Celebración
Javi y Carlos, dos vidas unidas por la hostelería en Vilagarcía
El bar Xuntanza celebra un triple aniversario: 35 años de uno de los hosteleros más populares de la ciudad, 24 con el negocio que comparten y 14, casados

Manuel Méndez

Javier Rodríguez y José Carlos Justo son pareja desde hace un cuarto de siglo. Estos días celebran su 14 aniversario como matrimonio, pero también una vida entre los fogones y tras la barra del bar Xuntanza, que abrieron en Vilagarcía cuando se casaron. Lo hicieron aprovechando la experiencia del primero, uno de los más veteranos y populares hosteleros de Vilagarcía, que empezó a trabajar en el sector hace justamente 35 años, en el mítico y ya desaparecido bar Xentes.
Javier Rodríguez, al que todos conocen como Javi, es uno de los hosteleros más veteranos de Vilagarcía de Arousa y, quizás uno de los más queridos.
Desde sus comienzos en el Xentes, aquella pequeña tapería que regentaba Vicente Avilés en un local de la calle A Baldosa, donde ahora se encuentra la vermutería Stocolmo 2.0, este vilagarciano de 50 años ha sabido abrirse camino en un sector que atravesó momentos muy difíciles, sobre todo en pandemia, y que se ve afectado desde hace tiempo por la escasez de mano de obra y, sobre todo, la carencia de personal cualificado.

Javier Rodríguez y José Carlos Justo, la pareja que regenta el bar-tapería Xuntanza. / FdV
Pero él, al que muchos se refieren aún como «Javi el del Xentes», es uno de esos camareros de antes, de los que atesoran experiencia y saben lo que hacen. En su caso, además, no necesita mano de obra, ya que ha ligado su vida laboral y personal a la de José Carlos Justo, nacido en el Concello de Poio hace 60 años. Un consagrado cocinero con el que está casado desde hace catorce años, aunque comenzaron su andadura como pareja mucho antes, hace ya un cuarto de siglo.
«Estos días todo son celebraciones para nosotros, pues por un lado cumplo 35 años en la hostelería y, por otro, mi marido y yo estamos de aniversario, además de cumplirse 24 años desde que montamos este negocio», explica Javi, haciendo alusión al bar-tapería Xuntanza, situado en el número 14 de la calle Juan García.
Allí, en pleno centro de Vilagarcía de Arousa, Carlos se encarga de los fogones y Javi se ocupa de la barra y la atención en las mesas, tanto en interior como en terraza, a veces trabajando a un ritmo frenético, ya que se trata de uno de los negocios más activos de la localidad.
Quizás por su pulpo, su carrusel de tostas de pan con tomate, queso y lomo o por los calamares, que son, junto a la fabada y la zorza, algunas de las especialidades de las que presume este negocio.
«Corren tiempos difíciles para la hostelería, pero no nos podemos quejar porque tenemos una clientela fiel que, al igual que sucede con los que nos visitan ocasionalmente, está encantada con nuestra cocina y el trato cercano y familiar que le ofrecemos», reflexiona Javi.
El mismo que recuerda con nostalgia sus inicios en el sector, cuando siendo un quinceañero aprendió a caminar en el mismo al lado del inolvidable «Vicente el del Xentes», del que tanto pudo aprender y que murió en mayo de 2008, solo unos días después de que falleciera otra referencia de la hostelería local en aquella época, Tino Abad.

«Javi el del Xuntanza», en la cocina de su bar. / FdV
«Nos hacemos mayores, pero es inevitable recordar con cariño aquellos inicios que marcaron mi vida para siempre y me permitieron no solo orientar mi vida en un trabajo que me apasiona, sino también encontrarme en este viaje con Jose, mi marido», manifiesta el hostelero vilagarciano.
Cuando la pandemia lo tenía claro: «Hay que levantar la cabeza, pelear y seguir adelante como sea». Seis años después, Javi sigue implicado en la causa con el mismo espíritu, dispuesto a sacrificarse a diario para mantener un negocio que ha marcado su vida y en el que sustenta su futuro.

Javi y Carlos, en el interior de su local. / FdV
En 2021 confesaba a FARO DE VIGO: «Muchos se han ido para siempre y han dejado un gran pesar en mi corazón y en el de mucha gente, pero tengo la inmensa fortuna de haber compartido grandes momentos con ellos y de haber tenido su amistad, la cual mantengo con otros muchos clientes que conozco desde que trabajé en el Xentes y que ahora, treinta años después, siguen formando parte de mi vida».
Un lustro más tarde, cuando celebra haber alcanzado 35 años en el sector, sigue echando de menos a aquella gente de la que hablaba entonces y vuelve a agradecer el cariño de cuantos lo apoyaron a él y a su marido. Siempre con el mismo lema: «No hay que perder nunca la sonrisa ni las ganas de trabajar duro».
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