Opmega defiende los beneficios ambientales del cultivo en batea
Es una de las bazas con las que la Organización de Productores de Mejillón de Galicia se presenta en la feria Seafood de Barcelona

Ricardo Herbón y el ministro Luis Planas. / FdV

La sostenibilidad del cultivo de mejillón gallego ha centrado parte del debate en la jornada de hoy de la Seafood Expo Global de Barcelona. Y todo por la presentación del estudio «El cultivo de mejillón, una actividad sostenible. Valoración de los servicios ecosistémicos proporcionados por el cultivo de mejillón de Opmega», un trabajo pionero que cuantifica por primera vez el impacto ambiental, económico y social de las bateas.
La presentación del informe estuvo arropada por la visita institucional del ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, y de la conselleira de Mar de la Xunta de Galicia, Marta Villaverde, quienes acudieron al stand de la Organización de Productores de Mejillón de Galicia (Opmega) y mantuvieron un encuentro con su presidente, Ricardo Herbón, y el resto de la directiva.
Durante la reunión, el sector trasladó sus principales preocupaciones y expuso las líneas de trabajo en marcha, en un contexto marcado por la necesidad de reforzar el reconocimiento institucional de su actividad.
El estudio, elaborado por el investigador X. Antón Á. Salgado, del Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC, junto a la consultora Ana Vila, con la colaboración de J. Severino P. Ibánhez y Nicolás Villacieros Robineau, constituye el primer análisis integral que evalúa los beneficios del cultivo de mejillón más allá de su valor alimentario. El proyecto se enmarca en el plan operativo de Opmega y cuenta con cofinanciación de la Unión Europea.
Dicho informe analiza cuatro grandes categorías de servicios ecosistémicos –provisión, regulación, soporte y culturales– y concluye que las bateas desempeñan un papel clave en el equilibrio de los ecosistemas marinos.
Entre sus principales aportaciones, destaca la capacidad del mejillón como fuente de proteína sostenible, con una huella de carbono muy inferior a la de otras producciones animales.
Asimismo, pone en valor el aprovechamiento de la concha como recurso en sectores como la agricultura o la construcción, reforzando el carácter circular de esta actividad.
En el plano ambiental, documenta la contribución de las bateas a la mejora de la calidad del agua de las rías mediante la filtración y retención de nutrientes, así como su función como reserva alcalina frente a la acidificación oceánica y su efecto protector sobre la línea de costa.
El trabajo también incide en la dimensión social y cultural del cultivo de mejillón, subrayando su impacto en el turismo y su arraigo en la identidad de las Rías Baixas.
En palabras de Herbón, «llevamos años defendiendo que las bateas no solo producen mejillón, sino que cuidan las rías. Ahora tenemos la ciencia de nuestro lado. Este estudio nos da herramientas para que las administraciones reconozcan lo que el sector aporta al medio ambiente y a la economía de nuestras comarcas».
La combinación entre respaldo institucional y evidencia científica refuerza el posicionamiento del mejillón gallego como un modelo de producción sostenible y sitúa al sector en una posición clave para avanzar en su reconocimiento dentro de las políticas pesqueras y medioambientales.
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