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Valga sigue en Argentina las huellas de «la mujer que conquistó el mundo», La Bella Otero

La expedición del Concello en Buenos Aires rememora el éxito de la valguesa más internacional

El alcalde visita el Teatro Nacional, en el que actuó la que fue un símbolo de La Belle Èpoque

Representantes de la delegación valguesa en Buenos Aires, ante el Teatro El Nacional, en el que triunfó La Bella Otero.

Representantes de la delegación valguesa en Buenos Aires, ante el Teatro El Nacional, en el que triunfó La Bella Otero. / FdV

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Manuel Méndez

Manuel Méndez

Valga

La expedición del Concello de Valga desplazada a Buenos Aires para reunirse con los emigrantes gallegos en Argentina, sigue remitiendo noticias desde el otro lado del charco.

Si ayer daba cuenta de la visita a una conocida cadena de pizzerías, La Continental, montada por el hijo de un emigrante valgués, ahora el gobierno local habla de la experiencia de seguir los pasos de su vecina más conocida a nivel internacional, La Bella Otero, fallecida en Niza (Francia) el 10 de abril de 1965.

Lo hace para decir que también es imborrable la profunda huella que dejó en Argentina «la mujer que conquistó el mundo a finales del siglo XIX y principios del XX», convertida en estrella del cabaré parisino Folies Bergère y de La Belle Èpoque (1871-1914), la época dorada de Europa que marcó el desarrollo de la Segunda Revolución Industrial.

El alcalde muestra una figura de La Bella Otero ante el teatro.

El alcalde muestra una figura de La Bella Otero ante el teatro. / FdV

«Su éxito en las noches de París se extendió rápidamente por Londres, Viena, Budapest, Moscú, Tokio, Nueva York y Sao Paulo, hasta que en 1906 conquistó Buenos Aires ofreciendo diez funciones con un lleno total», presumen en el ejecutivo de José María Bello Maneiro.

Fue en el Teatro Nacional, considerado «una de las salas más importantes de Buenos Aires» y situado en la avenida Corrientes, «conocida como la calle que nunca duerme, por ser el epicentro de la vida nocturna de la ciudad».

Es el ahora conocido como Teatro El Nacional Sancor Seguros, provisto de una sala principal de 1.014 butacas y equipado con tecnología acústica y lumínica avanzada. El original fue inaugurado en 1906 por el célebre artista Jerónimo Podestá. Sufrió un devastador incendio en 1982 y fue reconstruido. En 2017 pasó a manos de la aseguradora Sancor Seguros, de ahí su nombre actual.

Entre las históricas actuaciones que albergó, recién estrenado, están las de La Bella Otero, aún recordadas hoy en día. Y como ejemplo de ello el Concello de Valga cita una publicación del pasado 19 de abril en el diario «Clarín», el de mayor tirada en Argentina.

Aquella crónica recordaba la «fulgurante visita» de la valguesa a Buenos Aires. Lo hacía de la mano del historiador Felipe Pigna, quien escribió de ella que «años después, su visita seguiría siendo recordada en crónicas y artículos, como ese episodio en el que la capital argentina se dejó seducir por una dama de La Belle Èpoque que, bajo el destello de los murales de Corrientes, llevaba consigo el brillo de la historia y la sombra de la tragedia».

Dicho artículo, titulado «La Bella Otero, la bailarina ardiente y misteriosa que fue señalada como amante de un presidente argentino», relata que «su visita quedó grabada en la memoria de la escena porteña como una mezcla de lujo, escándalo y glamour, y se enmarcó en un contexto de plena efervescencia teatral en la recién consolidada calle Corrientes».

Una de las imágenes históricas de La Bella Otero.

Una de las imágenes históricas de La Bella Otero. / FdV

Al referirse a Agustina Carolina del Carmen Otero Iglesias, nacida el 4 de noviembre de 1868 en Ponte Valga, en el seno de una familia humilde y marcada por la pobreza, el articulista resalta que «su danza no era académica ni pulida como la de una bailarina de ópera, sino instintiva, cargada de ritmo flamenco, fandangos y danzas exóticas».

Y en las páginas de «Clarín» se añade que en las diez funciones ofrecidas por La Bella Otero, todas con entradas agotadas, se reunió entre el público «una mezcla de burguesía, políticos, aristócratas rioplatenses y hombres de todas las edades que acudían tanto por su reputación artística como por su fama de seductora».

La delegación valguesa en tierras argentinas alude a todo ello tras visitar la citada calle de las Corrientes y posar ante el Teatro Nacional.

Lugares que sintieron «el magnetismo que desprendía allá por dónde iba» aquella bailarina, cantante, actriz y cortesana que se trasladó a Francia para vivir, abrirse camino y codearse con los más adinerados del mundo.

Una mujer que durante su estancia en Buenos Aires «se alojó en el hotel D’Arc, y cuya presencia, según cuentan las crónicas de la época, desató un gran alboroto», explican desde el Concello.

Parece ser que «la multitud intentaba acercarse a ella y el dueño del hotel tuvo que esconderla entre las integrantes de una orquesta femenina que actuaba en otro local».

Uno de los trajes de la estrella, en su museo de Valga.

Uno de los trajes de la estrella, en su museo de Valga. / FdV

Como también se cuenta que «tras las funciones, adoptaba salir en carruaje sin revelar jamás su destino». Por cierto, que según Felipe Pigna, había llegado a la capital porteña «invitada por dos figuras políticas antagónicas: el socialista Manuel Ugarte y el conservador Benito Villanueva, enemigos en el plano ideológico pero unidos por la fascinación que la vedette ejercía».

De ahí que se le achacaran romances con ilustres personajes, tales como Guillermo II de Alemania, Nicolás II de Rusia, Leopoldo II de Bélgica, Alfonso XIII de España, Eduardo VII del Reino Unido y Aristide Briand, entre otros.

Las curvas del cuerpo de La Bella Otero guardaban cierta correspondencia con las de sus dibujos

Gaudí

Todo ello forma parte de la leyenda que rodea a La Bella Otero, «que tras pasar por el Teatro Nacional siguió de gira por Brasil y Uruguay antes de regresar a Buenos Aires para actuar en el Casino de Tigre, que en aquella época era un centro de lujo».

Una mujer que se retiró de los escenarios en 1910 y dilapidó su fortuna debido a la ludopatía que la convertía en asidua de casinos como los de Montecarlo y Niza, muriendo totalmente arruinada y sola, tras subsistir durante sus últimos años con una pensión que le pasaba el Casino monegasco, como compensación por lo mucho que aquella valguesa había ofrecido a la sala de juegos en sus tiempos de esplendor.

Ahora se la recuerda como una de las mejores bailarinas españolas de todos los tiempos. Una mujer que superó todo tipo de adversidades dando sobradas muestras de su arte desde muy pequeña, ya que con catorce años trabajaba como bailarina en Lisboa, como más tarde hizo en el barcelonés Palacio de Cristal de Barcelona.

Fue cuando entró en contacto con la alta sociedad de la época y conoció a artistas como Gaudí, quien comentaba que «las curvas del cuerpo de La Bella Otero guardaban cierta correspondencia con las de sus dibujos».

Esa era Carolina, «una mujer luchadora que se hizo y se promocionó a sí misma hasta llegar a ser una bailarina reconocida mundialmente; una artista autodidacta y una cantante competente con tanta calidad como actriz como para representar Carmen, de Bizet, y piezas teatrales como Nuit de Nöel», sentencian en el Concello de Valga.

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