Romería urbana en la capital de Arousa
Vilagarcía recibe a miles de personas en el día grande de Santa Rita
Fieles llegados de todas partes toman Vista Alegre desde las seis de la mañana para asistir a las misas
No faltan el pulpo, churrasco, rosquillas, churros, una feria celta y un mercadillo ambulante
Rosas y cerezas son dos de los elementos más representativos de la celebración

Manuel Méndez

Miles de personas han pasado ya esta mañana por el conjunto monumental de Vista Alegre, donde se encuentra la iglesia conventual en la que se rinde culto a Santa Rita. Y más que van a llegar a lo largo del día, ya que las misas se repiten cada hora y no será hasta las ocho cuando se celebre la solemne y siempre multitudinaria procesión.
Además, no solo hay misas, sino también pulperías, rosquillas, churros, puestos de venta ambulante de todo tipo de artículos, al igual que una feria celta, actuaciones musicales y otros muchos alicientes que contribuyen a engrandecer esta afamada romería urbana.
Por cierto, que no faltan las cerezas, que según dice la tradición estrenan su temporada en Santa Rita, de ahí que desde tiempos ancestrales se vendieran en el entorno de la iglesia conventual en la que se venera a la imagen y, como sucede hoy, en el puente sobre el río O Con que da acceso al espacio monumental de Vista Alegre en el que se encuentra ese templo.
Lo cierto es que, desde las seis de la mañana, cuando se ofició la primera ceremonia religiosa, no dejan de llegar ciudadanos de toda la localidad, de los diferentes ayuntamientos de O Salnés e incluso de comarcas vecinas como Pontevedra, Caldas y Barbanza (Arousa Norte), entre otras procedencias.
Y es que Santa Rita es una de las figuras más veneradas de Vilagarcía, y hoy se celebra su día grande, lo cual es siempre sinónimo de afluencia masiva de creyentes y no creyentes.
Muchos de los cuales siguen realizando ofrendas, y no solo a base de exvotos, sino también flores, que para eso se considera a esta figura no solo la abogada de los imposibles, sino también la santa de las rosas.
Esa es es la flor que mejor representa la historia de Margherita Lotti (Rita da Cascia), a quien su marido prohibía dar de comer a los pobres, hasta el punto de que un día que salía de casa con un pan escondido bajo sus ropas, su esposo se enfrentó a ella y le quitó el vestido

Hay una pantalla instalada en el exterior del templo para seguir las misas. / M. Méndez
Pero aquel pan se había convertido en un ramo de rosas, lo cual explica que se la represente sosteniéndolas sobre el crucifijo que porta en sus manos.
Sus padres la obligaron a casarse cuando solo tenía 14 años, y aquel marido que le impusieron solo le deparó sufrimientos, «a los que hacía frente refugiándose en la oración y actuando con bondad», explica la Iglesia.

Iñaki Abella
Ya viuda, Margherita Lotti pidió la admisión en el monasterio de las agustinas de Santa María Magdalena, en Cascia, donde fue rechazada porque solo se permitía que las vírgenes tomaran los hábitos.
Un año más tarde, tras morir sus dos hijos al mismo tiempo, fue aceptada en el convento, recibió los hábitos de monja y realizó su profesión de fe.
Esa es parte de la triste historia que rodeó a aquella mujer a la que se venera como abogada de los imposibles y tanto nació como murió tal día como hoy, un 22 de mayo.
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