Fiesta de Interés Turístico Internacional
Los vikingos desafían a las adversidades para volver a desembarcar en Catoira
A pesar de la bajamar y la avería de un motor, el Desembarco Vikingo hizo disfrutar a unas 20.000 personas
Vuelve a destacar la afluencia de extranjeros y el hecho de que cada vez acuda más gente ataviada para la ocasión

Pedro Mina / Manuel Méndez

Esta vez no lo tuvieron nada fácil los vikingos para tomar Catoira, por las razones que a continuación se expondrán, pero lograron superar las adversidades con las que se toparon y al final lo consiguieron, para deleite de aquellos que cogieron sitio, ya fuera llegando a tiempo o bien a empujones, para ver de cerca el momento en que los hombres del norte pusieron pie a tierra.
Fue la edición número 66 de la Romería Vikinga, cuyo plato fuerte era, precisamente, el gran Desembarco Vikingo, llevado a cabo entre las 12.30 y las 13.30 horas en presencia de unas 20.000 personas, que aun siendo una cifra importante, viene a ser inferior a la que se registró en ediciones anteriores.
Así transcurre el Desembarco Vikingo, que marca el día grande de la Romería Vikinga de Catoira. / Pedro Mina
Ciudadanos de todas las edades, sexo y condición que, cada vez en mayor número ataviados como vikingos, u otras ropas parecidas a las que ellos usaban, se dieron cita a los pies de las Torres de Oeste para asistir a la llegada de los bravos guerreros nórdicos y a las «cruentas» batallas celebradas a posteriori, en tierra firme.
Por cierto, que al hablar de vestimenta, hay que destacar que parece plenamente consolidada la moda de los cascos vikingos con cuernos, que es algo propio de Catoira, de cuando los orígenes de esta fiesta de Interés Turístico Internacional, ya que, en realidad, los auténticos vikingos solo usaban los cuernos para beber o comunicarse, no para adornar sus cascos.
Cada vez más cuernos
Con cuernos o sin ellos, a los visitantes se les escuchaba hablar español con acentos muy variados, lo cual dejaba patente la afluencia de ciudadanos de múltiples regiones del país. Al igual que se hablaba en diferentes idiomas, pues entre los presentes había asiáticos, británicos, franceses, portugueses y alemanes, por citar algunas nacionalidades.
Aunque el país o región de origen no importaba a la hora de disfrutar del Mercado Vikingo habilitado por el Concello en el centro de la villa, con medio centenar de puestos ofreciendo artesanía de todo tipo, productos típicos de la cultura vikinga y gastronomía celta.
Como tampoco había diferencias en el momento de saborear mejillones, churros, pulpo, churrasco, chorizos, hamburguesas, pasteles, quesos y todo tipo de productos de alimentación en decenas de puestos y barras más situados en el recinto fortificado de la Torres de Oeste, bajo el puente que une la provincia de Pontevedra y A Coruña, entre Catoira y Rianxo.
Carteristas
Un recinto cuyos accesos y fincas cercanas volvieron a recibir miles de turismos y cientos de autocaravanas, y en el que volvieron a darse cita los carteristas, que aprovechan las aglomeraciones para hacer su agosto, y nunca mejor dicho.
Su presencia era inevitable, a pesar del importante despliegue de efectivos de la Guardia Civil, a quienes se sumaban miembros de una empresa de seguridad privada contratada por el Concello para velar por los asistentes, tanto en la zona del Desembarco Vikingo como en sus accesos.
En los que había, igualmente, vigilantes de Renfe para disuadir a los peatones que querían cruzar las vías del tren, así como ambulancias del 061 y efectivos de Protección Civil de Catoira y de localidades colaboradoras como Cuntis.

La Guardia Civil estuvo muy presente en el recinto. / M. Méndez
Tres drakkar
Finalmente participaron tres drakkar, ya que el cuarto que estaba previsto, recientemente construido por la asociación cultural Ateneo Vikingo, no consiguió a tiempo toda la documentación necesaria para poder zarpar.
Quizás en tiempos de Odín bastaría con que la nave flotara, como es el caso, pero ahora son muchos los trámites administrativos a realizar, y no se completaron a tiempo.
Esta fue una de las adversidades a la que se aludía al principio de esta información. La otra fue la avería de última hora que sufrió el motor de uno de los drakkar, justo antes de que los vecinos de Catoira inscritos como parte de la tripulación se embarcaran para navegar río abajo, donde iban a esperar fondeados hasta que a las 12.30 horas llegara el momento de iniciar el desembarco.
La rápida intervención del Concello de Catoira y la eficaz respuesta de Protección Civil hizo posible trasladar por mar con suma rapidez un nuevo motor con el que reactivar el drakkar averiado.

El motor de uno de los barcos se averió en el último momento. / M. Méndez
Superada felizmente esta adversidad, aún quedaba otra asignatura pendiente: la bajamar. Estaba prevista, pero llegado el momento de que los vikingos saltaran desde los drakkar a tierra firme, el agua había bajado mucho más de lo recomendable, por lo que a los pies de los guerreros solo quedaba una densa capa de fango.
Esto no solo deslució el desembarco e hizo que más de uno se enterrara, sino que obligó a trastocar los planes inicialmente previstos y los tres barcos atacaron las Torres de Oeste por su cara sur, cuando inicialmente, y como todos los años, uno de ellos iba a hacerlo por la parte norte.
El inesperado cambio de planes incluso sorprendió al alcalde y su concejal de Cultura, Xoán Castaño y Raúl Gómez, respectivamente, que como en cada edición estaban presentes en la fiesta, tratando de que nada saliera mal.
Pero ya se sabe que siempre pueden surgir imponderables, y al final tanto ellos como los demás espectadores que esperaban en esa segunda zona se quedaron sin ver cómo desembarcaban los bárbaros, puesto que toda la actividad se concentró en el otro extremo del recinto, donde la aglomeración hizo que incluso muchos de los que estaban allí también se la perdieran.
En definitiva, un día más en el paraíso gallego de los vikingos, donde mañana se celebra algo parecido a un Desembarco, pero ideado para los niños, y donde en los últimos días se organizaron decenas de actividades socioculturales de todo tipo.
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