Viticultura
La etapa decisiva del envero obliga a mantener bien ventilados los racimos
Una gestión inadecuada de la vegetación puede favorecer la expansión de patógenos y limitar la producción, pese al buen estado sanitario general de las uvas
Golpes de calor y estrés hídrico son a partir de ahora los principales riesgos

La uva sigue en perfectas condiciones y es abundante. / Noe Parga

Con el viñedo entrando de lleno en el estadio fenológico de maduración de fruto, cuando las bayas empiezan a brillar, antes de ablandarse y estar dispuestas para la abundante vendimia que se espera este año y arrancará en poco más de un mes, resulta más importante que nunca mantener bien aireados los racimos.
De este modo se favorece ese proceso de maduración, al tiempo que se consigue una ventilación que favorece el contacto de los productos fitosanitarios con la uva y protege el fruto frente al ataque de posibles patógenos.
Pero no solo hay que eliminar hojas, sino que también procede erradicar la vegetación adventicia que crece peligrosamente pegada a las cepas, condicionando igualmente la maduración de la uva y contribuyendo a la expansión de plagas.
Las bodegas y viticultores lo saben perfectamente, pero aun así existen predios en los que se aprecia «una gestión inadecuada de la vegetación», tal y como alertaba en su último aviso fitosanitario la Estación Fitopatológica de Areeiro (EFA).

Mantener los viñedos bien limpios es tarea fundamental en este momento del ciclo de cultivo. / Noe Parga
«Es fundamental no descuidar las labores que permitan la buena ventilación de los racimos, ya que esto los protege ante los patógenos», insisten los técnicos de ese departamento, dependiente de la Diputación de Pontevedra.
Hay que tener muy presente que las plantas afrontan una etapa decisiva. Es el conocido como envero, considerado «uno de los momentos críticos de la maduración del fruto, ya que supone la transición entre el crecimiento y la maduración de la uva», explican en la Denominación de Origen Rías Baixas.
Para que los lectores ajenos al sector viticultor lo entiendan mejor, puede decirse que el envero se produce cuando hay un cambio de color de la piel de la uva. Dicho de otro modo, cuando la uva empieza a pintar. Las variedades tintas adquieren tonalidades rojas o azules, mientras que las blancas, como es el caso del afamado albariño, las uvas verdes se tornan en rubias o amarillas.

El pintado en una variedad tinta, en la zona de O Rosal. / EFA
«La duración de esta fase es de un día a dos para un grano de uva, hasta quince días para el conjunto de todos los granos del viñedo», aclaran en Rías Baixas. «En este proceso se paraliza temporalmente el crecimiento del fruto, existe una pérdida progresiva de la clorofila y aparecen los pigmentos que darán al grano el color característico de la variedad», apostillan.
Abundando en ello, y pensando ya en la próxima recolección, la propia DO detalla que «los viticultores suelen calcular que una vez que el envero se produce, podrán vendimiar en 40 o 50 días, siempre dependiendo de las variedades y los climas de las diferentes zonas».
Para añadir que «la viticultura no es una ciencia exacta y el clima tiene una gran influencia en la maduración de las uvas, de ahí que tras el envero sea fundamental que los racimos reciban el sol del verano», lo cual justifica labores culturales llevadas a cabo a lo largo de la fase vegetativa de la vid, tales como el despuntado, desnietado, deshojado y/o aclareo de racimos. Unas «operaciones en verde» que buscan el equilibrio en la cepa «con la finalidad de mejorar la calidad del racimo», sostienen en la DO.
No está de más resaltar las recomendaciones de los propios viticultores, algunos de los cuales explican que es preciso quitar las hojas de la cara este, ya que así se da luz al fruto sin quemarlo y se seca el rocío, manteniendo las hojas del lado oeste para proteger el fruto ante los rayos más fuertes del sol.
Teniendo en cuenta todo esto, y el buen estado sanitario que, en general, presentan las uvas, ya solo los golpes de calor y el estrés hídrico pueden causar problemas en la producción, especialmente en suelos poco profundos y muy arenosos.
Eso sí, no hay que bajar la guardia, ya que el viñedo requiere de una vigilancia permanente. No solo por la posible aparición de mildiu u oídio, cada vez con menos probabilidades de expansión, sino también por patógenos como la botrytis, que incluso a partir del pintado puede comprometer la cosecha, dado que es un hongo que se nutre de las lesiones o heridas que puedan tener las bayas y se aprovecha del incremento de los niveles de azúcar en las mismas.
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