" tuvimos que sufrir incluso después del suicidio de la Hitler. Aquí siguió.

De vuelta a mi lugar de confinamiento leo en un periódico digital que en Madrid se celebró una fiesta con 200 invitados sin mascarilla. Quedó anonadado de cómo inventan que fue en casa del ex presidente Zapatero. Inmediatamente, sin duda planificado, aparece en las redes sociales.

No es cierto pero los que lo dicen son los mismos del "todos son iguales" pasan días, nombrándolo, machacándolo, repitiéndolo€son marqueses de la mentira. Ni siquiera del real acierto.

También estos días desde voces, que parecen venir de algún conde del bulo real, no del búho, o del fondo más negro de la historia, se escribe, se manipula y falsea sobre la vida de Largo Caballero e Indalecio Prieto para quitarle nombres de calles. Historiadores de inmenso prestigio como Ángel Viñas y profesores de universidad de la misma materia en escrito conjunto han demostrado documentalmente como mienten los aprendices de marqueses. Yo siento asco a la mentira y la infamia inventada. Pienso que un hombre, como Largo, que pasó por un campo de concentración nazi, no debería ser objeto de ninguna ignominia. Sobre todo cuando esa miserabilidad llega desde gentes cercanas a la doctrina de un genocida como Hitler. Quizás de un apellido cercano.

Temes era el director de la banda de Tui. Telmo Rocha me contaba que dirigía la música con gestos en la cara y una enorme elegancia que transmitía e imitaban todos los músicos. Su mención sirve para recordar y decir adiós a varios escritos.

Mi amigo Espronceda tocó en esa banda. Él y su familia quieren traer los restos de su padre para que reposen dignamente en Caldelas. Se llama Domingo Páramos Núñez, está en un valle maldito