Patrimonio
Burló un naufragio y ahora suena en Carril
La Asociación de Campaneiros logra identificar el buque al que perteneció la pieza de la capilla de Os Anxos

La campana de Carril que perteneció al buque escocés. / Sinos de Bronce
Las campanas de todos los templos tienen su historia, pero algunas han visto cosas más allá de los dominios de su diócesis.
Es el caso de la perteneciente a la pequeña capilla de Santa María dos Anxos, en Carril, que surcó los mares a bordo del «SS Juan Cunningham», después de ser rematado en los astilleros escoceses de la compañía Thompson WB & Co. LTD. Cuenta Xosé Troiano que la reutilización de campanas de embarcaciones en iglesias no es infrecuente, aunque tampoco lo más habitual.
«De las más de 7.000 que llevo registradas, habrá unas 45 o 46 que pertenecieron a barcos. La mayoría acaban así por donaciones, pero también puede ser por una compra a una persona dedicada a la chatarra, al desguace de navíos que la vende», detalla este miembro de la Asociación de Campaneiros de Galicia.
La entidad prosigue con su gira altruista por toda la comunidad gallega catalogando, documentando e incluso replicando en tres dimensiones este patrimonio con el fin de preservarlo y, de paso, alejarlo de la tentación de los ladrones.
Así fue como el vilanovés Rogelio Vieites y el experto en drones Ángel J. Carrera descubrieron este caso. «Fue de casualidad y porque nosotros sabemos que cuando una campana tiene solo una fecha en un lateral, una fábrica sencilla y otras características, como una forma más redondeada, suele haber pertenecido a un barco», relata el campanero arousano.
Solo quedaba saber a cuál había pertenecido, pero no iba a resultar sencillo porque la única pista existente era el año de construcción, 1883. Pero la entidad cuenta con una amplia red de colaboradores, amantes de la historia y el patrimonio, así que Troiano tiró de contacto del arqueólogo y submarinista Miguel San Claudio, que quitó mucha paja para encontrar la aguja.
Le dirigió a un registro donde poder consultar fechas de construcción de navíos y tras cruzar diferentes datos, el «Cunningham» era «el único que encajaba», explica el campanero. Este mercante media 60 metros de eslora y estaba dotado con una potente máquina de valor para el transporte de mercancía, pero el 5 de octubre de 1912 «naufragó en Pedra Langosteira, en la Illa de Sálvora, llevando un cargamento general, pero la mayor parte era maquinaria. Según el periódico El Noroeste, unos días después, el 12, su carga se estaba llevando en gabarras al puerto de Carril, pues parece que ser que se partió en dos», explica Troiano.
No saben, y quizás nunca se sepa, cómo acabó su campana en la capilla arousana, pasando de hablar el toque marítimo al religioso. Como curiosidad añadida, cuenta Xosé Troiano otro caso, la perteneciente a un buque militar de Estados Unidos que hizo aguas en un río brasileño y hoy luce en un campanario gallego.
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