Trasladan a Moaña un remolcador de 56 años abandonado en Vilagarcía
Permanecía en el Muelle de O Ramal desde hace una década
Estaba tasado en unos 35.000 euros y tiene una eslora de casi 24 metros
Los compradores intentarán darle una nueva vida

Manuel Méndez

El Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria de Vilagarcía de Arousa acordaba en julio de 2025 declarar abandonado un buque tipo remolcador con nombre «Doctor Pintado».
Un barco valorado entonces por parte de Capitanía Marítima en unos 35.000 euros que tiene una eslora de casi 24 metros, 7 de manga y 3,63 metros de puntal.
Comenzaba así el proceso de enajenación de la embarcación mediante pública subasta, con la esperanza de que alguna empresa acabara llevándosela de una vez por todas, después de que resultaran fallidos un par de intentos anteriores que invitaban a pensar que iba a poner rumbo a África o al País Vasco.
El traslado del remolcador «Doctor Pintado», desde Vilagarcía hacia Moaña, se lleva a cabo desde esta mañana. / M. Méndez
Finalmente ha sido a través de Astilleros Polináutica de Cambados y la empresa Izan Business como se ha despachado este viejo remolcador, construido en 1970 por una compañía tan importante como Astilleros de Murueta, nacida en 1943 en la ría de Gernika.
Su nuevo destino, el puerto de Moaña, donde los nuevos propietarios decidirán en próximos días si es posible rehabilitarlo y darle una nueva vida, o bien deben proceder a desguarzarlo.
Pase lo que pase, la historia del «Doctor Pintado» en Vilagarcía de Arousa, donde ha permanecido amarrado y pudriéndose durante una década, ha terminado.
Y todo gracias a un complejo y bien planeado operativo que se despliega de este mañana por la empresa de servicios marítimos Dragados Osmar, con sede en Cambados.

Manuel Cernadas, propietario de Dragados Osmar. / M. Méndez
Con ayuda de su barco «Cuico», esta conocida firma especializada en remolcar y reparar bateas se encargó del desplazamiento al puerto moañés aprovechando las «óptimas condiciones» meteorológicas y oceanográficas reinantes.
Todo comenzaba a las nueve de la mañana con la preparación del viejo remolcador para que pudiera ser trasladado con plenas garantías de seguridad.
Bajo la atenta mirada de los inspectores de Capitanía Marítima Vilagarcía y del propio comprador, los trabajadores de Dragados Osmar instalaron una bomba de achique en la bodega del «Doctor Pintado», por si fuera necesario utilizarla en caso de que surgieran problemas durante el viaje.

Algunos de los cabos tenían adheridos grandes mejillones. / M. Méndez
Una travesía que dura entre seis y ocho horas y que se vio beneficiada por el viento que soplaba de popa, lo cual permitió desarrollar la operación con una velocidad de entre 4 y 7 nudos.
De este operativo pueden destacarse, precisamente, las importantes medidas de seguridad adoptadas, como también el hecho de que el remolcador conservara todavía la balsa salvavidas y algunos de sus principales equipos.
Algo que habría sido impensable si estuviera amarrado en otro puerto con menos vigilancia. Pero estaba en el muelle de O Ramal, a la altura de las naves levantadas como centro de clasificación y comercialización de bivalvos por la Organización de Productores Pesqueros Parquistas de Carril (OPP-89).

Los inspectores lo revisaron todo antes de autorizar la salida del barco. / M. Méndez
Es decir, se encontraba en una zona cerrada perimetralmente, vigilada con cámaras y donde la presencia de los guardamuelles es casi permanente, al igual que es habitual el paso de efectivos de Gardacostas de Galicia, ya que justo al lado suelen amarrar algunos de sus buques más importantes.
Esa vigilancia y el relativamente buen estado del remolcador, a pesar de los muchos problemas que presenta a consecuencia de la falta de mantenimiento, llevan al comprador a decir que «hay esperanzas de que pueda ser recuperado y que siga navegando», como lo hizo en el pasado no solo en Arousa, sino también en aguas del Cantábrico y del Mediterráneo.
Un barco que en su época de esplendor se servía de una potencia de 2.800 caballos, prestando una destacada labor en el seno de la empresa Remolcanosa.

El barco antes de zarpar. Al fondo, las naves de Parquistas de Carril. / M. Méndez
«Es un buen barco y quizás puedan darle una segunda vida», indicaba Manuel Cernadas Barros, el administrador de Dragados Osmar, antes de zarpar desde O Ramal al timón del «Cuico», con el «Doctor Pintado» bien amarrado a su popa.
«Es una operación compleja, pero disponemos de buenos medios y de unas muy buenas condiciones de navegación, de ahí que estemos convencidos de que todo va a salir bien», pronosticaba antes de partir.

La llegada del remolcador a Moaña. / Gonzalo Núñez
Lo hacía después de no pocas dificultades, ya que los diez años de abandono del remolcador vasco hicieron que sus amarres no fueran nada fáciles de soltar.
Mucho menos los grandes cabos que, parcialmente sumergidos en el agua durante tanto tiempo, se habían convertido en criaderos de mejillón, con ejemplares «como puños» –algunos de un tamaño descomunal– que ya quisieran para sí muchos bateeiros, tal y como bromeaban algunos de los participantes en el operativo de traslado.
Otro éxito más en la ya larga lista de méritos que atesora Dragados Osmar después de sonados reflotamientos de embarcaciones hundidas tanto en Galicia como en el Cantábrico, recuperación de bateas a la deriva y otras muchas acciones similares.

El comprador ayudó a soltar las amarras. / M. Méndez
Recientemente realizaba la retirada de la parte del Muelle de Pau que se había visto dañada –en A Illa de Arousa– tras los pasados temporales, en los que se empleó a fondo a causa de los daños causados por los mismos en las batea de cultivo de mejillón de las rías de Arousa, Pontevedra y Vigo.
Dragados Osmar participó también hace una década en la búsqueda de los náufragos del «Paquito Número 2», además de jugar un papel destacado en rescates relacionados con otros accidentes marítimos.
Su barco, el «Cuico», también participa activamente cada año en el programa de conservación territorial Plancton de Afundación, la Obra Social de Abanca.
En definitiva, que el equipo de Manuel Cernadas Barros juega un papel destacado en el día a día de las rías gallegas. Y hoy ha vuelto a hacerlo, esta vez para despejar las vistas de O Ramal y la futura estación marítima que se construye en el Muelle de Pasajeros de Vilagarcía llevándose a Moaña el «muerto» en que se había convertido el «Doctor Pintado».
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