Turistas fieles: hasta ochenta años veraneando en el mismo lugar de Galicia
El cambio en el turismo de O Grove y A Toxa se hace palpable en el relato de quienes visitan este destino desde hace décadas
Generaciones de familias repiten un verano tras otro rememorando un paraíso vacacional que ha evolucionado con el tiempo

Los descendientes de José Riestra López, el primer Marqués de Riestra, que fue propietario de A Toxa y principal impulsor de su transformación en un referente turístico y termal de lujo. / FdV

El turismo de ahora, mucho más masificado, no tiene nada que ver con aquel que conocieron hace medio siglo, o incluso ochenta años, algunos de los visitantes más fieles de la comarca de O Salnés. Pueden encontrarse muchos casos de ciudadanos de diferentes regiones de España que cada verano acuden a la llamada de la ría de Arousa, O Grove y A Toxa, y lo cierto es que ya no conciben una vida disfrutando del descanso en otro lugar que no sea este.
Lo sabe bien Enrique Iglesias Guisasola, de 77 años, quien desde hace medio siglo veranea en A Toxa, junto a su familia. Empezó acudiendo con su mujer, y de un tiempo a esta parte lo hace con sus dos hijas y cuatro nietos, a quienes «cuando tenía cuatro o cinco años les contaba todas las noches alguna leyenda gallega», ayudado del gran fondo bibliográfico del que dispone.
«Puede que sea un turista fiel, pero lo cierto es que no me considero un veterano, porque tengo amigos y conocidos que repiten desde mucho antes», explica. «Entre los más veteranos están, por este orden, la familia Riestra, los Ynzenga, De La Mora, Sáenz Díez y los De La Torre; familias muy grandes y conocidas que, en algunos casos, llevan 80 años veraneando aquí porque aquí nacieron, y desde entonces no han dejado de venir, como ya hacían sus abuelos y bisabuelos, por eso a su lado soy casi un recién llegado», explica este «veraneante», que en realidad es un grovense más.
«Los que veraneábamos en el Gran Hotel La Toja desde niños, cuando aún no había las urbanizaciones y chalés actuales, sabemos bien que esto era un auténtico paraíso; una isla casi para nosotros solos», esgrime Enrique Iglesias Guisasola cuando se le pregunta por los cambios en el turismo que ha apreciado con el paso del tiempo.
«Lógicamente, la masificación representa el principal cambio, de ahí que ya nada sea como cuando disfrutábamos del verano aquí y en las afueras de Vigo, en Canido, que es donde empecé a disfrutar del verano desde niño y, después, donde compartí las vacaciones al lado de la que es mi mujer», relata.
Entre los más veteranos están, por este orden, la familia Riestra, los Ynzenga, De La Mora, Sáenz Díez y los De La Torre; familias muy grandes y conocidas que, en algunos casos, llevan 80 años veraneando aquí porque aquí nacieron, y desde entonces no han dejado de venir
«Evidentemente, no es lo mismo, pero eso nadie puede evitarlo, ni aquí ni en cualquier otro lado -comenta-; cuando era niño y me llevaban a Canido me quitaban los zapatos, me soltaban y ya no paraba, andando de un lado para otro con total libertad, y ahora tampoco aquello es lo mismo».
«Después de casarnos íbamos quince días allí y pasábamos otros quince en la isla, alojándonos en el Gran Hotel, pero acabamos comprando una vivienda en A Toxa, de ahí que desde hace cincuenta años repitamos visita a O Grove cada verano, y desde que estoy jubilado lo disfrutamos mucho más», explica.

Jesús García Rama Sánchez de la Roda, disfrutando del almuerzo y las vistas en el hotel O Castro. / FdV
«Todo ha cambiado mucho, pero no solo aquí, sino en todos los destinos turísticos del mundo, de ahí que esto sea cada vez menos tranquilo y la isla no tenga nada que ver con la que disfrutábamos hace medio siglo. Pero es lógico que así sea, y lo que hay que hacer es adoptar medidas para adaptar la isla a los tiempos que corren, de ahí, por ejemplo, la necesidad de que el Ayuntamiento de O Grove invierta más en ponerla a punto y, además de limpiar el Monte Central para prevenir incendios, diseñe un plan de emergencia y evacuación para evitar una catástrofe en caso de que se produzcan», argumenta Guisasola.
Paisaje, playas y croquet
Preguntado por las razones que lo llevan a regresar cada año y sobre qué es lo que más le llama la atención de este destino turístico, no duda en señalar que «el paisaje, las playas y la posibilidad de disfrutar en el Beach Club La Toja de deportes como el croquet, que a través de Pontevedra y Santiago introdujo en España un banquero franco-gallego».

Imagen tomada en 1977: Sonia Dabalsa Bustamante, junto a su hermana Gloria (1ª i.) y sus padres, Irene y Enrique, en A Toxa. / FdV
Para añadir que siempre le ha gustado andar en bicicleta, y eso le ha permitido recorrer y conocer como la palma de su mano el Concello de O Grove, del que se confiesa enamorado. «Como me pasaba el día dando pedales he podido descubrir playas y otros sitios maravillosos, para muchos desconocidos, que hacen que la península de O Grove resulte maravillosa y me apasione».
Festa do Marisco
Al igual que apasiona a Jesús García Rama Sánchez de la Roda, nacido en Toledo hace 73 años, residente en Madrid y que, junto a Virginia Elvira, disfruta como pocos de la localidad meca. «Llevo treinta años viniendo a O Grove todos los veranos, pero también en Semana Santa, en casi todas las ediciones de la Festa do Marisco y, últimamente, también durante las jornadas del centollo», confiesa.
«Empecé a descubrir los encantos de este pueblo a través del hostelero Pablo Agrelo, al que ya conocí cuando tenía su primer restaurante, el Don Mexilón, y con el que mantengo una estrecha amistad ahora que está al frente del hotel-restaurante O Castro, donde comemos y cenamos con frecuencia».

Antón Riestra Pita. / FdV
Veranea junto a su familia en casa de unos amigos, en la avenida de Xoán XXIII, «y ya no nos movemos de O Grove durante las vacaciones porque es nuestra casa y tenemos una gran cantidad de amigos».
Coincide al señalar que «el turismo no es como antes porque O Grove se ha puesto de moda hace mucho y cada vez hay más gente, quizás porque es un destino hermoso, sano y bueno con un clima excelente que resulta ideal para dar paseos y disfrutar de la naturaleza y el paisaje, de ahí que volvamos todos los años».
«Ya me conoce más gente aquí que en mi pueblo, de ahí que sea un grovense más y todo el mundo me salude, desde la vendedora del pan al del bar de la esquina o cualquier pescador», argumenta el toledano.
«La única pega, por poner alguna, es que para ir a las playas tenemos que coger el coche, pero es un mal menor, ya que es cuestión de cinco minutos», sentencia.

Jesús García Rama Sánchez de la Roda. / FdV
Entre los visitantes de toda la vida también se encuentra la familia de Sonia Dabalsa Bustamante, que vive en Madrid, tiene 52 años y veranea en O Grove desde que era un bebé, dado que un compañero de su padre al que no gustaba el sur «lo convenció para irse a Galicia, y siempre le estaremos agradecidos por ello».
Recuerda que «al principio no había hoteles, al menos no tantos como ahora, y nos alojábamos en casa de una familia que alquilaba habitaciones y, en la planta baja, regentaba el restaurante O Moderno», que recientemente celebró su aniversario.
«Allí desayunábamos, almorzábamos y cenábamos, acudiendo cada verano hasta que yo tendría unos dieciséis años, de ahí que los que eran sus dueños y todos sus descendientes sigan siendo como nuestra familia; tenían hijos de nuestra edad, hicimos pandilla y lo pasamos tan bien en O Grove que ya no queríamos ir a ningún otro sitio».

Sonia Dabalsa. / FdV
Cuando se casó una de las hijas «dejaron de alquilar habitaciones y lo que hicimos fue alquilarles un piso, y entablamos tanta amistad que cuando mis padres regresaban a Madrid yo me quedaba en O Grove para pasar todo el verano».
Con el tiempo, uno de esos veranos la llevó de visita a Santiago, y allí conoció a un bilbaíno que se convirtió en su pareja y el padre de sus hijos, ahora adolescentes e igual de encantados que ella con eso de veranear en la villa meca. «Ya no quieren veranear en ninguna otra parte que no sea O Grove, donde tienen muchos amigos e incluso hacen algún trabajillo en verano para sacarse algo de dinero», destaca.
Ambiente familiar
«Todo lo que puedo decir de O Grove es bueno: comida excelente, ambiente familiar, playas maravillosas y un paisaje formidable y todo lo que se puede desear para disfrutar del verano. Es cierto que los cambios han sido abismales en las últimas décadas, sobre todo a nivel de afluencia de gente, aunque sigue siendo un sitio que no está masificado como otros».

Los hijos de Sonia Dabalsa disfrutando del atardecer. / FdV
Por si no fuera suficiente, «anochece una hora más tarde que en Madrid, y eso nos encanta, porque es un lujo poder estar en la playa hasta las diez de la noche».
Además, «el pueblo está ahora mucho más bonito, con calles peatonalizadas y muchos más sitios en los que pasear y relajarse; lo único que no hay es aquel ambiente nocturno que teníamos cuando yo era joven y teníamos numerosos locales de copas en los que pasar toda la noche».
Todo lo que puedo decir de O Grove es bueno: comida excelente, ambiente familiar, playas maravillosas y un paisaje formidable y todo lo que se puede desear para disfrutar del verano
Otro cambio que aprecia, lógicamente, es que «se ha multiplicado el número de hoteles y restaurantes, algunos de ellos realmente buenos».
Antón Riestra Pita
Pero si alguien ha notado los cambios de verdad ha sido la familia Riestra, a la que antes aludía Enrique Guisasola. Queda claro conversando con Antón Riestra Pita, un hombre culto que emociona a quien los escucha cuando habla con nostalgia de su infancia en la isla de A Toxa, por la que siente verdadero amor y que visita ininterrumpidamente cada año desde que nació, en 1949.

Sonia Dabalsa Bustamante (d.) junto a su madre y su hermana, en los años setenta. / FdV
Son casi ocho décadas «sin fallar ni un solo año», acudiendo por obvias razones familiares y emocionales a la emblemática isla que «fundó» su bisabuelo, José Riestra López, el primer Marqués de Riestra, que fue propietario de aquello que se conocía como La Toja (aún es así en muchas partes) y el principal impulsor de su transformación en un referente turístico y termal de lujo a principios del siglo XX.
«Mi padre venía ver al suyo y a su abuelo, como yo venía a verlo a él y como mis hijos vienen ahora a verme a mi», explica Antón Riestra, una figura muy conocida y activa en el ámbito deportivo y social de A Toxa, estrechamente vinculado al Real Club de Golf La Toja y uno de los jugadores de croquet más activos y destacados de la entidad.

Sonia y su hermana Gloria, hace casi medio siglo, veraneando en O Grove. / FdV
Residente en Madrid, habla con orgullo de su vinculación familiar con O Grove y destaca que, a pesar de todos los cambios, la isla «sigue teniendo una base de veraneantes muy tradicional debido a la profunda huella que deja en la gente y hace que volcamos generación tras generación».
Aduce que «siempre fue un turismo muy familiar» y recuerda aquellos tiempos en los que «solo existían el Gran Hotel, el balneario y un puñado de chalés y apartamentos».
La isla sigue siendo un paraíso al que todos estamos deseando volver cuando nos vamos, ya sea porque añoramos nuestra feliz infancia o por los emotivos recuerdos que guardamos
Todo giraba en torno al cinco estrellas y su histórico Beach Club en aquella isla «más salvaje y, por qué no decirlo, más descuidada en algunas zonas, donde, por cierto, los niños éramos enormemente felices».
Había «una sensación de aislamiento que con 4 o 5 años nos permitía andar perdidos por la isla, con un grado de libertad ahora impensable y sintiéndonos como hombres libres ya con 6 o 7 años, cuando nos íbamos a pescar a la playa y hacíamos una vida mucho más natural que la que tienen los niños de ahora».

Sonia Dabalsa en Siradella. / FdV
Por aquel entonces «éramos treinta o cuarenta familias las que solíamos repetir los veraneos y hacíamos una vida muy sencilla que ha cambiado por completo, ya que, como sucede en todos los lugares con encanto de España, ha sufrido una enorme transformación, para pasar de ser una España rústica, limitada y pobre a ser una España compleja y de gran desarrollo tecnológico y científico».
Generación tras generación
Todo eso se nota, pero Riestra insiste: «La isla sigue siendo un paraíso al que todos estamos deseando volver cuando nos vamos, ya sea porque añoramos nuestra feliz infancia o por los emotivos recuerdos que guardamos de nuestros padres y abuelos, de ahí que las generaciones que se van sucediendo también regresen».
Al hablar de los cambios experimentados incide en que todo pasó desde que en los años ochenta se desarrolló el plan urbanístico «y ya se permitió tener propiedades, porque hasta entonces todo pertenecía a la dinámica del Gran Hotel, incluidos los pocos chalés que se alquilaban».

Las hermanas Dabalsa Bustamante. / FdV
Ese conocido plan parcial de A Toxa «permitió que muchos hijos y nietos de los primeros veraneantes pudiéramos tener nuestra vivienda propia y sentirnos aún más orgullosos de poder venir todos los años a disfrutar como antes, ahora ya con una vida más moderna».
Puesto a recordar habla de «aquellos primeros aparatos telefónicos y aquellas telefonistas a las que pedías una conferencia que tardabas horas en conseguir; tiempo suficiente para que apareciéramos todos los niños para ver como metían aquellos cables en aquellos sitios para, al final, escuchar una conversación».
Con los marineros
Una época en la que «los marineros de O Grove cantaban canciones en el propio hotel o llevaban a la gente en balandros de vela por la ría; todo un lujo que nadie puede olvidar, como tampoco de aquellos burros, como ‘Francisco’ o ‘Castañito’, que correteaban por la isla y podías alquilar para ir de paseo antes de devolverlos a las cuadras».
Tampoco se olvida de la gran huerta que abastecía al Gran Hotel La Toja, ni de «la sensacional pastelería que tenía, la cual dio origen a una gran tradición pastelera en O Grove, ya que fue allí donde aprendiendo los fundadores de Casa Campaña y tantos otros negocios históricos del municipio».
Asimismo, recuerda al Rey de Italia y a tantos otros personajes ilustres «tomando café en la terraza del Gran Hotel, en la que se hacían bailes por las noches y tocaba una orquesta que, sobre todo, interpretaba música cubana y mexicana».
Un mundo «entrañable» que «dio paso a la modernidad y a la creación de un campo de golf magnífico que, muy probablemente, es el terreno de 9 hoyos más bonito de toda Europa».
Al hablar de ello y del interés que sigue despertando el Real Club de Golf La Toja, cita los afamados y desaparecidos campeonatos de tiro de pichón, que tanto dinero generaron durante décadas en O Grove y que hicieron que miles de personas pudieran descubrir este destino y enamorarse de A Toxa.
Un territorio que, «en cualquier caso, se ha conservado bastante bien y sigue siendo parecida a lo que nosotros vivimos, aunque antes éramos veinte o treinta las familias que veraneábamos aquí y ahora son más de medio millar las que vienen sistemáticamente y repiten todos los años».
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