La historia de un negocio que imprime cercanía y buen hacer
Baños Print, la empresa que suda tinta tres generaciones después
Su trabajo resume más de seis décadas de oficio, familia y resistencia en Vilagarcía. La imprenta de Lourdes y Francisco Baños Losada, heredera de en tercera generación, pone rostro al valor de los pequeños negocios, aquellos que dejan impreso el valor de la cercanía, la profesionalidad y el buen hacer

Iñaki Abella
Baños Print no es solo una imprenta. Es, sobre todo, una historia de familia. Una de esas que se escriben durante décadas con trabajo callado, con días larguísimos, con olor a tinta y a papel recién cortado, con decisiones difíciles y con la convicción de que sacar adelante un negocio propio exige mucho más que conocimientos técnicos. Exige carácter, sacrificio y una manera de estar en el mundo. La empresa que hoy regentan los hermanos Lourdes y Francisco Baños Losada representa ya la tercera generación de un oficio profundamente unido a su apellido. Y, sin embargo, también encarna una paradoja dolorosa: la de una trayectoria admirable que, salvo imprevisto, no tendrá relevo.
La historia se remonta a 1960, cuando Gráficas Baños fue fundada por dos tíos del padre de los actuales propietarios, Paco y Domingo Baños. Ambos ya trabajaban en imprentas en Vilagarcía cuando pusieron en marcha aquel primer taller en la entonces calle Héroes del Alcázar, hoy A Baldosa. Aquel fue el germen de todo. Francisco recuerda que su padre, Juan Baños, empezó con ellos antes de apartarse temporalmente del sector en los años setenta para entrar en el mundo de la conserva. Pero el oficio, en realidad, nunca lo abandonó del todo. Cuando en 1990 cerró la conservera, decidió volver a aquello que había aprendido de joven. En 1992 retomó el camino de la imprenta y abrió una nueva etapa en Fariña Ferreño con su hijo Francisco codo con codo.
Ahí comenzó otra transformación decisiva. A la técnica offset, heredera de una manera de imprimir más lenta, más física y casi artesanal, se sumó enseguida la impresión digital. Todo empezó a acelerarse. La tecnología dejó de ser una ayuda para convertirse en una obligación permanente. Ya no era tiempo de comprar una máquina para toda la vida. Las renovaciones, la obsolescencia y la necesidad de inversión continua pasaron a formar parte de la normalidad del negocio.
También Lourdes llegó en aquel tiempo de crecimiento y adaptación. Delineante de formación, se incorporó a finales de los noventa, cuando la empresa necesitó más manos y más cabeza para seguir avanzando. Pero su entrada no solo reforzó la estructura del negocio; también definió el equilibrio que sostiene hoy a Baños Print. Ambos hermanos son propietarios al 50%. Ambos toman decisiones. Ambos se reparten áreas, maquinaria y responsabilidades. Sin embargo, la realidad no siempre les devuelve ese mismo reconocimiento. Lourdes lo expresa con serenidad, pero sin restarle importancia: a menudo todavía hay quien presupone que ella es la empleada y él, el responsable. Francisco insiste en subrayarlo porque sabe que no es un detalle menor: «Quiero destacar que somos un equipo al 50%». Y en esa reivindicación hay también una forma de justicia cotidiana, de diplomacia firme frente a inercias machistas que aún persisten en lo aparentemente inofensivo.

Ambos reconocen que, por encima de propietarios de una empresa compartida, son hermanos. / Iñaki Abella
Si Baños Print se explica por el oficio, también se explica por los afectos. Por la familia. Por los tíos, como Paco, que visitaba el negocio cada semana y se sorprendía al ver hasta dónde había llegado el salto digital, casi como si midiera en cada visita el progreso de toda una saga. O Diego, el hermano de Juan, que desde su experiencia profesional en el Banco Simeón apoyó en la parte económica del proyecto. Pero, sobre todo, Baños Print se explica por la figura de Elisa, la madre. Lourdes la define como «la parte invisible y que no figura», pero enseguida añade lo esencial: fue «superimportante». Invisible hacia fuera, decisiva por dentro. Una de esas mujeres que sostienen sin reclamar foco, que atan los cabos para que otros puedan avanzar, que terminan siendo el ancla del emprendimiento sin aparecer nunca en el escaparate.
La empresa sigue creciendo, abriendo caminos en el gran formato y explorando el packaging en pequeñas tiradas, desde cajas para negocios hasta trabajos pensados para bodas, cumpleaños y encargos donde el papel deja de ser soporte para convertirse también en emoción. Ahí Lourdes encuentra una de las razones profundas de su vínculo con el oficio: «La parte creativa, el manipulado del papel me gusta mucho». Habla de la sonrisa del cliente al ver un trabajo terminado, de esa magia que aparece cuando alguien siente que lo han entendido de verdad. Escuchar, interpretar, aportar. Hacer que quien entra por la puerta se sienta en casa. Esa ha sido siempre una forma de trabajar y también una forma de fidelizar.
Pero la historia de Baños Print no puede contarse sin sus golpes. El más duro llegó con las inundaciones del 27 de noviembre de 2006. En el local de Fariña Ferreño entró más de un metro de agua. El seguro peritó una destrucción del 92%. Fue un mazazo económico y emocional. Hubo que parar, rehacer, invertir de nuevo y asumir el miedo. Tras un mes y medio cerrados, la empresa resurgió en Os Duráns, donde ha echado raíces durante las dos últimas décadas. Otra vez empezar. Otra vez resistir.
Esa resistencia, sin embargo, tiene un coste. Los dos hermanos hablan de la presión constante que acompaña al trabajo autónomo. Incluso cuando han logrado adaptar horarios para una vida más llevadera, implantando desde la pandemia la jornada continua y comprobando que así son más productivos, la carga sigue ahí. «Ser autónomo es una esclavitud», dice Francisco con crudeza. Y detrás de esa frase no hay victimismo, sino una descripción de la contradicción de nuestro tiempo: se ensalza la conciliación y la calidad de vida mientras miles de pequeños negocios sobreviven en condiciones que hacen muy difícil ambas cosas.
Por eso, al hablar del relevo generacional, en Baños Print no hay dramatismo impostado, sino realismo. Los hijos miran y toman nota. Ven el esfuerzo, la tensión, las trabas administrativas, la sensación de remar siempre con viento en contra. Y el negocio deja de percibirse como una herencia deseable para convertirse en una opción demasiado exigente. No es una renuncia sentimental al legado familiar, sino la consecuencia de un contexto que no invita a continuar.
Aun así, Baños Print permanece. Permanece en la memoria del padre, Juan, fallecido en 2023, después de haberse jubilado solo a medias y seguir al pie del cañón. Permanece en la complicidad de dos hermanos que discuten de trabajo, sí, pero nunca más de cinco minutos. Permanece en los clientes que con los años se convierten en amigos. En la comarca que ha confiado en ellos durante décadas. En la dignidad de un oficio que ha sabido transformarse sin perder el alma.
Quizá ahí resida lo más valioso de esta historia.Baños Print es la prueba de que una imprenta puede ser mucho más que un negocio: puede ser un hogar de trabajo compartido, una escuela de resistencia y una forma de querer el oficio. Aunque la cuarta generación no llegue, nadie podrá borrar todo lo que ya ha quedado impreso. n
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