La IGP Viños da Terra de Barbanza e Iria impulsa el enoturismo y la tradición de su aguardiente
La tradición vitivinícola de este territorio, documentada desde el siglo XVII, se complementa con la fama de la «caña do país» elaborada en Valga

La Denominación de Origen Rías Baixas tiene mucho camino andado tanto a nivel de producción como de exportación y explotación de las enormes potencialidades enoturísticas de sus viñedos y bodegas, de ahí, por ejemplo, que su Ruta do Viño sea una de las más importantes de España. Pero a caballo entre el Ullán, Arousa Sur y Arousa Norte hay otra marca de calidad que, salvando las enormes distancias existentes en cuanto a capacidad productora, quiere avanzar en ese camino, como es la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Viños da Terra de Barbanza e Iria.
Una figura que da pequeños pasos en esa dirección, como la jornada de enoturismo organizada por el Grupo de Desenvolvemento Rural (GDR) Salnés-Ulla Umia con la que incidir en el «potencial vitivinícola, cultural y paisajístico del territorio que abarca la IGP».
Así lo destacan desde el Concello de Valga, una de las paradas de esta propuesta tendente a «poner en valor los recursos locales a través de itinerarios enoturísticos que descubran la singularidad de un territorio en el que el mar, los ríos y la lluvia modelaron paisajes de gran valor y una tradición vitivinícola que da lugar a vinos de gran calidad».

La destilería de la Casa da Caña de Valga. / FdV
Tradición, por cierto, que se remonta muchos siglos atrás. Prueba de ello, los documentos eclesiásticos del siglo XVII en los que se indica que el territorio ahora considerado IGP disponía de «muy buena tierra de pan trigo, mijo, centeno y viñas en las que se recoge razonable vino».
Pero no solo de vino vive la IGP. También se nutre de un producto de notable fama derivado de su elaboración: aguardiente. Y claro, no podía faltar a la aludida cita con el enoturismo tratándose de Valga, que pasa por ser uno de los lugares en los que se elabora la mejor «caña do país».
De ahí que en la jornada de exaltación e implantación del enoturismo en Terra do Barbanza e Iria no pudiera faltar una visita de los participantes al Centro de Interpretación da Caña do País de la localidad valguesa, donde se hizo hincapié en el papel que desempeña el aguardiente como «producto altamente valorizado» que, por su singularidad, aporta un valor añadido del sector vitivinícola adherido a la IX.
Así se vivió el día grande de la XXXV Festa da Anguía e Mostra da Caña do País, en Valga. / Concello de Valga
Detallan desde el gobierno de José María Bello Maneiro que con esta actividad volvió a quedar de manifiesto que «la fama y calidad de la caña de Valga» está fuera de toda duda. Tanto que incluso superan a la del propio vino.
Durante la visita se explicó a los asistentes el proceso de la destilación tradicional de aguardiente en el municipio y lo importante que resulta, tanto desde el punto de vista histórico como por la variedad de licores que se destilan artesanalmente a partir del bagazo de las viñas de Barbanza e Iria.
De ahí, insiste el Concello, la relevancia de la Casa da Caña, impulsada por la administración local como «espacio en el que organizar actividades con las que conservar y divulgar la tradición cañeira de Valga, entendida esta como parte del patrimonio y la identidad locales».
Lo cual explica también que la localidad organice cada verano la Mostra da Caña do País, en la que se da visibilidad a la labor de los mejores productores locales y se trasladan a los asistentes las múltiples posibilidades que ofrece el ancestral proceso de elaboración de aguardiente.
Ni que decir tiene que la jornada organizada por el GDR no solo perseguía abrir camino desde el punto de vista enoturístico, sino también dar a conocer esta IGP localizada en la zona baja del litoral marítimo norte de la ría de Arousa y en el lecho inferior del río Ulla, cuyos viñedos están, mayoritariamente, por debajo de los 150 metros sobre el nivel del mar.
La demostración del destilado tradicional de aguardiente en la fiesta de la anguila y la caña de Valga. / Concello de Valga
Terreno «con suaves pendientes y clara orientación sur, protegida por la sierra de Barbanza, que ejerce un importante efecto barrera sobre la penetración de los vientos oceánicos, lo que representa las condiciones idóneas para un área de gran productividad agrícola», aseguran en la propia IGP, participada por los Concellos de Ribeira, A Pobra, Boiro, Rianxo, Dodro, Pontecesures, Valga y Catoira.
Es ahí donde se obtienen unos vinos «con equilibrio y armonía, excelentes expresiones aromáticas y buenas características de conservación», que son el resultado de la implantación de las viñas «en suelos francos, profundos y permeables, característicos de esta área geográfica».
Pero también de «unas prácticas culturales entre las que destaca la poda y conducción de las viñas, que se realiza manualmente y con maestría para hacer un idóneo control del potencial vitivinícola», presume la IGP.
Donde remarcan que sus vinos «son fiel reflejo de los efectos de las condiciones termo pluviométricas y agronómicas, pero también del efecto del factor humano, que se concreta en la mayoritaria utilización de variedades autóctonas».
Se refieren a «vinos blancos que presentan tonos amarillos dorado brillantes, con destacados aromas florales y de frutas, boca ligera y fresca, de buen potencial aromático y con toques cítricos al final».
Pero también a tintos con «una capa media con tonos rojos picota y ribetes violáceos, de estructura media y paso suave con aromas de frutas rojas y silvestres con un toque final ligeramente tánico».

Los gerentes de Castellum Augusti durante una promoción de la bodega valguesa. / FdV
Son elaborados por firmas como Adegas Entre Os Ríos, en A Pobra do Caramiñal; Bodegas Antonio Saborido López, en Boiro; Anselmo Tarrío Gregorio, con sede en Padrón; y Bodegas Castellum Augusti, en Cordeiro (Valga).
Características
En el acta de constitución de esta Indicación Geográfica Protegida se recoge que los vinos amparados con esta marca debe proceder exclusivamente de viñedos de la zona de producción y elaboración, constituida por los terrenos aptos para la producción de uva de los términos municipales de Boiro, Catoira, Dodro, A Pobra do Caramiñal, Pontecesures, Rianxo, Ribeira y Valga.
Pero también los viñedos de las parroquias de Camboño, Fruíme y Tállara, en el término municipal de Lousame; las parroquias de Iria Flavia y Padrón, del término municipal de Padrón; las de Baroña, Caamaño, Queiruga, Ribasieira, San Pedro de Muro y Xuño, en O Porto do Son; y la parroquia de Seira, en Rois.

Manuel Bandín, de Castellum Augusti, aplicando tratamiento ecológico contra la botritis. / FdV
Las producciones máximas de uva admitida por hectárea son 12.000 kilos para las variedades blancas y 8.000, para las tintas. Asimismo, «dado que en la elaboración de estos vinos no se permiten rendimientos superiores a 67 litros de mosto por cada 100 kilos de uva, las producciones máximas de vino admitidas por hectárea serán 80,40 y 53,60 hectolitros, respectivamente, para los obtenidos a partir de uvas blancas y tintas.
Las admitidas en la primera variedad son el albariño, caíño blanco, godello, loureira, treixadura, albarín blanco o blanco legítimo, chenin blanc (agudelo), torrontés y la popular uva ratiño galega.
Las variedades tintas empleadas van desde l brancellao al caíño tinto, pasando por el espadeiro, loureira tinta, mencía, sousón y merenzao.
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