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Salud de los menores de edad

Los Ayuntamientos reclaman más medios para evitar los «botellones»

Cambados apuesta por la descentralización de las actividades durante la Festa do Albariño para contener esta práctica

En Vilagarcía hay decenas de grupos la madrugada del Auga

Restos de «botellón» en una zona verde de O Salnés.

Restos de «botellón» en una zona verde de O Salnés. / Noé Parga

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Arousa

Los Concellos necesitan más medios para evitar los «botellones», una práctica que además de poner en riesgo la salud de las personas que participan en ellos (sobre todo, cuando se trata de menores de edad), es una fuente habitual de molestias para los vecinos. Colectivos como Limpiarousa también han advertido de que incluso tiene perjuicios para el medio ambiente, al acabar muchas veces la basura esparcida por zonas verdes, playas y hasta el agua de ríos o el mar.

Desde la Federación Galega de Municipios e Provincias (Fegamp) ya se advirtió en su momento de que los Concellos, sobre todo los más pequeños, carecen de personal suficiente para controlar de manera efectiva la venta y distribución de alcohol a menores o la participación de estos en «botellones», y regidores como Samuel Lago, de Cambados, apuntan en esa misma dirección. «La Xunta legisla, y nos pone deberes a los Concellos, pero no nos da recursos para ejecutar las nuevas normas».

Son un riesgo para la salud de los jóvenes y un foco de problemas de limpieza y medioambientales

Con la llegada del verano, el fenómeno del «botellón» se intensifica en varias localidades arousanas. La celebración de macrofestivales de música, o de eventos multitudinarios, como la Festa do Albariño o la del Auga, propician a menudo esta práctica.

Tanto la legislación autonómica como la estatal prohíben a los menores tanto el consumo de alcohol como «las actividades de ‘botellón’, entendidas como tales el consumo en grupo de bebidas alcohólicas en la vía pública, parques y plazas públicas y otros lugares de tránsito público», tal y como se establece en la ley estatal. Pero, en la práctica, resulta muy difícil evitar que se produzcan.

Cambados y Vilagarcía

Las noches del viernes y el sábado de la Festa do Albariño es habitual ver grupos haciendo «botellón». Hace unos años, el paseo de las palmeras era un hervidero de jóvenes consumiendo alcohol, y era tal el volumen de basura que acababa en el mar que hasta se instalaron barreras anticontaminación para evitar que todos esos desperdicios fuesen llevados mar adentro por las corrientes. Pese a todo, el alcalde, Samuel Lago, sostiene que han logrado «reducirlo notablemente» mediante la descentralización de las actividades.

«Lo que hicimos en la Festa do Albariño fue crear distintos eventos simultáneos para distintos tipos de públicos», explica. Así, por ejemplo, a los conciertos en Fefiñáns se suman las verbenas delante del consistorio, las «nortadas electrónicas» en San Tomé y otras actuaciones más pequeñas en plazas como Alfredo Brañas. Según Lago, esta apuesta ha dado buenos resultados.

En Vilagarcía, por su parte, el «botellón» alcanza habitualmente grandes magnitudes la noche previa a la Festa da Auga, en la madrugada del 15 al 16 de agosto, con numerosos grupos bebiendo en la playa y diferentes puntos de la ciudad. FARO trató de conocer la opinión al respecto del alcalde y presidente de la Fegamp, Alberto Varela, pero este declinó responder.

Cada vez hay menos

Samuel Lago apuntó que, en todo caso, «el botellón es un fenómeno que está yendo a menos». En efecto, los datos oficiales confirman la percepción del alcalde de Cambados. Según el Ministerio de Sanidad, el consumo habitual de alcohol ha disminuido un 60 por ciento entre los jóvenes de 15 a 24 años desde 2006, y más de la mitad de las personas de entre 18 y 24 años declararon haber dejado el alcohol o haber moderado su consumo para mejorar su salud.

Aún así, los expertos alertan de que aún hay datos muy preocupantes.

Las chicas jóvenes beben cada vez más para aliviar su malestar emocional

El catoirense Manuel Isorna, que es doctor en Psicología y profesor en la facultad de Educación y Trabajo Social del Campus de Ourense (Universidade de Vigo) señala que, en efecto, «después del covid se notó un descenso significativo» en la práctica del «botellón». Pero advierte de que es importante mantener la alerta, puesto que, «en verano hay acontecimientos que fomentan el consumo de alcohol».

Isorna, que es especialista en la prevención de adicciones, considera que la legislación actual es suficiente para proteger a los menores de los efectos adversos del alcohol, pero recuerda que en muchos casos las leyes no se cumplen. Y avisa de que esta situación no es solo imputable a las administraciones públicas, sino que también las familias tienen mucho que decir.

Así, señala que la comunicación con el menor debe ser constante, y no ceñirse únicamente al día en el que el chico va a salir y se teme un consumo abusivo de alcohol. «El trabajo preventivo hay que hacerlo todos los días», y señala que se puede tratar de sensibilizar a los hijos hablando con ellos y escuchándoles cuando se producen noticias relacionadas con el abuso de la bebida.

Manuel Isorna apunta también que para que el mensaje cale en los jóvenes, no basta con aleccionarles. «También hay que dar ejemplo, porque no podemos tratar de convencer a un menor de que no beba mientras nosotros estamos con una cerveza en la mano».

Asimismo, el arousano llama la atención sobre un fenómeno que preocupa en la actualidad mucho a los especialistas, y es el elevado número de chicas jóvenes que abusan del alcohol. «El consumo en los chicos ha ido bajando, pero en las chicas va en aumento». «Las jóvenes beben para dejar de encontrarse mal», señala Isorna. Se trata de una situación nueva, que obligará a investigadores y técnicos a estudiar también las adicciones con una perspectivas de género, para poder así mejorar el abordaje de este problema emergente.

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