Monumentos arqueológicos
Patrimonio que «sufre» el verano: Cambados coloca un cartel para evitar escaladas en San Sadurniño
Los Concellos optan por seguir concienciando y medidas blandas de advertencia del delito

Personas subidas a la torre de San Sadurniño. / Iñaki Abella
Es raro el verano en que alguien no siente la tentación de subirse a la Torre de San Sadurniño de Cambados, a las de Oeste de Catoira o pisotee de más el milenario castro de Ribadumia. El patrimonio arqueológico monumental parece menor si no está encarcelado tras unas barreras o metacrilatos, pero las administraciones se niegan a tomar medidas extremas y prefieren otras alternativas y, sobre todo, seguir haciendo pedagogía.
En Cambados creían que habían conseguido casi extinguir estos comportamientos que no solo son propios de turistas. Sin embargo, a mediados de agosto alguien captó un nuevo intento de escalada y el Concello ha decidido tomar medidas. El concejal de Patrimonio, Liso González, explica que están elaborando un cartel de advertencia para colocarlo en las inmediaciones, «haciendo más bien hincapié en que se trata de un delito recogido por la ley de patrimonio cultural, que en el riesgo de caída, pues es algo evidente».
El edil comenta la imposibilidad de tener una persona continuamente vigilando los restos de lo que fue una casa-torre del siglo XV o XVI y que están catalogados con la más alta protección -es un BIC-. «Es una problemática seria y compleja de atajar», lamenta.
No obstante, cree que después de tantos años insistiendo en la concienciación se ha conseguido algo, empezando porque muchos de los denunciantes de estos episodios son otros visitantes, conscientes de la agresión. También porque, durante un tiempo, esta mala costumbre «había decaído», por lo menos hasta ese episodio que motivó la decisión de señalizarlo para ver si el aviso de que acarrea sanciones, funciona.
Vigilantes en la Vikinga
Las Torres de Oeste tampoco se han librado. También están en un lugar apartado y de difícil vigilancia constante aunque el alcalde, Xoán Castaño, considera que, por fortuna, «fue algo puntual». No obstante, durante la Romaría Vikinga «siempre ponemos personal de seguridad para evitar que la gente se suba», reconoce.
Poner cámaras podría ser una alternativa además de carteles o zonas de fosos con barreras, en los terrenos donde fuera posible, pero las administraciones prefieren no deturpar el paisaje pues, al final, forma parte del contexto necesario para interpretar su historia.
El edil cambadés también tiene la sensación de que estos comportamientos son producto de una forma de pensar extendida hoy en día: «Hay una parte de la ciudadanía con una evidente falta de respeto por lo público. En lugar de tomarlo como algo a proteger entre todos, lo entienden al revés, como algo en lo que puedo hacer lo que me dé la gana porque es de todos».
A este respecto, desde Catoira apuntan el caso de los carteles que colocan para evitar baños en Pedras Miúdas, donde ya murió un joven. «Insistimos en poner carteles y a los dos días los quitan. Los operarios sacan fotos cada vez que los restituimos para que, de algún modo, quede constancia de que advertimos del peligro», expone su regidor.
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