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Patrimonio

El Concello de Cambados evalúa hoy el osado ataque al BIC de Fefiñáns: «No será barato ni rápido limpiarlo»

Aunque lo atribuyen a una «chiquillada» se interpondrá denuncia, porque «no pueda quedar impune»

En la pintada se intuye el nombre completo de alguien

La pintada en la iglesia de San Benito de Fefiñáns, en Cambados.

La pintada en la iglesia de San Benito de Fefiñáns, en Cambados. / Iñaki Abella

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Cambados

La incidencia del vandalismo en O Salnés es un tema que preocupa en gran medida a las autoridades municipales porque empieza a cruzar líneas rojas. Recientemente fue el yacimiento prehistórico de Vilagarcía y este fin de semana le ha tocado a la iglesia de San Benito, en plena plaza de Fefiñáns. El ataque a esta seña de identidad de Cambados es una pintada de color negro, como repasada posteriormente y de la que se intuye un nombre y sobre todo un apellido muy común en la villa: Aragunde.

El cura párroco, José Aldao, alertó a todas las autoridades competentes y tenía previsto interponer hoy la correspondiente denuncia ante la Guardia Civil y la Policía Local, aunque extraoficialmente ya estaban enterados.

«Es obligatorio», declaró con consternación. «Ahora solo nos queda esperar. Es un BIC, no podemos comprar cualquier producto y limpiarlo. Nos moveremos todo lo posible para que sea rápido, pero viene el verano y pasan peregrinos, turistas, feligreses... y no te gusta entrar en la iglesia y verla así», añadió el religioso, expresando «rabia contenida».

No cree que haya sido algo en contra de la institución: «Le tocó a la iglesia como le podía haber tocado al palacio y si nunca gustan estas cosas, menos en un espacio tan emblemático», lamentó.

Sospecha que fue producto de una «chiquillada». También el concejal de Patrimonio, Liso González, que está evaluando la interposición de una denuncia por parte del Concello para enviar un mensaje de que estos ataques no pueden quedar impunes. «Quiero pensar que se trata de una niñería, muy niñería, porque si estuviéramos hablando de alguien que pase los 16… Ya no lo entendería. Sería un síntoma muy preocupante de cómo estamos educando a nuestros hijos», exponía ayer.

Él mismo reconoce que se ha atravesado una línea roja: «Ya no ha sido en un sitio escondido, apartado, como pasaba en Torrado, donde no sucede desde que dejamos la reja abierta, o en el monte de A Pastora o en el Muíño da Seca, no, es en plena fachada de la iglesia de San Benito. Se han atrevido con una seña de identidad como es el templo y la plaza de Fefiñáns». Además de ser un Bien de Interés Cultural (BIC), recuerda, lo cual complica el arreglo en el sentido de que no va a llegar a pronto, además del coste elevado que va a suponer.

La elección transpira un descaro sin temor a las consecuencias que el Ayuntamiento no va a permitir y espera que las autoridades policiales encuentren a los autores.

Quizás tirando del hilo del apellido, por si alguna persona que lo lleve está inmersa en algún tipo de conflicto conocido, pues el acto parece tener un tono acusatorio. González reconoce que será difícil, empezando porque Aragunde es muy común, pero defiende como necesario que «se conozca el autor y se sepa que los actos tienen consecuencias y no pueden quedar impunes».

Además del interés en reclamarle la limpieza y sin olvidar que podría considerarse como una infracción grave recogida en la Ley 5/2016, de 4 de mayo, del patrimonio cultural de Galicia, que contempla multas que van de los 6.001 a los 150.000 euros.

El técnico municipal de patrimonio evaluará hoy la pintada y realizará un informe para ver los pasos a seguir. El templo es propiedad del Arzobispado de Santiago, pero el Ayuntamiento está a su disposición para participar «en la medida de sus posibilidades» tratándose de este bien.

El concejal ya avanzó ayer que la pintada no desaparecerá pronto porque al ser un elemento con la máxima protección patrimonial se requiere de un trámite «más complejo», que debe pasar por la comisión autonómica y contar con un proyecto de intervención encargado a un profesional, así que «no va a ser barato ni rápido».

Basta recordar lo sucedido con el molino de mareas, lo que se tardó en conseguir permisos, además de los 10.000 euros del erario público que se comió limpiar la horrenda pintada que, por otra parte, fue imposible eliminar totalmente. O el caso del Castro Alobre, que le costará 15.000 euros al Concello de Vilagarcía.

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