Desde el 1 de junio los lusos podrán aprovechar aún más el declive del marisqueo
La agonía de la almeja gallega da alas a los exportadores portugueses
La producción ha caído en 237 toneladas y más de 2 millones de euros en los primeros meses del año, mientras Portugal refuerza sus controles para intensificar las ventas en Europa

Subasta de un puñado de babosa / M. Méndez

Ayer se explicaba en FARO DE VIGO que el Gobierno de Portugal ha decidido endurecer las medidas de control de sus bivalvos, adecuando la producción y comercialización de los mismos a los estándares de calidad y salubridad europeos y, con ello , favoreciendo las exportaciones de su producto a todo el continente.
Muy especialmente a Galicia, que es uno de los principales clientes de los productores portugueses desde que el marisqueo en la comunidad autónoma ha empezado a caer en picado.
No es nada nuevo que se importe almeja del país vecino para satisfacer la demanda de los depuradores de moluscos gallegos, que su vez tienen que conseguir producto donde sea para atender los pedidos de sus clientes, tanto gallegos como de todo el territorio nacional y del extranjero.
Una práctica que a partir de ahora puede multiplicarse, dado que las mayores exigencias sanitarias y comercializadoras introducidas por Portugal, a aplicar desde el próximo 1 de junio, son un aval para su producción y constituyen un marco de seguridad jurídica que beneficiará sus exportaciones.

La pérdida de peso de la almeja resulta especialmente preocupante desde la pandemia. / Pesca de Galicia
Algo lógico, hay que insistir, sobre todo teniendo en cuenta la crisis que atraviesa Galicia, que arrastra una pérdida de productividad preocupante y cada día que pasa parece demostrar menor capacidad para recuperarse, lo cual despeja el camino a los competidores lusos.
Baste como ejemplo decir que desde el pasado 1 de enero, en las lonjas gallegas solo se despacharon 287 toneladas de almeja –babosa, japónica, fina y rubia– con una facturación total en primera venta de 5,5 millones de euros (más IVA).
Fueron, más concretamente, 204 toneladas de japónica o japonesa (3,3 millones de euros), 50 toneladas de rubia (1 millón), apenas 21 toneladas de babosa (680.000 euros) y unas pobres 11 toneladas de almeja fina (487.000 euros).
En el mismo periodo del año anterior, del 1 de enero al 23 de mayo de 2025, habían sido 421 toneladas de japonesa (5,4 millones), 42 de rubia (641.000 euros), 39 toneladas de babosa (887.000) y 22 de fina (1 millón de euros).

Almeja ilegal decomisada en Portugal. / GNR
Dicho de otro modo, que comparar dicho periodo supone concluir que Galicia se dejó por el camino 237 toneladas de producto y 2 millones de euros.
Entre las principales lonjas se encuentran la de Carril, que este año vendió 52 toneladas de almeja, lo que supone 41 menos que en 2025; y Vilaxoán, que se beneficia de la caída de la primera, pasa de 15 a 23 toneladas.
Entre ambas se colocan Cambados y Campelo, con 48 y 43 toneladas, respectivamente, desapareciendo de escena la «rula» de O Testal (Noia), que en los cinco primeros meses del año pasado había superado las 76 toneladas.
O Grove pasó en dicho periodo de 46 a 2 toneladas; Vilanova, de 36 a 16; Cabo de Cruz, de 26 a 6 toneladas de almeja y la lonja de Campelo, que en el arranque de 2025 había despachado más de 67 toneladas, se limita ahora a 43.

Una caja de almeja en la lonja. / Iñaki Abella
Estos son solo algunos de los resultados que vienen a confirmar la pérdida de peso del marisqueo gallego en los últimos años, ya sea por los problemas de mortandad derivados del descenso de la salinidad que provocaron las intensas lluvias, por la contaminación, los depredadores, el aumento de la subida de la temperatura del agua, el furtivismo, a causa de una deficiente gestión de numerosos bancos marisqueros o por una peligrosa combinación de todo ello.
Pero las cifras que maneja la plataforma tecnológica Pesca de Galicia son concluyentes, y las 1.824 toneladas de las citadas variedades de almeja que se despacharon en todo 2025 –por importe de 30 millones de euros– dejan claro que el marisqueo no es lo que era.
Cierto es, como se dijo entonces, que se aprecia una leve recuperación respecto al nefasto 2024, que se había cerrado con 1.600 toneladas de babosa, japónica, fina y rubia en toda Galicia, por valor de 26 millones de euros.
Pero también que el año previo a la pandemia se habían rozado las 5.000 toneladas y los 57 millones de euros con esas mismas especies, manteniendo así la buena tendencia experimentada tanto en 2018 como en 2017.

Almeja de la OPP-89 Parquistas de Carril en la lonja de Vilaxoán. / FdV
Pero el coronavirus hizo estragos. Y no solo entre la población, sino también en el marisqueo, ya que ahí empezaron los ceses de actividad, los problemas de comercialización y otros contratiempos.
De ahí que 2020 se cerrara por debajo de las 4.000 toneladas y con 50 millones de euros facturados, es decir, mil toneladas y 7 millones de euros menos que 2019.
El desastre no había hecho más que empezar, pues con el libre marisqueo de la ría de Arousa muerto desde unos años antes –tras la fracasada gestión directa de las cofradías–, y con la ría de Muros-Noia sufriendo los efectos de las riadas, el sector no dejaba de perder capacidad de abastecimiento, propiciando la creciente entrada de bivalvo portugués.
Y así llegaron los años 2021 y 2022, en ambos casos con unas más que insuficientes 3.000 toneladas de japónica, babosa, fina y rubia que generaban unos ingresos de casi 47 y 41 millones de euros, respectivamente.
El objetivo es recuperar el pulso a la actividad y los mercados tras el parón extractivo y comercial provocado por el coronavirus / Muñiz
Algunos podían pensar entonces que no pasaba nada, que con el incremento de los precios en lonja era más que suficiente para compensar la pérdida de volumen o que, con las ayudas de la Consellería do Mar y la siembra de millones y más millones de unidades de semilla de almeja, todo podía arreglarse.
Pero no. Mientras Galicia dejaba de producir, Portugal seguía haciéndolo, lo cual le permitía conquistar clientes y mercados antes dominados por la almeja gallega, cuya producción caía a 2.547 toneladas (42 milles de euros) en 2023, el año de las fuertes riadas invernales.
En resumen, que en las dos últimas décadas Galicia despachó en sus lonjas casi 79.000 toneladas de los aludidos tipos de almeja por valor de 923 millones de euros, lo cual es prueba evidente del importante papel desempeñado por este bivalvo ahora venido a menos.
Lo que hay que preguntarse ahora es si la comunidad tiene capacidad para salir a flote y cómo se las ingeniará para recuperar el rumbo en los mercados que ha perdido y para competir con una potencia como Portugal, ahora dispuesta a reforzarse en Europa a toda máquina para seguir aprovechando la debilidad de Galicia.
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