De O Grove a Asia
Pablo Ozo, el artista que nació en pandemia, expone en Tailandia y China
El joven creador, que comenzó a pintar con asiduidad durante el confinamiento, expondrá en Bangkok y Bahía de Shenzhen su peculiar estilo de figuras híbridas inspiradas en el impulso vital

FdV

Podría decirse que la obra del artista grovense Pablo Ozores, «Ozo», creció con FARO DE VIGO, ya que durante los últimos años han sido muchas las referencias a la imparable evolución de este joven que, con solo 25 años, protagonizó ya multitud de exposiciones, tanto en España como en el extranjero.
Y además en un tiempo récord, pues si bien pintaba desde niño, no fue hasta la pandemia del covid cuando empezó a explotar su faceta artística.
Ahora Ozo vuelve a ser noticia, toda vez que entre los días 11 y 14 va a mostrar 18 pinturas en óleo y carboncillo en Bangkok, la capital de Tailandia, mientras que desde el 18 hará lo propio en una galería de Bahía de Shenzhen (China).

El artista grovense realizando una de sus obras. / FdV
«States of Alignment», en español «Estados de alineación», es el título de esta que es su primera exposición individual en Asia. Continente en el que recala tras haber pasado con su arte por diferentes salas de Madrid, Berlín, París y Londres, además de incorporar algunos de sus cuadros a colecciones privadas tanto en tierras asiáticas como en Europa, Asia y América.
La nueva colección se presenta en el 515 Victory Hall, un salón de eventos multiusos destacado como espacio comunitario artístico que se sitúa en la cuarta planta de un hotel boutique ubicado en el corazón de Bangkok.
Las obras de Ozo se darán a conocer junto a la familia Phornprapha, fundadora del grupo Siam Motors y una de las dinastías empresariales más influyentes y acaudaladas de Tailandia, ampliamente reconocida por ser la pionera de la industria automotriz en ese país y con una fortuna e influencia que se han consolidado a lo largo de varias generaciones, expandiéndose hacia múltiples sectores económicos y con una de las colecciones pictóricas más importantes del mundo.

Ozo en su taller. / FdV
El programa previsto para esta exposición incluye una recepción privada con presencia de figuras relevantes de la escena social, empresarial y cultural tailandesa, además de coleccionistas y medios de comunicación.
También actividades de acompañamiento como un «desayuno del arte» y una sesión de pintura en directo, en la que Ozo trabajará delante del público, como ya hizo en diferentes momentos de su aún corta pero intensa carrera.
En 2023, por ejemplo, pintó ante los asistentes a la popular Ocean Race, que aquel año zarpaba desde el puerto de Alicante, convirtiendo al litoral mediterráneo español en el centro de todas las miradas a nivel nacional e internacional.

El material de trabajo de Ozo. / FdV
Aquella Vuelta al Mundo a Vela organizaba en tierra firme el Ocean Live Park, un programa que atraía a miles de personas e incluía todo tipo de espectáculos, entre ellos uno de luz y sonido protagonizado por 200 drones y la intervención de Ozo, que con solo 22 años había sido requerido para pintar en directo en la gala de despedida de la Ocean Race y elaborar un gran cuadro repleto de motivos relacionados con el mar.
El propio artista meco explica a FARO, en relación con su proyecto en Asia, que va a exponer «dieciocho pinturas nuevas», lo cual supone «el conjunto de obra más ambicioso» de cuantos ha presentado.
Una propuesta de la que también podrán disfrutar quienes desde el día 18 acudan a Shenzhen (China), una moderna metrópolis que conecta Hong Kong con el territorio continental, para ver su obra en la galería del complejo comercial y urbano MixC, en el distrito de Nanshan, considerado uno de los destinos de estilo de vida, compras de lujo y entretenimiento más prestigiosos de Shenzhen.

Detalle de una de las obras. / FdV
En definitiva, «dos exposiciones en dos países, en poco más de una semana», hechas realidad por un Pablo Ozo que vive a caballo entre O Grove y Madrid, donde reside por su trabajo y las exposiciones que protagoniza, pero mantiene abierto en la localidad meca el taller donde empezó a pintar siendo niño, cuando «al regresar de la escuela tenía que hacer cuatro o cinco dibujos, pues de lo contrario no podía irme a comer».
Aquello era para él «una forma de expresar mi mundo interior». Y de tanto «mirar e inventar figuras sin copiar nunca de una fotografía», nació el artista que ahora expone su obra a 12.000 kilómetros de casa.

El artista grovense, hace tres años. / FdV
Al ser preguntado por el sentido de la misma, aquel niño que siendo adolescente aparcó el dibujo para centrarse en el mundo del marketing, sin dejar nunca de lado su faceta más creativa, responde que no pinta personas, sino «una especie propia que he ido desarrollando durante años».
Se trata de «figuras híbridas, a medio camino entre lo humano y lo animal, de ojos grandes, narices redondas y manos enormes, pintadas a gran escala en óleo y carboncillo, en una paleta de tierras, ocres, carnes y algún azul, sobre fondos etéreos que no remiten a ningún lugar concreto».
Un trabajo abstracto que muestra «cómo seríamos si actuásemos solo desde el impulso, de ahí que el título de la muestra juegue con la palabra alineación».

Los orígenes de Ozo. / FdV
Para Ozo, «alineación suele entenderse como un modo de ajustarse a una medida externa u obedecer a una norma, pero con mis figuras quiero reflejar exactamente lo contrario, por eso se les ha retirado la razón, de forma que no calculan, no se justifican, no responden a ninguna convención y no pueden hacer otra cosa que ser lo que de verdad son».
Seres que actúan «desde el instinto y el deseo» que «no están alineadas con la norma, sino consigo mismas, en una suerte de contraalineación».
Quizás todo ello resultado de las largas semanas encerrado en casa a causa del confinamiento provocado en España por el covid, que fue cuando contra alineación Ozo comenzó a pintar con asiduidad para después empezar a comercializar sus cuadros, así como los bolsos y prendas textiles que decoraba bajo la marca «Ozo Supply».
Los mismos artículos, por cierto, que lo llevaron posteriormente a trabajar durante un tiempo en Berlín para, al lado de una diseñadora local, formarse en moda y buscar la forma de darse a conocer al público.
Durante la pandemia usaba rotuladores para trazar sobre cartulina unas ideas claramente influenciadas por la energía que le transmitían las obras Jean-Michel Basquiat y Andy Warhol, una de las alianzas artísticas más famosas, explosivas y complejas del Nueva York de la década de 1980. Juntos representaron el choque y la fusión entre la veteranía consolidada del Pop Art y la insurgencia enérgica del Neoexpresionismo callejero.
Y desde entonces Ozo fue volcándose hacia la historia de la pintura de Willem de Kooning (1904–1997), un pintor neerlandés nacionalizado estadounidense mundialmente reconocido como una de las figuras cumbre del expresionismo abstracto.
Sin perder de vista en ningún momento la obra del pintor británico Francis Bacon (1909–1992), reconocido como uno de los artistas figurativos más influyentes y perturbadores del siglo XX.
Y como no, dejándose llevar también por la obra de alguien que no necesita mayor presentación, el genial pintor y escultor español Pablo Ruiz Picasso (Málaga, 1881-Francia, 1973), uno de los mayores artistas del siglo XX y el gran revolucionario del arte moderno gracias a la creación del cubismo.
Dejándose llevar por sus maestros y refinando su oficio hacia el óleo y el carbón sobre lienzo, Pablo Ozo fue labrándose su propio camino, que tras las exposiciones de Tailandia y China lo llevará por diferentes puntos de Oriente Medio el año que viene.
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