Deporte, diversidad e inclusión
El fútbol de base rompe tabúes en Ribadumia: partido contra la discriminación LGTBIQ+ el 26 de agosto
El balón volverá a rodar en Sisán con un propósito: conquistar para la diversidad un espacio en el que aún perviven silencios y prejuicios. El II Orgullo en Xogo enfrentará el 26 de agosto al Xuventude de Sisán y al Juventud Cambados para demostrar que el fútbol también puede transformar la sociedad en libertad

Miembros del Club Sisán durante la fiesta Atardecer Solidario en la Quinta de San Amaro. / FdV
Hay partidos en los que los goles apenas explican el resultado. Encuentros en los que el verdadero triunfo sucede antes del pitido inicial, cuando dos equipos saltan al césped dispuestos a defender la misma camiseta aunque sus escudos sean distintos. El Xuventude de Sisán y el Juventud Cambados se enfrentarán el 26 de agosto en ASenra (20.45 horas), pero esa noche no habrá un rival al otro lado del campo. El adversario serán la discriminación, los prejuicios y los silencios que todavía rodean a la diversidad en el deporte.
El fútbol presume de ser un punto de encuentro entre edades, barrios y procedencias, aunque no siempre ha demostrado la misma naturalidad al hablar de orientación sexual o identidad de género. La escasa visibilidad de la diversidad, especialmente en el fútbol masculino, ha alimentado durante décadas la falsa impresión de que el colectivo LGTBIQ+ no forma parte de este deporte. Romper ese tabú exige dejar de tratar la cuestión como algo ajeno a los clubes y llevarla precisamente al lugar en el que se compite, se convive y se educa.
El desafío alcanza hoy al lenguaje. Determinados cánticos e insultos continúan utilizándose como si formasen parte inevitable del ambiente, cuando contribuyen a señalar y expulsar. Frente a esa inercia, los clubes de base tienen la oportunidad de enseñar que la pasión no necesita humillar a nadie.
Orgullo en Xogo nació de una conversación entre el Xuventude de Sisán y la Asociación Gotas, dos entidades que trabajan en el mismo municipio y entendieron que podían sumar sus capacidades. «Nos conocemos desde hace tiempo y siempre hablábamos de hacer algo juntos. Pensamos: ¿por qué no organizar un partido, romper tabúes y hacerlo en el mundo del fútbol, donde este es uno de ellos?», explica David Pereira, presidente del club de Ribadumia.
Pereira reivindica que una entidad deportiva no termina en la alineación del domingo ni en la clasificación. «Nuestro deber es defender los derechos y las necesidades de los socios y de los vecinos, pero también la cultura y la diversidad», sostiene. Desde esa perspectiva, el club deja de ser únicamente el lugar en el que se entrena o se compite y asume su condición de agente social. «Un partido de fútbol también es una ayuda para dar visibilidad a la causa que sea», resume.
La fuerza social de un balón
No es casual que la iniciativa haya elegido el fútbol. Pocas actividades poseen su capacidad para reunir a cientos de personas alrededor de un rectángulo de hierba y generar referentes entre quienes empiezan a construir su identidad. Esa influencia puede perpetuar expresiones, bromas o actitudes excluyentes, pero también puede recorrer el camino contrario: educar en el respeto, combatir el miedo a mostrarse como uno es y dejar claro que nadie debería renunciar a un deporte para evitar el rechazo.
El valor del partido no reside, por tanto, en hablar solamente a quienes ya comparten su mensaje. Su potencia está en introducir la diversidad en un escenario cotidiano, sin esconderla ni presentarla como una realidad distante. Cada bandera, cada manifiesto y cada gesto de apoyo contribuyen a ensanchar un espacio en el que durante demasiado tiempo muchas personas no encontraron referentes visibles. El fútbol se transforma así en altavoz, pero también en espejo: obliga a observar lo que sucede en sus vestuarios y gradas y a preguntarse si todas las personas pueden habitarlos con idéntica libertad.
Una red de compromiso
El II Orgullo en Xogo está organizado por el Xuventude de Sisán y la Asociación Gotas y suma este año la colaboración de Atardecer Solidario y la Quinta de San Amaro. Atardecer Solidario celebra allí una fiesta cuya recaudación de barra y comida se destina a entidades vinculadas al colectivo. En su última edición, celebrada en junio, la solidaridad alcanzó a la Fundación 26 de Diciembre y una parte de los fondos permitió también agradecer la implicación del Sisán en esta causa.
La Fundación 26 de Diciembre es una entidad sin ánimo de lucro que defiende y atiende de manera integral a las personas mayores LGTBIQ+. Su nombre conserva una fecha esencial para la memoria del colectivo: el 26 de diciembre de 1978, cuando se modificó la Ley de Peligrosidad Social que había servido para perseguirlo en España. La organización ofrece apoyo psicosocial frente a la soledad y el aislamiento, promueve recursos residenciales libres de discriminación, recupera testimonios de quienes sufrieron la represión y trabaja en formación y defensa de derechos.

El club ribadumiense se ha implicado al máximo con la iniciativa. / FdV
Su presencia en el trasfondo de esta iniciativa amplía el significado del partido. La diversidad también tiene memoria, cicatrices y una vejez en la que algunas personas vuelven a ocultar su identidad para ser cuidados o evitar el rechazo. Llevar esa realidad a un campo de fútbol conecta generaciones y recuerda que los derechos conquistados nacen de quienes durante años resistieron en silencio.
Mucho más que 90 minutos
La jornada incluirá la lectura de manifiestos y sorteos entre las personas asistentes. Serán acciones complementarias a un partido concebido como una celebración compartida, abierta tanto a la afición al fútbol como a quienes quieran respaldar la igualdad. La invitación de los organizadores se extiende a toda la ciudadanía porque la inclusión no es una tarea exclusiva de quienes sufren la discriminación, sino una responsabilidad colectiva.
El 26 de agosto, el resultado será lo de menos y, al mismo tiempo, habrá mucho en juego. Estará en juego el derecho de cualquier persona a calzarse unas botas, ocupar una grada o entrar en un vestuario sin esconder una parte de sí misma. Estará en juego la capacidad de los clubes modestos para transformar su entorno desde la cercanía. Y estará en juego un modelo de deporte que no pregunte a quién amas o cómo te identificas antes de hacerte un sitio en el equipo.
Orgullo en Xogo no pretende resolver en 90 minutos prejuicios arraigados durante décadas. Su logro es otro: ponerlos bajo los focos, disputarles el terreno y demostrar que el silencio también puede romperse con el sonido de un balón. Cuando ruede en A Senra, cada pase llevará una idea sencilla y todavía necesaria: en el fútbol, como en la sociedad, nadie debería quedarse fuera de juego por ser quien es. n
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