Cine
Ádega expone la película de su propia historia
Medio siglo de películas, programas de mano, fotografías y compromiso ciudadano vuelve a proyectarse en la sala Rivas Briones. «50 anos de cine. Unha ollada compartida», abierta hasta el 30 de agosto, convierte el archivo reunido por la actual directiva del Cine Club Ádega en memoria cultural de Vilagarcía.

Marta Villar, comisaria de la exposición, en el espacio dedicado al cine Fantasio. / FdV
Antes de ocupar las dos plantas de la sala Rivas Briones, los cincuenta años del Cine Club Ádega cabían en montones de papeles almacenados en los bajos del Auditorio. Allí comenzó, antes del verano de 2025, una tarea casi arqueológica. La actual directiva, presidida por Fernando López, trasladó al Concello de Vilagarcía la propuesta de organizar una exposición conmemorativa encontrándose con una acogida tan positiva que alimentó la inquietud de sus promotores. Marta Villar, integrante de la junta, es la comisaria de la muestra.
«Empezamos a destripar toda aquella documentación, a clasificar lo que resultaba significativo y a trabajar muy duro», recuerda Villar. No existía un relato previamente escrito, sino huellas dispersas que fue necesario fechar, relacionar y seleccionar. La directiva se implicó en la recopilación de datos, la elaboración de la cronología y la identificación de sus protagonistas para explicar no solo la trayectoria de Ádega, sino también la transformación cultural de Vilagarcía.
El resultado es «50 anos de cine. Unha ollada compartida», una muestra que no se limita a celebrar una sucesión de proyecciones. Lo que emerge entre folletos, fotografías, negativos, cajas de película y programas de mano es el retrato de la recuperación cultural que acompañó a los primeros compases de la democracia. «Queremos recoger aquel movimiento tan importante en Vilagarcía, que dio origen a muchas cosas y, entre ellas, al cine club. Fue una explosión cultural a todos los niveles», explica Villar. Una fotografía de la visita de Zeca Afonso devuelve al visitante a una ciudad que convertía la cultura en lugar de encuentro entre música, pintura, baile y también cine.
Fundado en 1976, Ádega comenzó programando todos los viernes en el auditorio de la antigua Caja de Ahorros Municipal de Vigo. La exposición reúne en la sala Rivas Briones el rastro impreso de una actividad formidable: hasta 1999 constan 1.057 películas. «Hay títulos extraordinarios, cine infantil y actividades benéficas», resume Villar. Porque Ádega no solo invitaba a sentarse ante una pantalla. También organizó sesiones para recaudar fondos destinados al asilo, la salud mental o la cabalgata de Reyes.

La recopilación de datos de la muestra es asombrosa. / FdV
La planta baja sigue ese relato documental hasta 1999. Allí, los antiguos folletines —llegaron a editarse tres al año— permiten reconstruir ciclos, programaciones y apoyos. Los patrocinadores también ocupan su lugar: sin esas complicidades, parte de la historia no habría podido rodarse. En 1984 nació la Semana de Cine, que ha llegado hasta la actualidad, y Vilagarcía acogió la constitución de la Federación de Cineclubes de Galicia. Hoy, los fondos de la Filmoteca de Galicia permiten mantener la vocación de «mostrar cine para todos».
La cronología reserva igualmente espacio para homenajear a personas decisivas en el desarrollo del audiovisual en Vilagarcía y en la historia de Ádega. La muestra reconoce así a quienes ayudaron a mantener encendida la pantalla durante medio siglo con sus nombres y fotografías puestas en valor.
Al subir de planta cambia el lenguaje. Con la desaparición del papel, las pantallas explican la etapa reciente. El recorrido recupera el certamen fotográfico, que durante cerca de veinte años atrajo a autores de toda España, y el concurso de cine aficionado cuya herencia enlaza Villar con el actual Curtas Festival do Imaxinario.
Hay, sobre todo, una arqueología sentimental de los cines de Vilagarcía. Las letras del Fantasio, fotografías del antiguo Cervantes, negativos y cajas cedidas por Barros Films, entre otros muchos recuerdos, reconstruyen una geografía de salas ligada a la memoria íntima de la ciudad. La muestra recuerda los incendios de los cines Cervantes y Arosa, episodios que precipitaron el final de dos espacios asociados durante años al ocio, los estrenos y las primeras emociones ante la gran pantalla de miles de vilagarcianos.
Entre las piezas sobresale el último proyector utilizado en la antigua sala de la Caja de Ahorros de Vigo. El aparato se encontraba en poder del IES Castro Alobre, que lo cedió al Cine Club para incorporarlo al recorrido. Su presencia permite escuchar, casi, el giro de las bobinas y recuperar una época en la que cada película constituía un acontecimiento. El microcine «Fantasio» completa el juego entre memoria y experiencia. En aquellas salas se cruzaron generaciones y se descubrieron mundos lejanos. Aunque hayan desaparecido, continúan proyectándose en la memoria de Vilagarcía.

La exposición ocupa las dos plantas de la sala Rivas Briones. / FdV
La trayectoria de Ádega tampoco fue lineal. La falta de ayudas y el elevado coste de exhibición redujeron la actividad hasta dejar la entidad en estado latente en 2009. Un grupo de aficionados la reactivó en 2015. La recuperación del archivo emprendida por la directiva de Fernando López prolonga aquel rescate: no se trata únicamente de guardar documentos, sino de ordenarlos, interpretarlos y devolver a la ciudad una memoria que corría el riesgo de permanecer invisible.
Viguesa y residente en Vilagarcía desde hace tres años, Villar se incorporó a la directiva de Ádega apenas se instaló en la ciudad. Su mirada procede también de toda una vida detrás de la cámara: debutó en 1986 en los decorados de «Esperanza», de Chano Piñeiro, y desarrolló desde 1988 una extensa carrera en televisión. «Soy del cine de toda la vida», confiesa la comisaria mientras explica a los visitantes que se encuentra en la sala cualquier curiosidad entre tanta memoria recopilada.
Villar sostiene que el cine goza de buena salud en Vilagarcía, aunque la multiplicación de pantallas domésticas obliga a defender su dimensión colectiva. «El cine es para verlo a oscuras y en pantalla grande», reivindica. Ádega programa obras actuales que no llegan al circuito comercial local y títulos premiados en España, Europa y América. Pero el último plano sigue abierto: «Necesitamos más socios para persistir en un mundo tan digital».
Hasta el 30 de agosto, la sala Rivas Briones demuestra que preservar 50 años de miradas también es una forma de asegurar la siguiente proyección. Ádega luce su pasado mirando al futuro.
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