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Monumento Histórico Artístico

El conjunto monumental de Vista Alegre, amenazado por el paso y estacionamiento de vehículos

Los vecinos denuncian que el aparcamiento indebido durante el mercado ambulante daña el empedrado y obstaculiza el acceso al conjunto histórico

Vecinos de Vilagarcía alertan de la presencia de vehículos en el conjunto histórico de Vista Alegre

Manuel Méndez

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Manuel Méndez

Manuel Méndez

Vilagarcía

De todos los pazos de Vilagarcía, el de Vista Alegre, o Vistalegre, es el único que cuenta con la declaración de Monumento Histórico Artístico. Un edificio que se remonta a mediados del siglo XV, cuando García de Caamaño decidió construir una torre en este lugar desde la que dominaría el recién creado burgo y puerto. Pero la que es una de las imágenes turísticas y patrimoniales más importantes de la ciudad se ve amenazada por los vándalos, que no dejan de pintar en sus paredes, y por los coches, motos, furgonetas y camiones que circulan por la zona, a pesar de tratarse de una calle peatonal.

Así lo denuncian los propios vecinos, quienes alegan que la situación resulta especialmente grave los días de mercado ambulante, pues los vehículos no se limitan a circular para montar y desmontar los puestos de venta, sino que estacionan sobre el empedrado durante toda la mañana.

Los vehículos llegan a estacionar bajo el arco que une el convento con el pazo.

Los vehículos llegan a estacionar bajo el arco que une el convento con el pazo. / M. Méndez

Y eso, aseguran, perjudica a esta joya patrimonial e incluso entorpece el paso e impide el acceso a las escaleras que comunican el convento y el pazo con el río O Con y el parque de A Xunqueira.

En relación con esto, cabe decir que el Regulamento Municipal de Venda Ambulante elaborado hace años por el Concello de Vilagarcía de Arousa establece que los vehículos de los puestos ambulantes solo pueden permanecer en el recinto durante las operaciones de carga, descarga y montaje.

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Manuel Méndez

Y deja claro que deben estacionar obligatoriamente fuera del espacio de venta, salvo que el vehículo forme parte inseparable de la estructura del puesto, como los food trucks o furgonetas-tienda.

También explican los vecinos que se quejan por las dificultades existentes los martes y sábados, días de mercadillo, que «la misma ordenanza municipal determina que los vendedores pueden acceder al recinto para montar sus puestos de 7.00 a 9.30 horas, debiendo desalojar y dejar el espacio libre a las 15.00 horas, y lo que sucede es que algunos suelen llegar más tarde y marcharse antes, dejando sus furgonetas y turismos estacionados en el recinto histórico desde las diez de la mañana hasta la una o dos de la tarde».

Vehículos entorpeciendo el paso hacia el pazo.

Vehículos entorpeciendo el paso hacia el pazo. / M. Méndez

Quienes así se pronuncian dicen no estar en contra del mercadillo, pero sí exigen que se cumplan las normas y no se «tapone» el conjunto histórico con esos vehículos, alegando que «además de dañar el piso y entorpecer el paso, proyectan una muy mala imagen del lugar».

Un entorno histórico surgido después de que un incendio destruyera la edificación antes aludida, dando lugar al actual pazo, allá por 1545, «cuando se instituyó el mayorazgo de Vistalegre por iniciativa de Álvaro Gómez de Sotomayor, nieto del fundador, pero sobre todo por el empeño y la ayuda económica del hermano de Álvaro, Rodrigo de Mendoza, abad de Teverga (Asturias) y capellán de Carlos V».

Una historia que cuenta también la vinculación del pazo con el antiguo castro de Alobre, «situado en un alto y al pie de las marismas del río de O Con y del antiguo Camino Real que unía Cambados con Vilagarcía, y ésta con Santiago».

Fue así como «Vistalegre ofreció la imagen de un caserón con dos torres laterales durante casi cien años, hasta que un rayo derribó la torre sur».

El entorno del convento, esta mañana.

El entorno del convento, esta mañana. / M. Méndez

Fue en torno a 1645 «cuando un nieto de don Álvaro, Fernando de Andrade, arzobispo de Santiago, ordenó construir el convento de las agustinas (donde se celebra la fiesta de Santa Rita) y la torre se levantó de nuevo, pero sobre el propio convento, uniendo el pazo y la iglesia por un característico arco-pasadizo» bajo el que ahora llegan a estacionar los vehículos durante horas. 

Y, cabe insistir, no son solo vehículos relacionados con el mercadillo los que circulan o estacionan en la zona. Hay muchos conductores que usan la calle para atajar en sus desplazamientos, al igual que otros que la invaden para realizar labores de carga y descarga, aunque sin respetar los horarios establecidos.

Eso sin olvidar a los repartidores de comida a domicilio, empresas de mensajería y algún que otro supermercado que utilizan constantemente la calle al hacer sus entregas, para cruzar de un lado a otro de la ciudad, desde la plaza de abastos hacia la carretera de Cambados, O Piñeiriño y Fontecarmoa, o viceversa.

A lo que se suman durante el curso escolar, los padres de alumnos que, a pesar de esta prohibido, quieren llevar en coche a sus hijos hasta la puerta del colegio situado en el propio conjunto histórico.

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