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Vilagarcía

Hijos de la emigración china: más allá del bazar

Los primeros emigrantes chinos asentados en Vilagarcía llegaron a la ciudad en los años 90, y abrieron restaurantes y comercios. Algunos de sus hijos (y pronto sus nietos) han buscado otros caminos

De izquierda a derecha, Shaowei Liu Zhu, y sus hermanos Lisa e Iván, a las puertas del Dragón de Oro.

De izquierda a derecha, Shaowei Liu Zhu, y sus hermanos Lisa e Iván, a las puertas del Dragón de Oro. / Noe Parga

Vilagarcía

En 1992, mientras España presumía ante el mundo con las Olimpiadas de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla, llegaban a Vilagarcía de Arousa los primeros emigrantes chinos.

Guang Jun Liu y Aiqin Zhu abrían ese año en las proximidades de la Glorieta de la Marina Española el Dragón de Oro, un restaurante que se convertiría en el primer negocio chino en la capital arousana y que fue, durante décadas, un referente gastronómico de la ciudad.

Estos días, las miradas de la opinión pública española se han dirigido una vez más a China, con motivo de los viajes a ese país de los presidentes del Gobierno central, Pedro Sánchez, y de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda.

De China han salido decenas de miles de emigrantes desde el siglo XIX. El 70 por ciento de los mismos procedían de Qingtian, una ciudad de medio millón de habitantes del este del país que, hasta hace unas pocas décadas, era un territorio atrasado y pobre.

En Vilagarcía, viven y trabajan en la actualidad media decena de familias chinas. Pero su realidad sociológica ya poco tiene que ver con la de principios de los años 2000, cuando se consolidó la llegada de las primeras generaciones de emigrantes.

Iván Liu Zhu es comercial y su hermana Lisa se graduó en Derecho

En aquel momento, la práctica totalidad de ellos se dedicaban a la apertura de bazares, tanto en el centro urbano como en la avenida de Rubiáns, donde aún en la actualidad funcionan al menos tres grandes establecimientos de este tipo.

Sus hijos, sin embargo, sin abandonar completamente la actividad comercial, han tomado en algunos casos otros caminos profesionales. Lisa Liu Zhu, la menor de los tres hijos de Guang Jun Liu y Aiqin Zhu, estudió Derecho y trabaja en la actualidad en una empresa de gestión aduanera; su hermano mayor, Shaowei, sí sigue directamente vinculado al comercio, pero tiene una carrera universitaria de Administración de Empresas. El hermano del medio, Iván, estudió cocina, y tras trabajar en restaurantes, en la actualidad es comercial del sector de la alimentación.

En Madrid, donde la comunidad china es mucho mayor, en las segundas y terceras generaciones de emigrantes chinos hay desde diseñadores de moda hasta gerentes de inmobiliarias. Y además de escoger nuevas profesiones, se diferencian de sus padres en muchos aspectos culturales.

Choque cultural entre generaciones

«Sufrimos un gran choque generacional», explica Shaowei Liu Zhu. Sus padres salieron de una zona pobre en la que hace medio siglo todavía existía el racionamiento, y emigraron en busca de un futuro mejor; su receta para lograrlo fue trabajar de sol a sol. «Pero nosotros ya crecimos en la abundancia», explica el mayor de los hijos de los fundadores del Dragón de Oro.

Los primeros emigrantes tampoco lograron integrarse plenamente en la comunidad arousana, en gran parte porque la barrera idiomática supuso para muchos de ellos un muro insalvable. Sus hijos, sin embargo, hablan castellano con absoluta fluidez y tienen amigos españoles.

Y eso conlleva, inevitablemente, un cierto alejamiento sentimental con respecto a China. Shaowei y su hermano Iván ya habían cumplido la mayoría de edad cuando viajaron por primera vez al país de origen de sus padres; Lisa lo hizo con 14 años, pero desde entonces no regresó.

El pasado invierno, sus padres volvieron a Quingtian para celebrar el Año Nuevo chino con sus amigos y familiares; estas fiestas, que son las más importantes del año para los chinos, pasaron poco menos que inadvertidas para Shaowei, Iván y Lisa.

«Para nosotros son días normales. Si estuviésemos viviendo en China seguro que lo viviríamos de otra forma, porque se te contagia el ambiente festivo, pero aquí, al ser tan pocos ni lo celebramos», sostienen los hermanos.

Para sus padres, sin embargo, las fiestas del Año Nuevo chino siguen siendo trascendentales. Porque para los emigrantes de la primera generación (como ocurrió con los gallegos de la diáspora a América y Europa) el gran sueño de sus vidas ha sido ahorrar lo suficiente para construir una casa en China y regresar allí para pasar sus últimos años. Sus hijos, que ya les han dado nietos nacidos en Galicia, tienen en la mayoría de los casos otros proyectos vitales.

Paralelismos con la diáspora gallega

Las emigraciones china y gallega se parecen en muchos sentidos. En ambos casos, el primer contacto del emigrante con su destino suele ser a través de un pariente o vecino próximo asentado en el extranjero desde unos años antes. Guang Jun Liu, el cofundador del Dragón de Oro, por ejemplo, llegó a España ya en 1985, casi una década antes de establecerse en Vilagarcía. Su primer destino fue Madrid, donde trabajó en el restaurante de un cuñado. Y el primer restaurante chino de la ciudad de Pontevedra lo abrieron también parientes suyos.

A menudo, los emigrantes gallegos asentados en América o, posteriormente, en Europa, lograron abrir negocios propios gracias a los préstamos concedidos por otros paisanos, lo que les evitaba afrontar los intereses bancarios, o asociándose entre varios. Estas mismas fórmulas facilitaron la creación de negocios chinos en España. La cultura del trabajo es otra semejanza. A menudo se ha criticado a los comerciantes chinos por sus larguísimas horas de trabajo y por el hecho de abrir todos los días de la semana. Miles de gallegos hicieron lo mismo en Argentina, Brasil o México.

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