Discapacidad
El viaje a Cíes que hizo de la inclusión una feliz realidad
Ada, alumna del CEIP Xulio Camba de Vilanova, pudo incluso llegar al faro de las islas con su clase gracias a una silla Joelette pilotada por dos usuarios formados por BATA y personas con TEA

Ada pudo disfrutas de las mejores vistas de Cíes gracias a la silla Joelette. / FdV
Ada María Bouzas Bitar hizo la excursión de fin de curso con sus compañeros. La frase puede parecer sencilla, casi rutinaria, pero detrás hubo un proyecto de inclusión real, recursos humanos, formación, sensibilidad y la voluntad de no aceptar que la orografía de un entorno natural sea una barrera insalvable. Ada, alumna de 5º de Primaria del CEIP Xulio Camba de Vilanova de Arousa, tiene 11 años, parálisis cerebral y una discapacidad motora muy elevada. Camina con andador, necesita cambios posturales, apoyo para sus cuidados diarios y se comunica a través de un dispositivo. Pero el pasado 2 de junio subió al faro de las Illas Cíes con su clase.
Lo hizo gracias a una silla Joelette del proyecto impulsado por BATA Servicios Integrales a la Comunidad, dentro de la iniciativa «Islas accesibles para todos», coordinada por Nacho Rey. Pero la fuerza de la historia está también en quienes pilotaron la silla: Daniel Otero y Diego Oubiña, dos personas con trastorno del espectro autista formadas por esta asociación para manejar este recurso adaptado y convertirlo en una herramienta de inclusión. Ambos se desplazaron hasta el puerto de Vigo, trasladaron el material al Parque Nacional Marítimo Terrestre das Illas Atlánticas de Galicia y acompañaron a Ada durante toda la ruta planificada por el centro educativo. La silla hizo posible que la niña compartiese el itinerario con el resto del grupo, no desde la distancia ni con una actividad alternativa, sino formando parte de la misma experiencia.
La Joelette es una silla todoterreno, a medio camino entre una carretilla y una litera, diseñada para que personas con discapacidad o movilidad reducida puedan practicar senderismo en espacios de difícil acceso con la ayuda de dos o tres acompañantes. Su uso abre la puerta a playas, senderos, montes o islas que, con una silla convencional, resultan inaccesibles o directamente imposibles. En Cíes, esa posibilidad se convirtió en una imagen concreta: Ada subiendo hacia el faro con sus compañeros, guiada por dos jóvenes con TEA que pasaron de ser alumnos de un programa formativo a protagonistas activos de una experiencia transformadora.

Diego y Dani cuidaron de Ada en todo momento. / FdV
«El mérito lo tiene Nacho y lo tienen también Diego y Dani», señala Víctor Pache, orientador del CEIP Xulio Camba, al recordar cómo nació la colaboración. La relación entre BATA y el colegio comenzó meses antes, en diciembre, cuando el equipo acudió al centro para ofrecer una charla sobre la integración de jóvenes y adultos con trastornos del espectro autista en la vida laboral. En aquel encuentro se abrió una posibilidad. En el colegio estaba Ada, una niña con escolarización combinada que acude dos días a Amencer Aspace y tres días al Xulio Camba. La primera idea fue probar la silla durante una carrera solidaria en O Terrón, pero pronto apareció una oportunidad mayor: la excursión a las Cíes.
La actividad se solicitó formalmente en marzo por parte del orientador del centro. En junio, la idea se convirtió en realidad. Daniel y Diego, pilotos de la silla Joelette y personas del espectro autista, acompañaron a Ada en una jornada que para el colegio fue mucho más que una salida escolar. «Subieron hasta el faro, estuvieron por la playa, llevamos un flotador y la metimos en el agua. Se le veía feliz como una perdiz», resume Pache. La imagen resume bien el sentido del proyecto: no se trata únicamente de mover una silla, sino de garantizar el derecho a disfrutar, convivir y participar. Y, al mismo tiempo, demuestra que la inclusión también consiste en situar a personas con TEA en un papel útil, visible y necesario dentro de la comunidad.
El proyecto «Islas accesibles para todos» parte de una premisa clara: personas que ayudan a personas. Su objetivo es facilitar que quienes tienen movilidad reducida puedan vivir experiencias en entornos naturales de enorme valor, pero de difícil acceso por la propia orografía. El Parque Nacional das Illas Atlánticas de Galicia —Cíes, Ons, Sálvora y el archipiélago de Cortegada— se convierte así en un escenario donde trabajar la accesibilidad universal, no solo con recursos técnicos, sino también con equipos humanos preparados para acompañar con seguridad y sensibilidad.
La iniciativa contempla la formación de un grupo de personas con trastornos del espectro autista y/o discapacidad intelectual como auxiliares de guía y pilotos de sillas Joelette. En el proyecto inicial se seleccionó a nueve alumnos y se diseñó un programa formativo adaptado, con manual específico, clases teóricas y prácticas en entornos naturales. BATA adquirió además dos unidades de sillas Joelette con los accesorios necesarios para su uso seguro y confortable. La metodología se basa en una formación dual adaptada, orientada a que los participantes adquieran competencias reales en senderismo inclusivo.
«Subieron hasta el faro, estuvieron por la playa, llevamos un flotador y la metimos en el agua. Se le veía feliz como una perdiz»
La dimensión del proyecto es doble. Por un lado, mejora la accesibilidad de personas con movilidad reducida a espacios naturales. Por otro, genera oportunidades de inclusión social y laboral para personas con TEA o discapacidad intelectual, situándolas en primera línea como agentes activos de la comunidad. No son meros beneficiarios de un programa, sino protagonistas de una actividad que mejora la vida de otras personas. Daniel y Diego son el ejemplo más claro de esa filosofía: personas formadas para ayudar a otras personas a llegar donde antes no podían. «Queremos que la inclusión sea de verdad», subraya Víctor Pache.
En el caso del Xulio Camba, Ada es una más dentro de su grupo. Su aula cuenta con 16 alumnos y la convivencia diaria ha generado una red natural de cuidado y apoyo entre compañeros. «Miran por ella en todo momento», explica el orientador. El centro cuenta con un aula específica para alumnado con discapacidad y mantiene una línea de trabajo orientada a la inclusión educativa. Ada estuvo en ella hasta hace dos años, cuando se vio conveniente establecer una escolarización combinada con Amencer Aspace.

La acción de BATA dio un día soñado a la alumna vilanovesa. / FdV
La experiencia de Cíes puede ser solo el principio. El centro quiere mantener la colaboración con BATA y abrir nuevas actividades, como posibles rutas por Cortegada o acciones vinculadas a limpiezas de playas. «Nos interesa mantener conexión con entidades así. Tenemos cada vez más niños con diversidad y la idea es mantenerla y ampliarla», apunta Pache. También el director del Parque Nacional das Illas Atlánticas se puso en contacto con el centro para explorar vías de continuidad y ampliar la experiencia, incluso con la posibilidad de que los jóvenes formados en la silla Joelette puedan formar a guías del propio parque.
El servicio, además, se ofrece de forma gratuita a centros educativos de la zona y a personas particulares con movilidad reducida. Ese carácter abierto resulta clave para muchas familias que, en muchos casos, ni siquiera se plantean la posibilidad de acceder a determinados entornos naturales. La silla Joelette cambia esa perspectiva. Donde antes había una renuncia previa, aparece una opción. Donde antes una excursión podía convertirse en una barrera, surge una experiencia compartida.

Los miembros de BATA llevaron a Ada a un lugar que creía inaccesible. / FdV
El curso de formación en pilotaje de sillas Joelette se integra dentro del proyecto «Batalleiros por la biodiversidade», que BATA desarrolla hasta septiembre de 2026. La iniciativa cuenta con financiación del Fondo Social Europeo Plus de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, y con la colaboración y apoyo del Parque Nacional das Illas Atlánticas de Galicia.
La excursión de Ada a Cíes dejó una lección sencilla y poderosa: la accesibilidad no es solo una cuestión de rampas, materiales o permisos. También depende de personas dispuestas a acompañar, de entidades que imaginan soluciones y de comunidades educativas que entienden que ningún alumno debe quedarse atrás. Aquel día, Ada subió al faro con sus compañeros. Y Daniel y Diego, dos personas con TEA formadas como pilotos, ayudaron a demostrar que la inclusión verdadera funciona en todas las direcciones.
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