Patrimonio
Historia viva de Meaño en dinteles de casas seculares
La memoria anónima se aferra a la piedra de algunas casas que han dejado huella del año de construcción a modo de grabado. En un largo recorrido por las siete parroquias de Meaño surgen 19 inmuebles civiles y cinco de rectorales como fechas más antiguas de más de un siglo

Panorámica de la casa rectoral de Xil. | TINO HERMIDA
Es en Lores donde se registra la pieza grabada con fecha más antigua de construcción de una vivienda en la localidad de Meaño. Es la rectoral parroquial, donde, cuando las obras de remodelación de 2015, impulsadas por el párroco José Manuel Taibo, se encontraron en la planta baja la piedra que mantiene grabada como fecha de edificación el año 1465.
Una fecha que remonta su origen a tiempos de Enrique de Trastámara, nueve años antes de que accediera al trono de Castilla, Isabel La Católica. Eso sí, la preciada pieza no se exhibe cara al público, sino que se mantiene en lugar predilecto dentro de la rectoral.
Y es que, como en tantos otros Concellos, las rectorales son las casonas que suelen portar fecha de construcción en sus fachadas. Precisamente, la segunda más arcaica la encontramos en la de Cobas.

Vista de la inscripción de la rectoral de Cobas. | TINO HERMIDA
Desde la plazoleta inmediata al atrio divisamos entre la sillería del frontal de esa casa -hoy deshabitada- una placa con sus canales aún pintados en rojo, en la cual se lee: «Don Benito Antonio Ernández mandó construir este edificio en el año 1667». Una fecha que retrotrae la edificación al reinado del último Austria, Carlos II, El Hechizado.
Otras antiguas rectorales meañesas conservan visible el grabado de su fecha de construcción. Así, la de Meaño, en el dintel que se halla tras la galería de entrada, reza: «Hizo esta obra D. Juan Antonio Belarde, año 1791».
Cinco años después, se construía la de Padrenda, en cuya inscripción, apenas visible sobre el dintel de entrada, figura únicamente el año: 1796. Dos rectorales cuya edificación coincidía con la Revolución Francesa y, en España, con el pincel de Goya en la corte de Carlos IV.
La más tardía en construirse, aunque histórica, fue la rectoral de Xil, cuya placa de piedra registra el año 1835, pieza que se muestra coronada por un ángel, tocado con una concha sobre su cabeza (en alegoría al bautismo o a la peregrinación). Dejar la fecha grabada sobre los dinteles de viviendas era más bien tradición de casa pudiente, como bien acreditan estos inmuebles eclesiásticos. Más, a la postre, otros ciudadanos anónimos trataron de emularlo dejando su testimonio en piedra.
Dena, que es la parroquia más grande, es donde se hallan un total de nueve, todas ellas del siglo XIX.
Los contiguos barrios de Dadín y Viliquín son los lugares que más suman, aunando un total de cinco inscripciones. La más antigua está en el actual número 40 de Viliquín, cuyo origen se data 1833, coincidiendo con el año de muerte del último rey absolutista, Fernando VII.
Multipremiado albariño
La fecha se muestra en la placa de piedra adosada al dintel del portal del pinche -único vestigio de la casa primigenia-, sobre el portal de madera que servía de acceso. Hoy, alberga el furancho A Bouzabella, donde se embotella un albariño que fuera uno de los más galardonados en la Festa do Albariño de Cambados, cosechando allí un primer premio en 1979, cuatro segundos (1971, 1976, 1977 y 1982) y un tercero (1970), todos ellos con Pepe Esperón, «A Bouzabella», como patriarca entonces.
También en Viliquín, al culminar la cuesta y a pie de la carretera EP-9207, aparece el número 18, cuyo dintel superior que cobija el portal refleja 1863 como fecha de construcción, grabado cuyos canales se exhiben pintados en blanco.

Restos del muro antiguo de la más antigua, de 1465. | TINO HERMIDA
Otras tres se ubican en Dadín. De ellas, dos, una frente a otra y con la misma fecha: 1855. Una se corresponde con el número 21 del lugar; casa que fuera construida cuatro generaciones atrás por Vicente Camiña, «O Habaneiro», de lo que da fe su actual propietaria, Dolores Camiña: «Mi bisabuelo la construyó al regresar de sus años de emigrante en Cuba, razón por la que esta vivienda fue siempre a dos Habaneiros. De siempre fue una casa de labranza, que luego la heredó mi abuela, quien tuvo seis hijos, uno de ellos, mi padre, Vicente Camiña Torres… Y así se fue legando hasta hoy», relata.
La otra vivienda datada es el actual número 9. A sus 68 años, su propietario, Manuel Padín Oubiña, da fe de la reseña familiar: «Fue la casa de mi bisabuela, Dolores Arosa Piñeiro, que era natural de aquí, de Dadín, y del bisabuelo no supimos con certeza si vino o no retornado de Argentina».
Memoria viva
La vivienda fue reformada en los años 70 del siglo XX, «manteniendo el portal, que era entonces la única entrada, en cuyo dintel está grabada la fecha original, mas el asiento de piedra exterior». Y la tercera casa de Dadín es el actual número 28, cuyo dintel, hoy en cemento, mantiene grabada la fecha original: 1899.
En este itinerario patrimonial por Meaño es obligado pararse en la fecha más antigua con la que parece haber en toda Dena: 1842, año en el que fue construida el actual número de la Rúa Santa Lucía, junto al cruce de semáforos del centro. Cierto que este dintel con el grabado es lo único que se conserva de la casa primigenia.
Para mejorar la zona
En 1983, sus propietarios, Juan Pérez y Parisina Vidal, accedieron al acuerdo con el Concello -presidido por Germán Rodiño-, para derruir la vivienda y retranquearla para permitir la dotación aceras y saneamiento. Juan Pérez la había heredado de su madre, Pepa Pérez Domínguez, natural de Viliquín y que se avino a instalarse en ella para cuidar a dos tías solteras instaladas allí y que era las propietarias entonces.
El recorrido por Dena acaba con otros grabados que coronan sendas viviendas. Curiosamente, las tres correlativas en el lugar de Morouzos: el número 26 que corresponde con la vivienda y bodega Cabaleiro de Val, y que en su dintel refleja la fecha 1834, vivienda que, en el siglo XIX fuera propiedad de Carmen Méndez, que bajara de su Dadín natal para instalarse en Morouzos, casando con Rafael Dovalo Dopazo, y teniendo en esta casa como hijos a Miguel, Encarnación, y Desiderio (a la sazón cura de Meaño) Dovalo Méndez.
Justo al lado, el 25, datado en 1856, según figura en el portal de entrada. Y anexa, una tercera, el 24, en cuyo dintel reza «año de» pero la fecha es ilegible, si bien el testimonio oral de su propietaria, Teresa Salgueiro, septuagenaria, refiere que «el grabado apareció cuando, en su día, se retiró la capa de cal que cubría las paredes exteriores».
«En esta casa -prosigue- se crió mi abuelo Manuel Poceiro y luego vino su esposa, a la sazón mi abuela, Dolores Conde Padín», una reseña oral que remonta la vivienda, cuando menos, a la segunda mitad del siglo XIX.
Una última vivienda, sita en el 19 de la Rúa Ponte Dena, mantiene una monumental cruz sobre el portal de entrada lateral por Seixiños y en su base tiene grabado el año 1889. Una cruz que mismo figura en la catalogación que el propio Castelao hiciera -y dibujara- en su obra «As cruces de pedra na Galiza».
Su actual propietario Manuel Sineiro -apasionado de las antigüedades- atribuye más su procedencia a un antiguo cruceiro que a la vieja casa, situación por la que se menta el hecho, pero no se incluye en este recorrido.
Meaño y Cobas
En la parroquia de Meaño hay tres hogares datados con más de un siglo de vida. Una, el número 1 del lugar Outeiro, en cuyo dintel reza nombre y año de construcción: «José B.T. Bila, año 1894». La segunda, el 7 San Amaro, en cuyo viejo portal de madera figura el grabado donde, literalmente, dice «en el año de 1904», bajo una herradura adosada, símbolo que alude a fortuna, protección y prosperidad.
Y la tercera, el número 8 de Río Da Vila, en cuya fachada figura el año 1919, construida durante el reinado de Alfonso XIII, en los años anteriores a la dictadura de Primo de Rivera.
Símbolos
En Cobas, existen dos casas. Amén de la rectoral, la más antigua corresponde al 12 del lugar de Aldea de Abaixo, a pie de la carretera EP-9302. Su portalón de madera está coronado en la parte superior por una cruz monumental anclada en un balcón con balaustrada de piedra. En la base de esa cruz se lee «año 1749», coincidiendo la construcción con el segundo Borbón, Fernando VI, tres años después de su llegada al trono.

La inscripción de la casa de Pedras Roibas, en Padrenda. | TINO HERMIDA
Radicada en ella, Marta Radío refiere el legado: «Esta vivienda nos llegó de manos del abuelo José Radío Doval, pero la familia ya la había comprado muchos años atrás y fue legada de generación en generación, mismo siendo reconstruida otrora, porque en origen, y según referían mis ancestros, era una casa unos 20 metros más larga que hoy».
La otra vivienda se corresponde con el actual 8, también en Aldea de Abaixo. En su caso responde al dintel de un portal hoy en desuso, ligado a la vivienda actual anexa. Dicho elemento conserva un grabado deteriorado en piedra que refleja el año 1847 (si bien el 7 del último dígito es dudoso por su estado).
Padrenda, Simes y Lores
Siguiendo este itinerario por Padrenda aparecen dos viviendas datadas. La más antigua, en Pedras Roibas, coincide con el actual 14 y en su inscripción reza «octubre 1890», como fecha de construcción. Se trata de una casa pequeña, no habitada y en proceso de rehabilitación. Los lugareños refieren que, otrora, fuera propiedad de Ernesto Viéitez, que heredara casa y huerta de su madre, y que, a la postre, vendió al actual propietario.
La segunda reseña se encuentra a pie de la carretera PO-9305 que atraviesa Padrenda. Se corresponde con el actual número 3 del lugar de A Bouza y su inscripción refiere el año 1907, vivienda que otrora, perteneciera a Natalio Figueroa, quien fuera fliscornista de la antigua Banda de Música de Meaño.
En el trabajo de campo por la parroquia de Xil aparecen dos inscripciones. Una, el número 8 de Broullón, cuyo grabado atestigua el año 1817. Las declaraciones orales remontan su propiedad a José García Martínez, bisabuelo de la actual generación. Y, la otra, el 5 de Carballoso, cuyo año 1867 aparece registrado en una inscripción del dintel sobre el portal de madera.

Algunos dinteles incluyen elementos de protección o religiosos. | TINO HERMIDA
En ella vivió durante años Adolfo Martínez Vila, «o gaiteiro de Xil», fallecido a inicios de esta década.
El legado en Simes y Lores es residual. En Simes, con mucha construcción nueva, sólo aparece una vivienda datada con esa antigüedad: el 20 del lugar de Pazos. Su inscripción, adosada al dintel y muy deteriorada, acredita el año 1895 (puede ser 5 o 3 el último dígito), en los albores de la guerra de Cuba.
Acuerdos en la migración
El testimonio oral de la familia remonta su propiedad al bisabuelo Augusto Graña Silgar. Antes, a inicios del siglo XX, perteneciera a su convecino Eulogio Blanco. Graña emigrara a Argentina sobre 1932 y allí coincidió con Eulogio Blanco a quien le adquirió esta casa. Luego su propiedad se fue sucediendo en la familia.
Augusto Graña tuvo tres hijos: Benjamín, Dorinda y Ramiro. De ellos, el primero, se vino a este hogar aún siendo niño. De profesión carpintero, la heredó por testamento, y de ahí hasta la generación actual. Buena parte de la vivienda fue remodelada en los años 90, si bien conservando la esencia de su fachada anterior y su placa en el dintel.
Finalmente, en Lores parece haber un único caso. Su fecha, 1942, que aparece grabado en la madera del portal pintado en grana, y que se corresponde con el actual número 21 de Freixeixo. Una reseña que es la más reciente de todas las referidas y que, aún sin llegar, va camino del siglo de vida . La huella datada sobre piedra persiste así en el tiempo para legar esa historia familiar anónima que rescatamos en estas páginas.
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