El Casino La Toja se inspira en el mítico Moulin Rouge francés para reinventarse como local de ocio
La sala de juegos más antigua de España recurre a la Belle Époque para dar a conocer su nueva imagen

Manuel Méndez

En junio de 1978 abría sus puertas Casino de La Toja, convirtiéndose en el primer casino legal de España tras la regulación del juego. Nacía así una «nueva era de ocio y elegancia» en Galicia que, a la postre, llevó a esta sala no solo a ser la más antigua de España, sino también una de las mejor valoradas.
Tras casi medio siglo de actividad no solo disfrutó de una época dorada, ejerciendo como uno de los reclamos turísticos de la isla grovense A Toxa y de toda Galicia, sino que también atravesó momentos difíciles. Tanto que incluso estuvo a punto de desaparecer en más de una ocasión.
Pero tras abrir una sala anexa en Vigo, que para muchos iba a ser su puntilla, Casino La Toja no solo ha sido capaz de mantenerse, sino que empieza a resurgir, para lo cual está resultando crucial el papel de su nueva gerencia, empeñada en reinventar este popular negocio y convertirlo en mucho más que un local en el que probar suerte jugando a la ruleta, las tragaperras, el póker o el blackjack.
La idea es que funcione como un local de ocio nocturno más. Un punto de encuentro en el que cualquier mayor de edad pueda disfrutar de una velada diferente, complementando las tradicionales apuestas con música, espectáculos de todo tipo y un servicio de restauración en el que se incluyen tanto la gastronomía como la coctelería y todo lo que un negocio de copas puede ofrecer.
Y eso es lo que ha querido demostrar anoche Casino La Toja con una fiesta en la que conmemorar su 48 aniversario.
Una cita de lo más original y gran vistosidad que evocó los tiempos de aquel periodo de la historia europea comprendido entre el fin de la guerra franco-prusiana (1871) y el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914) por todos conocidos como La Belle Époque.

Los protagonistas del espectáculo, trabajadores del Casino La Toja y el gerente. / Paco Luna
Aquella, en la que salieron a relucir figuras históricas como La Bella Otero, la vecina del Concello de Valga más internacional, fue una época caracterizada por un optimismo generalizado, una fuerte expansión económica y una fe ciega en el progreso científico y tecnológico de Europa que tuvo uno de sus símbolos inequívocos en el Moulin Rouge, fundado en 1889 en el barrio de Montmartre y convertido en el cabaré más célebre del mundo, reconocido por el icónico molino rojo de su fachada y por haber sido la cuna espiritual del baile del cancán.
Optimismo, expansión y fe son también pilares que sustentan ahora a ese casino que en los años 80 vivió su época dorada, ejerciendo como centro de ocio de referencia y punto de encuentro para turistas, figuras públicas y amantes del juego en las Rías Baixas.

Silvia Bastos, una de las organizadoras y de los responsables del Casino. / Paco Luna
Tanto esos, los amantes del juego, como los que no lo son, sino que simplemente buscan una oferta de ocio diferente, convivieron hasta la pasada madrugada en la aludida fiesta del 48 cumpleaños.
Y lo hicieron sintiéndose como clientes del Moulin Rouge gracias al espectáculo ofrecido por la firma viguesa Le BarLuthier, que adaptó su propuesta cómica musical habitual, protagonizada por los músicos Chucho González, Brais Iriarte y Pablo Costas y la show woman Míriam Rodríguez, al cabaré en que se había convertido en Casino La Toja.
Lo hicieron junto a bailarinas del colegio Summus Lac a las que dirige la propia Miriam, como Sara Lago, Uxía Táboas y Paula y Eva, esta última también perteneciente a la escuela de danza viguesa Media Punta.
Así las cosas, la música en vivo, el baile y el entretenimiento en torno al piano-bar de Le BarLuthier, esta vez en colaboración con la escuela Unidance, crearon la ambientación perfecta para trasladar hasta la Belle Époque a los asistentes a la fiesta, muchos de ellos ataviados para la ocasión con ropas de época, en una velada para inolvidable para la mayoría en la que no faltaron los regalos sorpresa y el photocall.
Tampoco la posibilidad de que cada uno de los participantes se dejara retratar con una cámara de época, de esas que hoy en día son piezas de museo y toman imágenes en blanco y negro tras un complejo proceso de revelado absolutamente desconocido para buena parte de los actuales usuarios de las modernas tecnologías.
En definitiva, que la sala que dirige Ángel Expósito hizo gala de su amplia oferta de juegos de azar, su selecta gastronomía y su capacidad para albergar eventos especiales con el propósito de «ofrecer una experiencia única para quienes buscan ocio y emoción en un ambiente distinguido». Todo ello a orillas de la ría de Arousa y en un lujoso inmueble que combina historia, lujo y sofisticación.
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