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Carreira Nocturna de Vilagarcía

Tres generaciones y una misma meta

José Luis Vázquez Guerra, de 84 años, volvió a cruzar la meta de la Carreira Nocturna junto a su nieto Bruno, de 12. Entre zancadas, miradas y emoción, abuelo y nieto protagonizaron una historia de admiración mutua que une a tres generaciones de una familia enamorada del deporte

Abuelo, hijos y nieto protagonizaron una de las intrahistorias de la carrera.

Abuelo, hijos y nieto protagonizaron una de las intrahistorias de la carrera. / FdV

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Vilagarcía

La meta de la Carreira Nocturna de Vilagarcía coronó a los más rápidos, pero reservó uno de sus premios más valiosos para dos corredores que no aparecieron en el podio. José Luis Vázquez Guerra, de 84 años, y su nieto Bruno, de 12, cruzaron juntos la línea de llegada después de compartir cerca de cinco kilómetros. Lo hicieron sonrientes, pendientes el uno del otro y bajo la mirada emocionada de una familia que sabe que hay victorias que nunca podrán medirse con un cronómetro.

José Luis se ha convertido ya en un clásico de la popular prueba vilagarciana. Ni el paso de los años ni la presencia de los mejores especialistas gallegos de los 10 kilómetros alteran su manera de entender el atletismo. Corre para disfrutar, cuidando cada zancada y sin conceder demasiada importancia al tiempo. «Yo voy a lo mío. Me marco mi ritmo y da igual el tiempo», reconoce con la serenidad de quien ha descubierto que el verdadero éxito consiste en poder seguir colocándose un dorsal.

El sábado, sin embargo, no estuvo solo. Bruno había participado anteriormente en la carrera de un kilómetro correspondiente a su edad. Con 12 años todavía no podía inscribirse en la prueba absoluta, pero ninguna norma le impedía esperar a su abuelo y acompañarlo durante la segunda vuelta. Cuando lo encontró entre la multitud, se situó a su lado y adaptó su paso. Durante casi cinco kilómetros, el objetivo ya no fue correr más rápido, sino permanecer juntos hasta la meta.

«Cruzar la meta con mi nieto es una alegría grandísima»

José Luis Vázquez Guerra

«Cruzar la meta con mi nieto es una alegría grandísima», confesaba José Luis. Para Bruno, compartir aquel esfuerzo valía mucho más que cualquier medalla. Su padre, Jaime Vázquez, explicaba el origen de ese impulso: «Bruno corre la Nocturna por la ilusión que le hace correr junto a su abuelo. Siempre está pendiente de él y, cuando lo vio en medio de tanta participación, corrió a acompañarle».

Bruno y su abuelo tras cruzar juntos la línea de meta.

Bruno y su abuelo tras cruzar juntos la línea de meta. / FdV

No era la primera vez. Hace dos años, cuando tenía diez, Bruno ya recorrió junto a su abuelo los últimos metros de la Nocturna. Aquella experiencia creó entre ambos una tradición que ahora esperan repetir cada verano. Hay admiración en las dos direcciones. El pequeño observa con orgullo cómo José Luis continúa completando carreras a los 84 años. Y al abuelo se le ilumina el rostro cuando habla de Bruno, futbolista del Bamio, al que acude a animar siempre que puede. También comparten su celtismo y muchas tardes en la grada de Balaídos, aunque pocas alegrías parecen comparables a la de alcanzar juntos una meta.

Bruno completó su prueba y después acompañó a su abuelo durante casi cinco kilómetros

La relación de José Luis con el atletismo comenzó relativamente tarde. Tenía 64 años y acababa de jubilarse cuando acompañó a su hijo José Luis al parque de A Compostela. Allí se atrevió a probar con una pequeña carrera. «Así me fui aficionando. Tenía 64 años entonces y ya pasaron veinte, pero sigo disfrutando y me sienta muy bien el ejercicio», recuerda. Lo que empezó casi como una curiosidad acabó convirtiéndose en una parte esencial de su vida.

El deporte, en realidad, siempre estuvo presente en la familia. Durante años, José Luis acompañó a sus hijos, José Luis y Jaime, allá donde disputasen un partido de baloncesto. Era quien esperaba en la grada y quien celebraba sus canastas. El tiempo intercambió después los papeles. Ahora son ellos quienes siguen sus entrenamientos, comparten su afición por las carreras y esperan su llegada. Su hijo José Luis también completó esta edición de la Nocturna, ampliando una estampa en la que tres generaciones quedaron unidas por el mismo dorsal invisible.

En la línea de meta se encontraba igualmente Sara Meijide, contemplando cómo su marido, sus hijos y su nieto comparten una pasión que ha terminado convirtiéndose en legado. No hubo récords ni trofeos para la familia Vázquez. Tampoco fueron los primeros en llegar. Pero mientras José Luis y Bruno recorrían juntos los últimos metros, las clasificaciones dejaron de importar.

Abuelo y nieto cruzaron la meta más felices que cuando celebran un gol del Celta en Balaídos. En aquel instante se miraron y comprendieron que el verdadero premio había sido encontrarse en medio de cientos de corredores. Una recompensa hecha de cariño, respeto y tiempo compartido. La única capaz de trascender la mejor de las vitrinas.

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