El temido saltamontes americano reaparece en un viñedo sin mildiu que inicia el proceso de cuajado
Las vides superan la floración y alcanzan el estadio fenológico de formación del fruto con un importante desarrollo vegetativo y sin plagas
Tras detectar las primeras ninfas en O Condado y O Rosal, los viticultores deben vigilar la evolución de la flavescencia dorada

La EFA destaca que una buena aireación hace que los racimos sean más sanos. / EFA

Como se explicaba hace días en FARO DE VIGO, el viñedo ha alcanzado el estadio fenológico de plena floración, que es una etapa crucial para la futura cosecha.
Pero hay predios más avanzados que entran de lleno en el estadio principal de formación del fruto, más concretamente, en la etapa 71 de la escala BBCH, es decir, la de cuajado, cuando los frutos jóvenes comienzan a hincharse y los restos florales se han perdido ya.
Muy pronto llegarán los niveles 73, cuando las bayas tienen el tamaño de un perdigón y los racimos comienzan a prender, y 75: bayas tamaño guisante y racimos colgantes.

Una mancha bien controlada. / EFA
Los niveles 77, cuando las bayas comienzan a tocarse, y 79, en el que todas las bayas de un racimo se tocan, completarán a lo largo de junio este proceso de formación del fruto y darán paso al estadio 8, referido a la maduración de las uvas.
Aunque no todos los viñedos alcanzaron ya ese estadio de formación del fruto o cuajado aludido, dado que los hay completando aún el proceso de floración; ya en la recta final del mismo, con más el 70% de capuchones caídos.
De lo que no hay duda es de que esta etapa ha resultado altamente positiva en buena parte de los viñedos de la Denominación de Origen Rías Baixas, beneficiada por las condiciones meteorológicas reinantes (salvo en el caso de las tormentas y granizadas puntuales) y la ausencia de enfermedades como el mildiu o el oidio.

Síntomas de oidio en hoja. / EFA
En todo ello abunda la Estación Fitopatológica de Areeiro (EFA), que en su último boletín informativo resalta que la meteorología durante la última semana y la influencia del aire sahariano favorecieron el avance fenológico de los viñedos y el crecimiento vegetativo de las plantas.
Un crecimiento «de tal magnitud, que en algunos casos puede perjudicar las potenciales aplicaciones fitosanitarias», toda vez que el producto a aplicar tiene más dificultades para alcanzar las zonas altas de las viñas conducidas en parra».
En general, las viñas de las diferentes comarcas están en muy buen estado, con ausencia total de síntomas o con manchas antiguas bien controladas
A esta advertencia, la EFA suma otra en la que incide repetidamente desde hace semanas: hay que eliminar la vegetación adventicia para favorecer la aireación de los viñedos.
Algunos presentan «situaciones incompatibles con la sanidad de las vides, incluso en predios donde las plantas aún son jóvenes», recalcan los técnicos.

Una finca convenientemente rozada. / EFA
Y no solo eso, sino que en aquellas fincas donde se haya superado la flotación «hay que pensar en ir controlando poco a poco ese exceso de vegetación e ir eliminando los nietos y brotes chupones en general».
De este modo se consigue que los racimos estén aireados y reciban la necesaria energía solar, pero también se trata de «favorecer la penetración de los fitosanitarios», que a partir de ahora van a prepararse, mayormente, a base de fungicidas penetrantes.
En cuanto a las plagas, a grandes rasgos puede destacarse que el mildiu está bajo control. «En general, las viñas de las diferentes comarcas están en muy buen estado, con ausencia total de síntomas o con manchas antiguas bien controladas», detallan los expertos.

Manchas de black-rot en plantas abandonadas de O Condado. / EFA
De ahí que su recomendación se limite a «mantener la continua vigilancia de las viñas, siendo más estrictos (en cuanto a la aplicación de tratamientos) en los predios donde no se logró controlar bien alguna infección anterior, en aquellos donde la protección de la aplicación precedente pueda estar próxima a finalizar y en los lugares donde pueda haber tormentas».
Una recomendación también válida para prevenir el oidio, aunque en este caso dejando claro que si se producen infecciones pueden ser «tremendamente difíciles de controlar».
En cuanto a la black-rot, más de lo mismo: vigilancia. El seguimiento realizado por la EFA no detectó síntomas relevantes, limitándose a algunas manchas puntuales en ciertos predios.
Para terminar, hay que volver a insistir en la necesidad de prestar especial atención a la posible aparición de la flavescencia dorada de la vid (FD), una plaga cuarentenaria regulada por la Unión Europea y, en el caso de España, detectada en Galicia y Cataluña.
Tiene como insecto vector al «Scaphoideus titanus» o saltamontes americano de la vid, multiplicándose los riesgos con las altas temperaturas, especialmente cuando la fenología de la vid avanza rápidamente en su desarrollo, como sucede en la actualidad.

Plantas afectadas por mildiu bien controlado. / EFA
El Servicio de Sanidad Vegetal de la Xunta comunicó hace días la localización de la primera ninfa de este insecto en una viña de la comarca de O Condado, ya afectada en temporadas precedentes.
La EFA indica que en sus muestreos detectaron una ninfa en O Condado y otra en O Rosal, lo cual permite concluir que «comienza la actividad de este insecto en las mismas fechas que en la campaña anterior».
Dicho lo cual, «esto no implica que haya que empezar ya los tratamientos, sino que es más importante que antes arrancar las plantas enfermas infectadas que aún no fueran eliminadas, al igual que es conveniente cortar todas las vides abandonadas, pues pueden albergar este patógeno aunque no presenten síntomas», proclama la EFA.
La lucha contra la enfermedad pasa por identificar cuanto antes los síntomas, que van desde el retraso en la brotación al enrollamiento de las hojas hacia el envés, pasando por la adopción de colores rojos o amarillentos en las hojas, dependiendo de si son variedades de uva tintas o blancas.
Hay que recordar que existen planes de control de este patógeno tanto en el Ministerio de Agricultura como en la Consellería do Medio Rural para impedir la aparición de la FD y, en caso de que aparezcan síntomas, «actuar con rapidez y eficacia, determinar su distribución y combatir la plaga para evitar su propagación y erradicarla».

Una ninfa de saltamontes americano, el insecto vector de la flavescencia dorada. / EFA
De ahí que exista lo que se denomina Zona Demarcada, es decir, el espacio comprendido entre una Zona Infectada –allí donde se ha confirmado la presencia de la plaga– y la Zona Tampón, que es el entorno delimitado a su alrededor y sometido a «vigilancia oficial para detectar una posible dispersión».
Desde el Gobierno central advierten de que «cuando en una comunidad autónoma se tenga sospecha de la presencia de un brote de esta enfermedad, deben adoptarse una serie de medidas cautelares orientadas a confirmar o desmentir la presencia del organismo y a evitar su propagación mientras se define la situación».
No hay que olvidar que la FD se encuentra ampliamente distribuida por países europeos como Portugal, de ahí el mayor riesgo de contagio existente en las subzonas productoras de Rías Baixas situadas más al sur.
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