Semana de Cine
Ádega cierra con buena nota su evento más especial
El Cine Club Ádega cerró con buen balance una Semana de Cine marcada por su 50 aniversario, una media próxima a cien espectadores y la buena acogida de sus nuevos formatos y del filme-concierto final

La actividad en O Castriño sacó al parque animación más allá de la pantalla. / Pedro Mina
La imagen tenía algo de celebración y de homenaje. En la pantalla del Salón García avanzaba El hombre sin piernas, una película muda de hace más de un siglo, mientras el Chus Pazos Trío construía en directo una banda sonora contemporánea. Las butacas estaban casi llenas y había espectadores que confesaban haber esperado todo el año por aquella función. Un cierre a la altura de la Semana de Cine con la que el Cine Club Ádega celebra su medio siglo de vida.
El filme-concierto del sábado puso el broche a una programación que la entidad despide con un balance «muy bueno». Xabier Marqués, vicepresidente del colectivo, reconoce el trabajo que exige organizarla, pero da por cumplidas las expectativas. «Era la del 50 aniversario y salió muy bien», resume.
Las sesiones registraron una media próxima al centenar de espectadores. La asistencia no alcanzó los niveles del año anterior, cuando el estreno de Sirat actuó como reclamo, pero confirmó la fidelidad de un público que acompaña al cineclub desde hace décadas. Ádega destaca además las novedades de un programa que celebró su trayectoria sin limitarse a mirar al pasado. Para la entidad, el balance trasciende las cifras y reafirma su vínculo con varias generaciones de espectadores.
Una de las apuestas fue el formato mixto que combinó un podcast, la presentación de la película y la posterior proyección. La fórmula aportó contexto, ofreció nuevas claves de lectura y extendió la experiencia más allá de la pantalla. Según Marqués, el resultado fue muy satisfactorio y abre una vía para próximas ediciones.
También funcionó la sesión organizada en el parque de O Castriño. La proyección dejó de ser una película al aire libre para convertirse en una inmersión en el lejano Oeste. Caballos, música y comida construyeron una atmósfera de «far west» que animó al público a participar. Durante unas horas, el parque pasó a formar parte del universo de la película y convirtió el cine en una experiencia colectiva.

La música en directo y el cine triunfaron juntos. / FdV
El momento culminante llegó en la última jornada. El Chus Pazos Trío volvió a demostrar que el cine mudo no tiene por qué sonar antiguo. Su música no reproduce las partituras de la época, sino que crea composiciones nuevas ajustadas al ritmo, al tono y a las emociones de cada secuencia. El piano, el órgano y la batería dialogaron con las imágenes y convirtieron El hombre sin piernas en una obra viva.
«La música de películas de hace un siglo con música contemporánea encaja de maravilla», explica el presidente de Ádega, Fernando López. La actuación se completó con una conversación durante la que el público preguntó a los músicos por sus influencias, sus tendencias y el proceso de creación de la banda sonora. López define el resultado como «espectacular» y destaca la gran expectación que genera.
La respuesta confirmó que el filme-concierto ha creado su propia tradición dentro de la Semana de Cine. «Hay gente que espera todo el año por esta función», señala López. Escuchar a los músicos y conocer cómo preparan su trabajo añadió una dimensión cercana y didáctica a una sesión que demostró que una obra centenaria puede seguir emocionando.
El Salón García casi lleno fue una de las imágenes más representativas del aniversario. Cincuenta años después de su nacimiento, Ádega continúa reuniendo a distintas generaciones alrededor de una pantalla. La celebración no fue solo una mirada al camino recorrido: entre podcasts, música en directo y funciones al aire libre, el cineclub demostró que puede innovar sin perder su esencia.
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