Denominación de Origen Rías Baixas
45 años de Granbazán: de proyecto pionero a marca de alto potencial internacional
Adquirida en 2017 por Bodegas Baigorri, la firma asentada en Vilanova sigue creciendo

Bodegas Granbazán, en Tremoedo (Vilanova). / FdV

Una de las imágenes más representativas de la Denominación de Origen Rías Baixas, de la producción de albariño y de la explotación de los sectores vitivinícola y enoturístico en Galicia, es un espectacular edificio de estilo neoclásico, con marcada influencia de Château francés y ahora cubierto de azulejos azules, haciendo un guiño a las casas indianas gallegas, que está orientado al norte y rodeado de viejos parrales de albariño.
Se trata del edificio de la antigua bodega Agro de Bazán, que hace años adoptó el nombre de su marca más conocida, «Granbazán», y que, ubicada en la subzona productora Val do Salnés, fue fundada en 1981, por lo que este año celebra su 45 aniversario.
Tiempo más que suficiente para que Bodegas Granbazán se consolidara como una clara referencia de la Denominación de Origen y una marca reconocida y alabada a nivel nacional e internacional.
Prueba de ello, no solo los múltiples premios que ha cosechado, sino también su incorporación al Foro de Marcas Renombradas Españolas (FMRE) en la categoría de Marca de Alto Potencial Internacional.
Un reconocimiento que se suma a su inclusión en el ranking de las 100 mejores bodegas por su nivel de entorismo y que «pone en valor el trabajo desarrollado en la proyección exterior del vino español y su compromiso con la calidad, el origen y la identidad de su territorio».
Lo consiguió de la mano de Bodegas Baigorri (Samaniego, Rioja Alavesa), perteneciente al empresario murciano Pedro Martínez, que adquirió Granbazán en 2017, atraído por la intachable trayectoria de esa bodega de Tremoedo (Vilanova de Arousa) desde su creación a manos de Manuel Otero Candeira, quien fuera presidente de Agro de Bazán S.A. y uno de los impulsores de la Denominación de Origen Rías Baixas.
Ha pasado ya casi una década desde aquella importante operación empresarial, dirigida tanto a reforzar la trayectoria vitivinícola de la firma arousana como su indiscutible y atractiva capacidad enoturística.
De este modo, Pedro Martínez garantizaba la continuidad de aquel proyecto impulsado por Otero en 1980 a partir de «una gran plantación de uva albariña llevada a cabo en la finca de Tremoedo, que pasó a ser modelo y ejemplo a seguir para muchas explotaciones agrarias de la zona».
Ahora que se celebra el 45 aniversario de Granbazán, quizás sea buen momento para recordar todo aquello y la trayectoria posterior de Agro de Bazán, que no ha dejado de crecer y de incorporar referencias.
Una oferta de productos que alcanzaba niveles hasta entonces impensables cuando la riojanoalavesa Bodegas Baigorri adquirió la empresa arousana y empezó a desarrollar nuevos proyectos de expansión.
En este sentido, procede recordar que en 2021 ya se explicó en FARO DE VIGO que al lado del espectacular viñedo de 14 hectáreas de superficie que rodea la sede de Granbazán empezaba a crearse una nueva plantación, en este caso con una superficie de cinco hectáreas, de las que algo más de cuatro iban a destinarse a albariño.

Una boda en Granbazán. / M. Méndez
Unos predios que se ampliaban en plena pandemia y a los que había que sumar tres hectáreas de viña más existentes en el lugar de Covas de Lobos, en la parroquia de San Adrián, Concello de Cambados.
Pero el equipo formado por Granbazán y Bodega Baigorri no se detuvo ahí, sino que en 2024 adquirió otro terreno situado justo al lado de las emblemáticas instalaciones de Tremoedo, elevando así a 36 las hectáreas totales a su disposición.

Una experiencia enoturística en Granbazán. / M. Méndez
Esa compra del predio Agro do Souto, justo al lado de casa y que en los quince años previos había sido explotado en régimen de alquiler por otra conocida bodega de Rías Baixas, se consideró entonces una operación estratégica para Granbazán, donde destacaban que la proximidad del nuevo terreno a la bodega «permite dar continuidad a la calidad e identidad de nuestros vinos, que ya cuentan con un importante reconocimiento nacional e internacional por su personalidad, elegancia y por el alto potencial de envejecimiento que presentan».
En definitiva, que 45 años después del nacimiento de aquel proyecto que se había marcado el objetivo de elaborar vinos «que reflejan fielmente el microclima privilegiado de nuestras tierras, dando vida a un albariño único en el mundo», la bodega de Vilanova sigue «apostando por la vanguardia en viticultura y enología», convencida de que «el clima atlántico, con su equilibrio perfecto entre temperaturas suaves y lluvias moderadas, crea el entorno ideal para el desarrollo de esta uva noble».

El característico escudo de la bodega. / FdV
Una apuesta de la que es fiel reflejo su buque insignia, el «Granbazán Etiqueta Ámbar», elaborado con «uvas producidas en viejos parrales de albariño cuidadosamente vendimiados a mano, mediante separación de mostos exclusivamente por gravedad, y un descanso sobre lías finas que lo hacen muy afrutado, fresco de cuerpo firme y untuoso».
Pero hay mucho más, como el «Contrapunto Albariño», un vino joven y fresco «con un punto de azúcar residual y una chispeante acidez»; el «Granbazán Etiqueta Verde», que «representa el trabajo y pasión de nuestros viticultores plasmado en más de cien microparcelas cultivadas en suelo granítico junto a la ría de Arousa», y el «Granbazán Limousin Albariño», considerado «el pionero de los albariños envejecidos en roble».
No hay que olvidar, «solo en las mejores añadas», al «Granbazán D. Álvaro de Bazán», elaborado «a partir de las uvas procedentes de cepas viejas de la parte más alta de la finca de Tremoedo; suelos muy pobres, con poca carga de fruta, donde se ha hecho deshojado, poda en verde y la incidencia del sol en los racimos es muy alta».

Uno de los salones interiores. / FdV
En este caso surge tras un macerado en frío y una fermentación a muy baja temperatura seguida de un descanso de 12 meses sobre lías, «aportando al vino una dimensión extra de aromas y redondez en boca» y propiciando una «perfecta evolución en botella hasta 5 años».
Puestos a citar referencias, cabe detenerse en un vino singular elaborado con técnicas ancestrales, el «Granbazán Veigalobos Albariño», nacido en la añada 2018 «con el fin de explorar el potencial de la uva albariño para producir vinos excepcionales escapando de lo clásico».
Es el resultado de la transformación de «bayas de lenta maduración, potente acidez e inigualable calidad aromática» cultivadas en la finca de Cobas de Lobos, donde la tradicional parra gallega crece sobre un suelo arenoso con una suave cubierta vegetal a orillas del río Umia.
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