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Fervor popular por la abogada de los imposibles

Vilagarcía acude a la llamada de Santa Rita llenando sus calles de devoción

La procesión reunió a una multitud en un recorrido marcado por el respeto, la devoción y el acompañamiento entre promesas de fe y tradición secular

Santa Rita genera imágenes de absoluto fervor

Noé Parga

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Vilagarcía

La procesión de Santa Rita volvió a convertirse en un gran acontecimiento multitudinario de Vilagarcía. La salida de las imágenes de la abogada de los imposibles y de San Agustín desde la iglesia de Vista Alegre concentró la emoción de una jornada que, como cada año, transformó la ciudad en una romería urbana. Pero por encima del ambiente festivo, de los puestos, del pulpo, del churrasco y de la música, el centro de todo volvió a estar en la devoción.

El momento de la procesión rebajó incluso la efervescencia del entorno. La actividad de la Feira Celta, el tránsito constante de personas y el bullicio propio de una jornada grande quedaron en segundo plano cuando la comitiva comenzó a organizarse en Vista Alegre. En torno al convento se formó un denso cordón humano para acompañar el paso de las imágenes en un recorrido marcado por el respeto, el silencio y la emoción contenida. La Banda de Música de Vilagarcía puso el acompañamiento sonoro a un acto que va más allá de lo litúrgico.

Los portadores se fueron relevando durante el trayecto. Lo hicieron para aliviar el esfuerzo físico, pero también para permitir que más personas pudiesen participar directamente en una procesión con un fuerte componente de promesa, gratitud y ofrecimiento. Cada relevo tenía algo de gesto íntimo y de tradición compartida. La imagen de Santa Rita avanzó arropada por una multitud en la que se mezclaban cirios, miradas emocionadas, peticiones formuladas en silencio y recuerdos personales.

La comitiva salió de la iglesia de Vista Alegre y recorrió la calle Castelao, la Praza de Galicia, Valentín Viqueira y la avenida da Mariña, dando la vuelta en la rotonda de O Cavadelo para regresar al convento. A lo largo del itinerario, la ciudad acompañó con solemnidad. La devoción se entendía en los rostros, en los gestos y en ese respeto colectivo que convirtió el recorrido en una manifestación de fe profundamente arraigada.

La emoción apareció en más de una cara al paso de Santa Rita. Hubo quienes se acercaron por tradición familiar, quienes acudieron para cumplir una promesa y quienes simplemente quisieron formar parte de una celebración que pertenece a la identidad de Vilagarcía. Las peticiones, los votos y los agradecimientos circularon en códigos internos, muchas veces invisibles, pero de una intensidad evidente.

Vista Alegre fue durante todo el día el epicentro de esa devoción. Desde el amanecer se sucedieron las misas, todas ellas con lleno absoluto. La capacidad del templo, limitada a poco más de 250 personas, obligó a instalar una pantalla en la fachada del convento para que quienes no podían acceder al interior pudiesen seguir igualmente las ceremonias. La misa solemne de mediodía fue uno de los puntos fuertes del programa litúrgico, aunque los oficios continuaron hasta las ocho de la tarde.

Los fieles no faltaron a su cita.

Los fieles no faltaron a su cita. / Iñaki Abella

El papel de los voluntarios resultó esencial para el perfecto desarrollo de la jornada, especialmente en los actos religiosos. La organización permitió canalizar el flujo constante de fieles, ordenar los accesos y garantizar que cada persona pudiese vivir su encuentro con la fe en un ambiente de recogimiento. También el despacho de productos elaborados por las monjas de clausura mantuvo una actividad constante, como parte de esos pequeños rituales que se repiten cada año.

La dimensión religiosa convivió con la parte más popular de la fiesta. La tradición del pulpo y el churrasco compartió espacio con numerosos puestos de productos de todo tipo: juguetes, ropa, rosquillas, frutas y otros artículos propios de una jornada de romería. Vilagarcía ofreció así esa doble cara tan reconocible del día de Santa Rita: la del fervor que nace en el convento y la del ambiente festivo por toda la ciudad.

El final de la procesión puso el colofón al acto más emotivo del día. Después, la algarabía recuperó su sitio natural y la verbena de la Orquesta Capitol completó el programa musical de una celebración que volvió a reunir fe, tradición, convivencia y fiesta. Otro 22 de mayo dejó claro que Santa Rita no camina sola en Vilagarcía.

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