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Ocio inclusivo

IncluCine busca sitio en Vilagarcía

Kata Debowska, madre de una niña con TEA, busca apoyo municipal para un proyecto de cine adaptado que quiere abrir una alternativa de ocio real a personas con TEA y necesidades sensoriales

Kata Debowska subraya la necesidad de este proyecto.

Kata Debowska subraya la necesidad de este proyecto. / Noe Parga

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Vilagarcía

Hay planes que para muchas familias son rutina y para otras se convierten en una carrera de obstáculos. Ir al cine, sentarse en una butaca, compartir una película y disfrutar de una tarde de ocio puede parecer un gesto sencillo. Para personas con Trastorno del Espectro Autista, hipersensibilidad sensorial, TDAH, dificultades de comunicación o problemas de regulación emocional, esa misma experiencia puede resultar imposible si el entorno no está adaptado. El volumen demasiado alto, la oscuridad total, la publicidad previa, la obligación de permanecer sentado y en silencio o el miedo a la mirada ajena acaban expulsando a muchas familias de espacios culturales que, en teoría, están abiertos a todos.

Esa realidad es la que ha llevado a Kata Debowska, madre de Liria, una niña con TEA, a iniciar una pelea serena pero firme para que Vilagarcía incorpore IncluCine, un programa de sesiones de cine adaptado que ya funciona con buena acogida en otros concellos. Su objetivo es sencillo en apariencia, pero profundo en su alcance: que las familias que hoy no pueden ir al cine encuentren una sala preparada para ellas, sin renunciar a compartir el ocio con el resto de la comunidad.

Debowska ya trasladó la propuesta a la concejala de Cultura, Sonia Outón, en una reunión en la que se abordó la posibilidad de articular fórmulas para financiar la actividad. La intención inicial pasa por comenzar con proyecciones esporádicas y, si el proyecto se consolida, avanzar hacia una programación estable, con una media de una sesión al mes. «En otros municipios, como As Pontes, lo hacen una vez al mes», recuerda Kata, que considera que Vilagarcía tiene condiciones para sumarse a una iniciativa que combina cultura, accesibilidad e inclusión.

El proyecto llegaría de la mano de la asociación Vente_a, que se encargaría de la organización, del personal de apoyo y de la gestión de los trámites necesarios. «Alguien tiene que financiar esa iniciativa. Mi propuesta va desde una asociación que organiza desde cero. Tienen personal de apoyo y gestionan los trámites. Lo único que tendría que hacer el ayuntamiento es poner dinero», explica Debowska. Su petición, añade, no exige grandes inversiones estructurales: «Solo queremos que se nos conceda un espacio para proyectar la película y costear su proyección».

IncluCine no plantea crear un espacio separado, sino adaptar el entorno para que el acceso a la cultura sea real. Las sesiones contarían con luz tenue, evitando la oscuridad completa; una reducción moderada del volumen; eliminación o recorte de la publicidad previa; libertad para entrar y salir de la sala; permiso para moverse, expresarse o utilizar elementos de autorregulación; e información anticipada sobre la película y su duración. Son ajustes sencillos, pero decisivos para muchas personas.

«Tenemos mucha oferta cultural en Vilagarcía, pero no se adapta a gente con dificultades sensoriales», lamenta Kata. Por eso cree que propuestas como el Cine na Rúa, aunque positivas para el público general, no siempre responden a estas necesidades. «Ahora en verano harán Cine na Rúa, pero no es el ambiente idóneo porque hay muchos estímulos. Hay que controlar la oscuridad, el volumen y necesitan entrar y salir de la sala», señala.

Kata junto a su hija Liria.

Kata junto a su hija Liria. / Noe Parga

La respuesta social empieza a tomar forma. Debowska ha iniciado una recogida de firmas que en solo una semana sumó 358 apoyos. Ese respaldo confirma, a su juicio, que existe una necesidad real y que muchas familias esperan alternativas de ocio accesibles. «No tenemos ni opción de ocio para los niños», resume. Su reivindicación no es nueva en el fondo: ya llevó al pleno la necesidad de un programa de natación adaptada, pero ahora quiere exponer este proyecto de manera directa y abrir una vía concreta en el ámbito cultural.

La propuesta está dirigida principalmente a personas con TEA, hipersensibilidad sensorial, TDAH, trastornos de comunicación, discapacidad intelectual, dificultades de adaptación a entornos convencionales o problemas de regulación emocional. Sin embargo, las sesiones estarían abiertas a toda la población. La idea es cobrar una pequeña entrada, de modo que una parte del coste pueda financiarse con la asistencia del público. Ese modelo permitiría, además, que familias de otros concellos acudiesen a Vilagarcía y que la iniciativa se difundiese en toda la comarca.

El trasfondo del proyecto va más allá de una película. IncluCine parte de una convicción: el ocio y la cultura son derechos esenciales para el desarrollo personal, social y emocional. Cuando una familia deja de acudir a un espacio cultural por miedo a una crisis, a una sobrecarga sensorial o al rechazo social, no solo pierde una actividad. Pierde presencia en la vida comunitaria. Se refuerza el aislamiento y crece la sensación de soledad.

Por eso, la iniciativa aspira también a sensibilizar. Una sala adaptada no beneficia únicamente a quienes tienen una necesidad concreta. Enseña al conjunto de la sociedad que la diversidad existe, que no todas las personas disfrutan de la misma forma y que la inclusión no se construye con discursos, sino con cambios tangibles en los espacios cotidianos.

Kata Debowska lo resume con una idea que funciona como lema del proyecto: «La inclusión real no consiste únicamente en permitir la entrada, sino en adaptar los espacios». Esa es la filosofía de IncluCine. Que una sala de Vilagarcía pueda convertirse, aunque sea una vez al mes, en un lugar donde nadie tenga que pedir perdón por moverse, salir, hablar, regularse o vivir el cine de otra manera.

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