Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Deporte inclusivo

El mar vuelve a abrirse al daño cerebral en Vilaxoán

Seis nadadores con daño cerebral adquirido y una veintena de voluntarios completaron en O Preguntoiro un nuevo entrenamiento en mar abierto de cara a la tercera Travesía a Nado Polo Dano Cerebral, que se celebrará el 11 de julio en Vilaxoán. La cita vuelve a unir deporte, superación y comunidad.

Grupo de participantes y voluntarios en la jornada en O Preguntoiro.

Grupo de participantes y voluntarios en la jornada en O Preguntoiro. / Cedida

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Vilagarcía

La playa de O Preguntoiro volvió a convertirse este sábado en algo más que un escenario deportivo. En sus aguas, seis personas con daño cerebral adquirido dieron un nuevo paso en la preparación de la tercera edición de la Travesía a Nado Polo Dano Cerebral, que se celebrará el próximo 11 de julio en Vilaxoán. No fue solo un entrenamiento. Fue una prueba de confianza, de resistencia y de adaptación al mar real, ese que impone más que la piscina y que obliga a medir cada brazada con respeto.

El grupo estuvo acompañado por alrededor de 18 nadadores voluntarios de Arousaman-Arousawoman, entidad que vuelve a implicarse en una cita concebida como una prueba inclusiva, solidaria y no competitiva, destinada a dar visibilidad al daño cerebral adquirido y a fomentar hábitos saludables a través del deporte. La travesía, impulsada junto a Dano Cerebral Galicia y la Fundación de Deportes de Vilagarcía, regresa este año a la playa vilaxoanesa, que ya acogió anteriores ediciones de una iniciativa en la que el acompañamiento es tan importante como la propia natación.

Juan Ramón Martínez, presidente de Arousaman-Arousawoman, resume el entrenamiento con una frase clara: «En Vilaxoán se cumplió el objetivo». Los nadadores, explica, «cogieron más resistencia y aplicaron lo que aprenden en la piscina», una transición fundamental para quienes llevan meses trabajando técnica, respiración y seguridad antes de enfrentarse a las aguas abiertas. «Siempre que los llevamos al mar se impresionan mucho. Es la tercera vez que van al mar. Hemos pasado la etapa de asustarnos», añade.

Esa evolución se nota en la manera de entrar al agua, pero también en la calma con la que afrontan el recorrido. Cada nadador avanza dentro de una unidad de nado, acompañado por dos voluntarios que marcan ritmo, ofrecen seguridad y reducen la incertidumbre que puede generar el mar. «Así van mucho más tranquilos», subraya Martínez. La fórmula permite que cada participante no se sienta solo en ningún momento y que la experiencia sea exigente, pero controlada.

La resistencia es clave para la travesía del 11 de julio.

La resistencia es clave para la travesía del 11 de julio. / Cedida

En O Preguntoiro, el trabajo no se limitó a nadar unos metros junto a la orilla. La sesión sirvió para ensayar sensaciones, controlar la respiración, acostumbrarse a la temperatura del agua y reproducir, en la medida de lo posible, las condiciones que encontrarán el día de la travesía. Para muchas personas con daño cerebral adquirido, el mar supone un reto añadido por la falta de referencias fijas, el movimiento de las olas y la necesidad de coordinar cuerpo y mente en un entorno cambiante. Por eso, cada entrenamiento cuenta. Cada entrada al agua ayuda a convertir la inseguridad inicial en rutina, y la rutina en confianza.

También para los voluntarios estos entrenamientos son esenciales. No solo acompañan, sino que aprenden a leer los gestos de cada nadador, a adaptar el ritmo, a anticipar cansancios y a transmitir tranquilidad. La unidad de nado funciona como un pequeño equipo dentro del agua, con una comunicación constante y una responsabilidad compartida. El objetivo es que quien nada con daño cerebral se sienta protegido, pero también protagonista de su propio esfuerzo. La travesía no busca sustituir su autonomía, sino reforzarla con apoyos.

En el entrenamiento del sábado participaron Lucía, Ana, Puri y Marina, las tres últimas procedentes de Santiago, además de Iván, de Vigo. También se sumaron otros nadadores vinculados al entorno de Sarela y personas que, poco a poco, se han ido incorporando a esta red de apoyo. Alberto llegó desde Boiro para nadar y Álex acudió con su pareja, que además es su cuidadora, para compartir el agua. Muchos familiares se acercaron a O Preguntoiro para seguir la sesión desde la arena, reforzando esa idea de comunidad que ya es una de las señas de identidad de la travesía.

El entrenamiento se repetirá el próximo sábado.

El entrenamiento se repetirá el próximo sábado. / Cedida

«Se creó una comunidad de nadadores muy buena», destaca Juan Ramón Martínez. Esa comunidad no nace solo el día de la prueba. Se construye en cada entrenamiento, en cada desplazamiento hasta la playa y en cada pequeño avance. Para los participantes con daño cerebral adquirido, completar una parte relevante del trazado supone mucho más que acumular metros. Es ganar confianza, mejorar la resistencia y demostrar que el mar también puede ser un espacio accesible cuando existen apoyos, planificación y voluntad.

El entrenamiento permitió cubrir «una parte muy importante del recorrido», un dato que la organización interpreta como una señal positiva de cara al 11 de julio. «Significa que van cogiendo resistencia, que es el objetivo de estos entrenamientos. Queremos que lleguen a tierra desahogados después de hacer un buen trabajo en el mar», afirma el presidente de Arousaman-Arousawoman.

La preparación continuará en las próximas semanas. El grupo repetirá sesión el próximo sábado y también el día 27, de nuevo en O Preguntoiro, para seguir familiarizándose con el escenario de la travesía. La meta no es competir ni llegar antes que nadie, sino llegar bien. Y, sobre todo, llegar juntos. Porque en Vilaxoán, cada brazada tiene un sentido que va mucho más allá del deporte: visibilizar el daño cerebral adquirido, acompañar a quienes conviven con él y recordar que la inclusión también se puede nadar.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

Tracking Pixel Contents