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Deporte base

Una escuela que navega con viento a favor

La escuela municipal de vela confirma cada verano que Vilagarcía mantiene una relación especial con la ría. Las 80 plazas ofertadas para las dos últimas semanas se agotaron en cuestión de horas y el Centro Galego de Vela volvió a convertirse en puerta de entrada al mar para niños de entre 8 y 16 años

Vilagarcía refuerza su vínculo con el futuro de la vela con la escuela municipal

Iñaki Abella

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Vilagarcía

La imagen se repite cada mañana en el Centro Galego de Vela. Un grupo de niños y niñas se reúne alrededor de la pizarra, escucha las primeras indicaciones técnicas, repasa conceptos básicos de navegación y se prepara para salir al agua. Después toca montar, navegar, recoger y volver a tierra con la sensación de haber dado un paso más en una actividad que, para muchos, empieza como una experiencia de verano y acaba convirtiéndose en una forma distinta de mirar la ría.

La escuela municipal de vela de Vilagarcía ha vuelto a demostrar este verano su capacidad de convocatoria. La actividad se viene desarrollando durante las dos últimas semanas, con 40 plazas en cada turno y 80 participantes en total. La respuesta fue inmediata. «Se abrió un lunes a las 9 de la mañana y 24 horas después ya prácticamente no quedaban plazas», explica Loli Camba, responsable técnica de la actividad. El dato resume mejor que cualquier balance el interés que despierta la vela entre las familias vilagarcianas.

La fórmula elegida este año ayudó también a reforzar esa demanda. En ediciones anteriores, la escuela se concentraba en una semana con grupos de mañana y tarde. Las plazas matinales volaban, pero las de la tarde tardaban algo más en completarse. Esta vez se optó por repartir la actividad en dos semanas, siempre en horario de mañana, y el resultado fue rotundo. Las 80 plazas disponibles quedaron cubiertas en cuestión de horas, confirmando que la escuela tiene un público fiel y una demanda que se mantiene año tras año.

No se trata, además, de una experiencia nueva en la ciudad. Camba recuerda que cuando era pequeña ya existía una escuela municipal de vela en Vilagarcía. Después hubo un largo periodo en el que la actividad desapareció, hasta que fue retomada tras la pandemia. Desde entonces, cada edición ha colgado el cartel de completo. Ese retorno ha permitido recuperar una conexión natural entre la infancia, el deporte y el mar, en una ciudad que vive de cara a la ría pero que no siempre ha tenido estructuras suficientes para canalizar esa vocación náutica.

El programa está pensado para participantes nacidos entre 2010 y 2018, es decir, con edades comprendidas aproximadamente entre los 8 y los 16 años. Durante cinco días, cada grupo completa sesiones de tres horas diarias. La dinámica combina teoría y práctica, con una organización sencilla pero muy completa. Primero se juntan en tierra, reciben las explicaciones correspondientes y preparan el material. Después salen al agua, navegan y, al regreso, participan también en la recogida de embarcaciones y equipos. La idea es que aprendan a navegar, pero también que entiendan todo lo que rodea a la actividad.

La navegación tiene en la ría un escenario inmejorable.

La navegación tiene en la ría un escenario inmejorable. / Iñaki Abella

La semana incluye un día de windsurf, tres jornadas de vela y una excursión final a Cortegada. Esa salida del viernes funciona casi como premio y cierre de curso. Los alumnos se desplazan en los Elliot, pero a lo largo de la semana tienen contacto con diferentes embarcaciones, lo que les permite probar sensaciones, ganar confianza y entender que la vela es mucho más diversa de lo que parece desde tierra. Actualmente son cinco los monitores que trabajan en la escuela, una cifra que permite atender al grupo con seguridad y mantener un acompañamiento próximo.

El escenario también suma. El Centro Galego de Vela ofrece unas instalaciones privilegiadas para una actividad de estas características. La ubicación, el acceso al mar, el material y la posibilidad de trabajar en un entorno específicamente diseñado para la navegación hacen que la experiencia resulte especialmente atractiva. «Este éxito de participación deja claro que la vela es una actividad muy valorada en Vilagarcía. Las instalaciones del Centro Galego de Vela también tienen mucho que ver», apunta Camba.

El interés de los participantes abre, sin embargo, una reflexión que va más allá de las dos semanas de escuela municipal. Muchos niños transmiten que seguirían navegando durante todo el año si existiese en Vilagarcía un club que les permitiese entrenar, evolucionar y competir sin tener que desplazarse. Ahora mismo, quien quiere regatear de forma continuada debe hacer el esfuerzo de ir y volver a Sanxenxo, el club más cercano para desarrollar esa parte deportiva. Para algunas familias, ese desplazamiento supone una barrera difícil de sostener.

La escuela municipal cubre así una primera función esencial: acercar la vela a quienes quizá no tendrían otra oportunidad de probarla. Pero también deja ver que hay cantera, interés y una base potencial para crecer. En una ciudad con tradición marinera, puerto, instalaciones especializadas y una ría con condiciones óptimas, la alta demanda de la actividad vuelve a poner sobre la mesa la posibilidad de dar continuidad a ese aprendizaje más allá del verano.

La actividad municipal termina, pero la navegación no se detiene. El Centro Galego de Vela continuará acogiendo durante todo el verano los cursos organizados por la Federación, por lo que la presencia de niños y jóvenes en el agua seguirá siendo una constante durante las próximas semanas. La escuela, en cualquier caso, ya ha cumplido su papel: llenar de velas la ría, despertar vocaciones y demostrar que en Vilagarcía sigue soplando viento a favor para el deporte náutico de base.

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