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Alertan de la situación crítica de la población de orca ibérica

La comunidad científica cifra en 40 el número de ejemplares que componen esta subpoblación

Dos orcas en la ría de Arousa.

Dos orcas en la ría de Arousa. / FdV

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Manuel Méndez

Manuel Méndez

Arousa

La subpoblación atlántica de orca ibérica continúa en una situación crítica, pese a mantenerse estable en número. Así lo concluye un reciente estudio elaborado por integrantes del Grupo de Trabajo Orca Atlántica (GTOA) que, encabezados por la especialista Ruth Esteban, analizaron la evolución demográfica de esta especie entre 2011 y 2023 mediante técnicas de fotoidentificación y modelos demográficos.

El estudio se apoyó en el análisis de 26 varamientos registrados desde el año 2000 y en más de 18.000 imágenes recopiladas durante una década, lo cual permitió a los investigadores reconocer individualmente a la mayoría de los ejemplares de la población.

Dicha investigación revela que la población ronda actualmente los 37 individuos, una cifra que apenas ha variado en la última década y que evidencia la falta de recuperación de uno de los grupos de cetáceos más amenazados del Atlántico nordeste, con una fuerte dependencia del atún rojo, su presa fundamental, que condiciona tanto su comportamiento como sus movimientos migratorios.

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Sara Fernández

Los expertos advierten de que, aunque la población no disminuye de forma drástica, tampoco muestra capacidad real de crecimiento, lo que mantiene a la orca ibérica en una situación de «peligro crítico de supervivencia».

Pese al «incremento del esfuerzo científico y del seguimiento en los últimos años, los resultados muestran que no se produjo un aumento del número de individuos durante el periodo analizado», de ahí que los investigadores hablen de un escenario de estancamiento poblacional.

El mismo trabajo científico pone el foco en las dificultades reproductivas de la especie, pues si bien «la supervivencia de las crías recién nacidas mejoró en comparación con etapas anteriores, la mortalidad de adultos aumentó, especialmente entre las hembras».

Por cierto, que los nacimientos se concentran principalmente en verano y otoño, cuando las orcas se dejan ver por las Rías Baixas, posiblemente debido a una mayor disponibilidad de alimento y la presencia del atún rojo en las aguas del Atlántico ibérico.

Ficha técnica para identificar a las orcas.

Ficha técnica para identificar a las orcas. / GTOA

Asimismo, los expertos del GTOA aluden a la baja tasa reproductiva, ya que una hembra de orca ibérica puede superar los ocho años entre un parto y el siguiente.

Unas limitaciones biológicas a las que se añaden las amenazas derivadas de la actividad humana, tales como las interacciones con embarcaciones detectadas en Galicia y otros puntos de la costa atlántica desde 2020, además de la «presión pesquera, que puede provocar lesiones, enredos y alteraciones del comportamiento».

A lo que hay que sumar «el impacto potencial de la contaminación por sustancias tóxicas y de los cambios en las prácticas pesqueras, factores cuyos efectos sobre la especie todavía no se conocen con precisión».

Todo ello «agrava la situación de una población extremadamente vulnerable y pone en riesgo su viabilidad futura», advierten los autores del estudio cuando aducen que el crecimiento poblacional anual apenas alcanza el 0,5 %, una cifra «considerada prácticamente nula desde el punto de vista demográfico».

Una ficha explicativa sobre la orcas.

Una ficha explicativa sobre la orcas. / GTOA

En base a todo ello sentencia que esta subpoblación aislada del resto de orcas del Atlántico, que se distribuye entre Francia y el norte de Marruecos, «se encuentra en equilibrio, pero sin capacidad de recuperación a corto plazo».

Abundando en este estudio, cabe explicar que «a partir de las primeras informaciones sobre las interacciones», el GTOA procuró «recopilar información gráfica e inmediatamente se reconocieron tres ejemplares como recurrentes en los hechos con los barcos».

Las Gladis

Así se identifican las orcas Gladis, que es como se conoce a las que interactúan con barcos, por lo que no todas las orcas ibéricas lo son.

Orcas en la ría de Arousa.

Orcas en la ría de Arousa. / BDRI

GTOA aclara que las orcas que más interactuaron en 2020 fueron nombradas como «Gladis Blanca», una hembra adulta, «Gladis Negra» y «Gladis Gris», estas dos aún juveniles.

Además, se identificaron nueve ejemplares como participantes de las interacciones, aunque sin jugar un papel tan directo, sino en calidad de compañeras u observadoras: «Gladis Dalila», «Gladis Lamari», «Gladis Clara», «Gladis Herbille», «Gladis Filabres» y «Gladis Peque».

Ya en 2021 se identificaron las Gladis «Isa», «Estrela» «Matteo», «Albarracín» y «Tarik», que participaron en interacciones con distintas embarcaciones.

En 2022 volvió a identificarse la «Gladis Estrela», que se incorporaba a las orcas que interaccionaban con veleros, y aparecía en escena la «Gladis Olvera».

Características

Abundando en todo ello, ahora que cada vez está más cerca la visita de la orca ibérica a las Rías Baixas, sobre todo si sigue la tendencia de los últimos años, no está de más recordar las características de esta especie, cuyos parientes más cercanos serían individuos observados esporádicamente en las islas Canarias y genéticamente aislados de los individuos que habitan en aguas noruegas e islandesas.

El GTOA explica que el tamaño de los adultos de la orca ibérica es de entre 5 y 6,5 metros, lejos de los 9 metros que llegan a medir las Antárticas. Los ejemplares juveniles miden de 3 a 4,5 metros y los cachorros, entre 2 y 3.

Ficha para diferenciar a las orcas.

Ficha para diferenciar a las orcas. / GTOA

Otro dato a tener presente es que «existen diferencias entre machos adultos y hembras adultas», pues los primeros «presentan una aleta dorsal mucho más grande, sobrepasando los 1,5 metros de longitud». Los cachorros presentan una coloración crema que irá desapareciendo hasta convertirse en el característico tono blanco que tanto resaltas en estos animales.

Como ya se ha indicado en otras ocasiones, durante el invierno permanecen en el Estrecho de Gibraltar, para abandonar la zona a finales de primavera y migrar hacia el norte tras el atún.

Aunque «no viajan todos los grupos juntos, sino que se desplazan progresivamente, dependiendo siempre de la mayor o menor abundancia de su presa preferida».

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