Attis Bodega & Viñedos celebra 25 años honrando su legado de viticultores y bateeiros
Los fundadores Robustiano y Baldomero Fariña destacan el vínculo inseparable entre mar y tierra que define el carácter de sus vinos
La firma de Val do Salnés, nacida en 2001, se basa en el respeto al territorio y las variedades autóctonas, especialmente el albariño

Robustiano y Baldomero Fariña presumen de ser bateeiros y viticultores. / FdV

Attis Bodega & Viñedos cumple 25 años. Lo hace con un lema contundente que expresa el orgullo que sienten sus fundadores: «Somos bateeiros y viticultores». Dicho de otro modo: «Somos de O Salnés, criados en el mar de Arousa».
Ellos son Robustiano y Baldomero Fariña, las caras visibles de este proyecto familiar nacido hace un cuarto de siglo en el Concello de Meaño, es decir, en Val do Salnés, la subzona productora más importante de la Denominación de Origen Rías Baixas.
Con motivo de su 25 aniversario, desde Attis destacan que «durante generaciones», la familia Fariña ha sabido compaginar el cuidado de las viñas con el trabajo en las bateas de mejillón, «manteniendo un vínculo inseparable entre mar y tierra que hoy define el carácter de nuestros vinos».

Una de las imágenes promocionales de la bodega. / FdV
Y lo ha hecho explorando diferentes formas de crianza, mimando al albariño tanto en granito como en cerámica, hormigón, barricas y/o fudres, tal y como detalla en esta firma que desde su fundación en 2001 ha querido transmitir «una filosofía basada en el respeto al territorio, la tradición y las variedades autóctonas, especialmente el albariño».
En las instalaciones de que dispone, construidas en granito en 2012, Bodegas Attis «combina tradición y evolución» en vinos que se caracterizan «por su frescura, carácter salino y mineral, fruto del respeto por el entorno y la relación entre el mar y la viña», insisten los fundadores.
De este modo, con la explotación de alrededor de 28 hectáreas de viñedo, presenta vinos que, en cierto modo, se convierten en reflejo del paisaje, la cultura y la identidad de la comarca de O Salnés, desarrollando «una filosofía basada en la mínima intervención y en la búsqueda constante de nuevas expresiones del albariño y el terruño atlántico».

En Attis presumen de ser viticultores y mejilloneros, pero también de ser una gran familia. / FdV
Así lo entienden los responsables de esta bodega, cuyo nombre está inspirado en una deidad de la antigua Frigia (Asia) que fue consorte de la diosa Cibeles y que en la mitología simboliza la vegetación, la muerte y el renacimiento anual de la naturaleza.
Cuando Attis murió, la diosa logró que su cuerpo se transformara en flores y plantas, de ahí ese simbolismo vinculado al renacimiento y el ciclo de la vida.
La historia de esta bodega arousana está también estrechamente ligada a la cocina, pues en 1986 la familia fundaba un restaurante a los pies de la bodega original, «entendiendo la gastronomía como una extensión natural del viñedo y del mar».
Explican los Fariña que las primeras elaboraciones caseras de aquel restaurante «fueron el germen de lo que hoy es Attis», donde se elaboran una veintena de referencias, muchas de ellas obtenidas con microvinificaciones y, por tanto, de producción limitada.

El interior de la bodega asentada en Meaño. / FdV
Cada uno de esos procesos «nos permite obtener diferentes resultados partiendo de las variedades autóctonas, explorando el potencial de cada una de ellas a partir del respeto a sus características propias, dando como resultado vinos que se sustentan en la tradición, esfuerzo, paciencia y saber hacer heredado de generaciones anteriores».
Es por ello que cada vino trata de transmitir algo diferente, pero incluyendo siempre el sabor de una marca que quiere preservar el legado de la trayectoria vitivinícola de Val do Salnés mientras mira al futuro «con inquietud y creatividad».
Entre todos ellos quizás sobresalga el «Attis Albariño», el vino que lleva el nombre del proyecto familiar y es buque insignia de la bodega. Un caldo fiel a su carácter monovarietal que es fruto de la recolección en «una cuidada selección de parcelas de Meaño».
Viñas orientadas al Atlántico con una edad mínima de medio siglo que se cultivan mediante el tradicional sistema de emparrado en pérgola de las que se obtiene un blanco «armonioso y elegante» que aporta «abundantes notas de fruta blanca madura (albaricoque y melocotón), junto a flores blancas (lirio) y toques minerales y salinos que le aportan personalidad».
Explica su ficha de cata que «la frescura característica de los albariños de O Salnés se complementa con la cremosidad de su crianza de seis meses sobre lías y el aporte de una breve estancia en fudres de roble», resultando en boca «sabroso y potente, con una acidez muy bien integrada».
Aunque puestos a citar marcas, no hay que olvidarse del «Attis Mar», que se presenta como un vino «auténtico, artesanal, atlántico y autóctono» resultado de «una experiencia única» consistente en «sumergirlo en las profundidades de las Rías Baixas durante seis meses, envuelto por las frías aguas del Atlántico para realzar al máximo su expresividad y matices».
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