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Nueva etapa en Vilagarcía

La conservera Pérez-Lafuente reactiva la vieja factoría de Cuca y pone fin a un siglo en Vilanova

La firma se muda porque su ubicación original es un freno a su trayectoria de crecimiento

Ocupará una parte del complejo de Vilaxoán en alquiler y prevé empezar a finales de 2027

Representantes de ambas sociedades ante la mítica fachada blanca de la antigua Cuca.

Representantes de ambas sociedades ante la mítica fachada blanca de la antigua Cuca. / Pedro Mina

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Vilagarcía

La elaboración de conservas volverá a la antigua Cuca de la mano de otra firma emblemática del sector, Antonio Pérez-Lafuente. La sociedad corta sus raíces centenarias en Vilanova por falta de espacio para cubrir sus necesidades de crecimiento y alquilará parte de las instalaciones de Vilaxoán a su propietario desde hace unos meses, la empresa especializada en maquinaria industrial Calmear.

Esta especie de alianza surge de años de relaciones comerciales entre ambas sociedades, que ahora están pendientes de los permisos sectoriales de la Xunta y de Costas del Estado para recibir la licencia municipal de obras que les permita volver a poner a punto el complejo industrial de Víctor Pita.

Calmear cerró en abril la compra con su último dueño, Bolton Group, y lleva desde entonces realizando trabajos de limpieza y poniendo orden en unas instalaciones que, para llevar desde 2012 sin actividad, presentan un buen estado de conservación.

Su CEO, Joaquín Fernández, explica que la intención «nunca fue especular» con estos terrenos de casi 25.000 metros cuadrados que se ofrecían con posibilidades de recalificación urbanística para transformar el uso del suelo en residencial, en viviendas unifamiliares; algo que puso en alerta al Concello de Vilagarcía, quien rechazaba un destino diferente al original.

Sencillamente, «vimos la oportunidad de negocio, de inversión, pero siempre con la vista puesta en atraer a empresas del sector del mar y revitalizar la actividad en Vilaxoán», asegura el empresario.

«Nuestra intención nunca fue especular, sino revitalizar la actividad industrial»,

Joaquín Fernández

— CEO de Calmear

Prefiere no desvelar la cantidad desembolsada, pero cabe recordar que, en su día, fuentes solventes señalaron que el precio de salida rondaba el millón y medio de euros.

La empresa usará una parte del recinto como complemento de su sede central, ubicada desde hace algunos años en el polígono industrial de Baión, mientras que la conservera le alquila 6.500 metros cuadrados de suelo y 5.000 de edificación, incluyendo la factoría principal, las oficinas y el almacén. Aún queda espacio libre y están dispuestos a escuchar ofertas.

En cuanto a la antigua maquinaria, la reacondicionarán para su venta, para seguir suministrando a los mercados que llevan abriendo en los últimos años en Latinoamérica y el norte de África.

Porque Antonio Pérez-Lafuente se trasladará a Vilaxoán con todo el equipo, incluyendo su plantilla conformada por medio centenar de trabajadores que ya han sido debidamente informados. Explica uno de sus portavoces, Miguel Pérez-Lafuente, que esperan empezar a funcionar a finales de 2027, aunque todo dependerá de cómo se desarrollen los trámites administrativos.

«Llevábamos dos o tres años buscando un nuevo emplazamiento porque en Vilanova estamos ahogados. Tenemos perspectivas de crecimiento y allí es imposible. Con los años, la ubicación se ha acabado convirtiendo en el centro del pueblo y no es posible ampliar», detalla.

Reconoce que barajaron la opción de instalarse en Baión, pero cuando surgió la oportunidad de la antigua Cuca no se lo pensaron mucho. «Es un emplazamiento inmejorable para nuestra línea de producción, con muchas ventajas, empezando por la disponibilidad de una captación de agua de mar, su ubicación estratégica junto a un puerto... Es una apuesta de futuro», añadió.

Puestos de trabajo

Y es que la firma, cuyo nombre conocido para el consumidor es Pan do Mar, encadena años de crecimiento orgánico que se notan sobre todo en la internacionalización, que ya representa el 80% de su producción, destacando el mercado de EEUU.

Hace años que la firma dio un giro, centrando su apuesta en las conservas ecológicas y hoy es su línea principal, ostentando relevantes certificados a costa de rigurosos controles. Esto lleva parejo un fuerte compromiso por la sostenibilidad que también quedará patente en esta nueva etapa, en el montaje de una nueva infraestructura de depuración de aguas, entre otras cosas.

Con su traslado, casi duplicarán sus instalaciones actuales de A Xunqueira y Pérez-Lafuente, perteneciente a la quinta generación de una saga de empresarios de la salazón y la conserva que hunde sus raíces en el siglo XIX, explica que en su ánimo también está generar más puestos de trabajo, pero todavía no pueden dar cifras.

Tampoco tienen fecha fija para una mudanza que será un reto para una fábrica en funcionamiento. Según explicó, buscarán una época de menor actividad y además, contarán con los medios humanos y materiales de Calmear, una firma puntera en todo lo relativo a maquinaria industrial.

Un símbolo

Además de una de las marcas identitarias de la tradición conservera de Galicia y que aún opera, para los vilaxoaneses, Cuca es un vestigio del poderío industrial que ostentó la villa. La fábrica de O Castelete abrió en 1935 con Víctor Pita y permaneció en manos de la familia hasta 2011, cuando la compró Garavilla. Poco después anunciaba el cierre y el traslado de la plantilla a su factoría de O Grove, alumbrando también una de luchas sindicales más recordadas en la historia reciente de Arousa.

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