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Marisqueo

A Illa se organiza para frenar a un furtivismo de bañador que ha reducido su presión

Las campañas de concienciación, las sanciones y la cartelería parecen haber funcionado en los últimos años, cayendo de forma importante el número de incidentes

Uno de los carteles que prohíbe mariscar situado en la playa de O Bao.

Uno de los carteles que prohíbe mariscar situado en la playa de O Bao. / Iñaki Abella

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A Illa

Hace tan solo tres o cuatro años, la llegada del verano para las mariscadoras de A Illa se convertía en un auténtico suplicio. Organizadas en grupos de vigilancia, tenían que hacer frente constante a los conocidos como furtivos de bañador, personas que, aprovechando su estancia en la playa, esquilmaban sus zonas de marisco. En más de una ocasión, esas llamadas de atención o identificación acababan con insultos y agresiones hacia las mariscadoras, con la intervención de los guardias rurales y con una sanción económica a los furtivos.

Las mariscadoras han comenzado a realizar esas tareas de vigilancia de las playas que realizan todos los años aunque con una diferencia notable con respecto a años anteriores: la caída de incidentes en el furtivismo de bañador. Así lo reconoce el patrón mayor, Juan José rial Millán, que apunta que «en los últimos tiempos no se han registrado incidentes graves; es cierto que siempre te puedes encontrar con algún negligente que quiere aprovecharse, pero el pasado año esas situaciones fueron mucho menos habituales que otras campañas y esperamos que asía siga». Una de las cuestiones sobre las que hace hincapié el patrón es el hecho de que «cada vez tenemos una mayor colaboración de la gente, incluso de personas que desconocen el funcionamiento del marisqueo, pero que llaman a los teléfonos que tenemos en la cartelería de la playa para denunciar cualquier incidencia que puedan ver».

Inma Rodríguez, presidenta de la Organización de Produtores (OPP-20), no quiere lanzar las campanas al vuelo porque el verano todavía se ha iniciado hace unos días y las mariscadoras comenzaron la vigilancia esta misma semana, pero también reconoce que «algo parece haber cambiado en los últimos tiempos, seguramente por la contante vigilancia que hacemos, por la cartelería que hay en las playas, por las campañas contra el furtivismo o por las sanciones, pero sí hemos notado en la pasada campaña que el número de incidentes ha descendido de forma notable».

Pese a ese descenso, las mariscadoras van a seguir controlando las playas durante todo el verano, realizando turnos de vigilancia entre las 160 trabajadoras del mar que integran el pósito isleño. «No podemos relajarnos porque está en juego la producción y ya hemos sufrido lo que hemos sufrido con las riadas y la mortandad», explica Rodríguez.

Los furtivos de bañador llegaron a convertirse en un serio problema para el marisqueo a pie de A Illa ya que, cada verano, bancos marisqueros como O Bao o Xastelas acababan siendo esquilmados por los veraneantes que se acercaban a disfrutar de las playas del municipio. Eso obligó a las mariscadoras a organizarse en turnos de vigilancia para ayudar a los vigilantes de la cofradía en el control de los arenales. Sorprender a algunos furtivos de bañador con varios kilogramos escondidos en las toallas comenzó a ser demasiado habitual y degeneró en enfrentamientos entre mariscadoras y bañistas, con muchos de estos retando a las mujeres e ignorando que el marisco no puede ser retirado de la playa sin el permex correspondiente. La lucha por frenar el impacto de estas acciones en el marisqueo parece que ha comenzado a dar resultados.

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