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Un atractivo al alza

El ecoturismo en las islas atlánticas de Galicia también atrae visitantes extranjeros

Navegar por el archipiélago de Sálvora a bordo del «Chasula» permite a los viajeros conocer delfines, aves marinas y la riqueza natural de la zona

Un paseo sobre la riqueza de la ría de Arousa.

Manuel Méndez

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Manuel Méndez

Manuel Méndez

Arousa

De un tiempo a esta parte se habla de la creciente afluencia turística que experimentan las Rías Baixas, al igual que se destaca con fuerza un no menos llamativo aumento de visitantes extranjeros. Tendencia a la que contribuye de forma decisiva el ecoturismo, en el que se engloban múltiples propuestas que se llevan a cabo tanto en tierra firme como en el mar.

Entre ellas pueden destacarse las singladuras del programa educativo y turístico orientado a divulgar el patrimonio natural gallego que, de la mano de diferentes profesionales, se desarrollan en el pesquero rehabilitado «Chasula», una embarcación histórica que es un «exponente patrimonial de las embarcaciones de pesca y de la construcción naval en Galicia» que fue «recuperado y adaptado para actividades de turismo activo y conocimiento del medio marino», especializándose en el avistamiento de mamíferos y aves marinas, sobre todo pelágicas.

Pero además de las expediciones habituales a bordo de esta histórica embarcación de madera que actualmente funciona como un aula flotante de naturaleza dedicada al ecoturismo marítimo, y que se construyó en 1959 como barco de cerco, funcionando después como auxiliar de acuicultura, se promueven proyectos ecoturísticos como el llamado «Rutas das illas, illotes e penedos», que viene a ser un recorrido en el que descubrir la belleza, leyendas y riqueza que encierra el Parque Natural Marítimo Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia.

El archipiélago de Sálvora, con presencia especial para islas e islotes que afloran en la ría de Arousa como Rúa, Sagres, Areoso, Pedregoso, Vionta o Noro, conforma el escenario en el que, que desde la nave que capitanea Isidro Mariño, ciudadanos de toda España, Alemania, Islandia, Francia, Reino Unido y otros puntos del viejo continente se familiarizan con delfines, cormoranes, colimbos y todo tipo de especies de fauna y flora presentes tanto en los territorios insulares como en el conjunto de las Rías Baixas.

Además, lo hacen de forma personalizada y familiar, ya que el número de viajeros se limita a apenas una decena de personas, de ahí el trato cercano que reciben de una tripulación en la que no solo se incluye personal especializado en medio ambiente y navegación, sino también intérpretes.

Todo ello al servicio del ecoturismo y gracias a la colaboración entre la firma Iniciativas Tradicionales Marítimas (Intramar), que es la empresa de Isidro Mariño a la que pertenece el «Chasula», y la empresa Arenaria Coordinación, que abandera María Calvo y nació hace años de la mano de oceanógrafos empeñados en «fomentar la curiosidad por el mundo en que vivimos y proporcionar las herramientas para entender los desafíos que afronta nuestro planeta», de ahí que desarrolle actividades divulgativas ligadas al medio ambiente y dirigidas tanto a escolares como al público en general.

Conocer especies ya extinguidas o a punto de estarlo, y saber más sobre las amenazas que acabaron con ellas o pueden aniquilarlas; aprender cómo se cultiva mejillón en las bateas, cuáles son sus enemigos naturales o cómo se afronta el encordado y desdoble; acercarse a las embarcaciones de pesca, marisqueo y acuicultura que faenan en la ría o navegar a escasos metros de la atractiva fachada litoral de A Toxa y Punta Carreirón (A Illa), son solo algunos de los ingredientes de estos itinerarios.

A los que se suman los mejillones, empanadas, ensaladas, guisos y postres que se saborean a bordo del «Chasula», ya sea antes, durante o después de los chapuzones en las cristalinas aguas de la masa rocosa formada por grandes bloques graníticos que es Rúa, una isla de difícil abordaje y cuatro hectáreas de superficie en la que destaca su faro, construido en 1864 y gemelo del existente en la Isla de Ons.

En esta isla «lo que más llama la atención es su aspecto rocoso y el colorido, sobre todo anaranjado, que le aportan los líquenes que la habitan, de tal forma que, tanto en las rocas como en el faro, las escaleras y muros estos seres vivos tapizan el islote haciendo las maravillas de los que somos amantes de ellos», explican en Arenaria.

Es así como esta firma e Intramar proponen «una mirada diferente al medio marino, sumergiéndose en el patrimonio natural y cultural del entorno para descubrir fauna, flora, oficios, rutas, embarcaciones y gastronomía» en «un espacio natural inmensamente rico en biodiversidad y de gran belleza».

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