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Historias del mar

Un marinero de Arousa recupera en el mar una cadena perdida que movilizó a toda una playa: «La vida va de esto»

La joya, regalo de su padre y con una Virgen del Carmen, desapareció mientras jugaba con una niña en la playa

La encontró al día siguiente enganchada en su rastrillo cuando ya se daba por vencido

La cadena de la Virgen del Carmen que finalmente apareció.

La cadena de la Virgen del Carmen que finalmente apareció. / Cedida

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Marta Clavero

Marta Clavero

No era solamente una cadena de oro. Eran más de treinta años de recuerdos colgados del cuello. Se la había regalado su padre, ya fallecido, y de ella pendía una medalla de la Virgen del Carmen. Por eso, cuando este marinero de Arousa salió del agua y se llevó la mano al pecho, el vacío que sintió fue mucho mayor que el provocado por la pérdida de una joya.

Sucedió el pasado sábado 25 de julio, Día del Apóstol Santiago y Día de Galicia, en una playa arousana. El marinero había acudido a pasar la jornada acompañado de unos amigos. Uno de ellos no quería bañarse debido a la baja temperatura del agua, por lo que se ofreció a entretener a su hija, de cinco años.

Pasó más de dos horas en la orilla, jugando con la pequeña, bañándose y dando volteretas para que se divirtiese mientras su padre descansaba sobre la toalla. Al terminar, descubrió que la cadena que llevaba desde hacía más de tres décadas había desaparecido.

De ella no solo colgaba una medalla, sino también la memoria de su padre y toda una vida vinculada al mar. El protagonista es un marinero de los de siempre, profundamente devoto de la Virgen del Carmen. Reza al levantarse y antes de acostarse y siente que la patrona de los marineros lo acompaña y protege cada vez que sale a faenar. Incluso lleva su imagen tatuada.

La noticia de la pérdida movilizó a las personas que se encontraban en la playa. Familiares, amigos y desconocidos comenzaron a rastrear la arena y el agua. La búsqueda se prolongó durante horas, hasta aproximadamente las once de la noche.

Él fue el último en marcharse. No se veía capaz de regresar a su domicilio sin la cadena, por lo que decidió pasar la noche en casa de una hermana que vive cerca de la playa. Quería encontrarse lo más próximo posible al lugar para reanudar la búsqueda en cuanto amaneciese.

De vuelta al mar al amanecer

No consiguió dormir. A las siete de la mañana ya estaba nuevamente dentro del agua, equipado con unas gafas, un tubo y un pequeño rastrillo. Estaba convencido de que la cadena no podía haber ido demasiado lejos. La arena era blanda y probablemente la había cubierto después de caer al fondo.

Durante cuatro horas recorrió la zona palmo a palmo. Rastreó la arena, buceó y repitió una y otra vez el mismo recorrido. El frío comenzó a hacer mella en su cuerpo, mientras el cansancio de la noche anterior y la falta de sueño reducían sus fuerzas.

Finalmente, derrotado, decidió abandonar. Caminaba hacia la orilla con el agua por las rodillas y arrastraba el rastrillo a su espalda. Antes de salir del mar, en una última mirada, giró la cabeza.

Entonces la vio.

La cadena estaba enganchada entre las púas del rastrillo que llevaba arrastrando. Había aparecido en el momento preciso en que ya había renunciado a encontrarla.

El marinero rompió a llorar en medio del agua. No pudo contener la emoción al recuperar aquella medalla que durante más de treinta años había mantenido cerca de su pecho. Días después, todavía se emocionaba al relatar lo ocurrido.

La historia fue compartida en las redes sociales por su amiga Vanesa, después de que él la llamase para contarle lo sucedido y le enviase una fotografía de la cadena recuperada. «Uf... vuelvo a emocionarme al leerlo», le confesó el protagonista cuando leyó el texto que ella había escrito.

«La vida va de esto»

Vanesa quiso contar la historia porque considera que representa algo que con frecuencia queda oculto entre las obligaciones cotidianas. «A veces se nos olvida que la vida no va solo de producir, ejecutar o cumplir objetivos. La vida va de esto», escribió.

Va, explica, de la perseverancia de quien continúa buscando cuando el cansancio y la lógica aconsejan abandonar. De seguir removiendo la arena cuando los demás ya se han marchado. Y de aferrarse a una fe capaz de mantener a una persona a flote.

El relato también encierra una forma de entender Galicia y su relación con el mar, explica esa amiga. «La de quienes se niegan a soltar aquello que verdaderamente importa, incluso cuando tienen el agua al cuello».

Porque aquella mañana, cuando el marinero caminaba derrotado hacia la playa, el último esfuerzo acabó devolviéndole mucho más que una cadena de oro. Le devolvió el recuerdo de su padre, su medalla de la Virgen del Carmen y una parte inseparable de su propia vida.

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