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Crisis en el sector mar-industria

Vendedores gallegos sin marisco autóctono recurren a producto foráneo como el de Portugal para sobrevivir

El consumidor «ya no pregunta como antes si el marisco es de aquí o de fuera»

Depuradores, transportistas y vendedores también alertan de su situación

Vendedores locales sin marisco gallego recurren a producto foráneo para sobrevivir

M. Méndez

Manuel Méndez

Manuel Méndez

Arousa

La enésima crisis del marisqueo, derivada de la sobreexplotación, el furtivismo, una deficiente gestión de numerosas zonas productoras, el desaprovechamiento de otras, la acción de los depredadores y las plagas, esta vez agravada por el tren de borrascas del pasado invierno y el brutal descenso de salinidad que desencadenó tanta lluvia, no solo castigan al marisqueo, sino también a depuradores, comercializadores e industrias auxiliares.

Esto incluye a los transportistas, pescaderías, plazas de abastos, empresas que se ocupan de la fabricación de embalajes y tantos otros colectivos integrados en la cadena mar-industria.

A pesar de ello, en los últimos meses «parece que solo sufriera pérdidas el sector primario y se plantean ayudas por cese de actividad, paros biológicos, aportación de semilla para realizar siembras y otras medidas pensadas única y exclusivamente para las cofradías y agrupaciones de marisqueo», lamentan los demás eslabones de dicha cadena.

Los mismos que sufren como cualquier otro el impacto directo de la pérdida de productividad y que, sin almeja y berberecho gallego a su disposición, se ven obligados a recurrir a bivalvos de Portugal u otras latitudes para abastecer los mercados y satisfacer la demanda de sus clientes.

La conselleira de Mar, Marta Villaverde, durante los muestreos realizados en bancos marisqueros de O Grove.

La conselleira de Mar, Marta Villaverde, durante los muestreos realizados en bancos marisqueros de O Grove. / FdV

Una circunstancia que, como se explicó en tantas ocasiones anteriores, agrava más si cabe el problema, ya que los competidores extranjeros no dejan de ganar terreno a los productores gallegos, y los consumidores están cada vez más acostumbrados a adquirir producto foráneo para suplir la carencia del autóctono.

«¿Qué diferencia hay entre la almeja gallega y la de Portugal si está ahí al lado?», se preguntan los clientes de la plaza. «Si quiero berberecho y no me lo pueden ofrecer de aquí tendré que comprarlo en otro lado», reflexionan otros.

Lo importante es ofrecer buena mercancía y que los clientes confíen en ti, y los míos saben que nunca los voy a engañar, por eso cuando vienen a comprar les explico la procedencia de los bivalvos que tengo en el mostrador

Tania Chao

— Mariscos Gallego-OCP

Los vendedores de los mercados de abastos son conscientes de ello y de que «ya no es como antes, por eso cada vez la gente pregunta menos si el marisco es de aquí o de fuera, si habla gallego, portugués o francés», argumentan algunos de esos placeros.

«En nuestro caso no podemos garantizar producto exclusivamente gallego porque no hay donde conseguirlo, por eso podemos tener a la venta tanto almeja y berberecho de aquí como de Portugal», reflexiona Tania Chao, al frente de Mariscos Gallego-OCP.

Desde su puesto en la plaza de abastos de Vilagarcía resalta que «lo importante es ofrecer buena mercancía y que los clientes confíen en ti, y los míos saben que nunca los voy a engañar, por eso cuando vienen a comprar les explico la procedencia de los bivalvos que tengo en el mostrador».

También ella coincide en que «se habla de ayudas para el marisqueo, y es lógico que las tengan, pero nosotros nos quedamos sin ventas e ingresos si no tenemos producto que ofrecer y nadie se acuerda de ayudar a los vendedores, por eso tenemos que buscarnos la vida buscando marisco donde sea».

El cambadés Benito Pérez, también vendedor en la plaza de abastos, ahora ya jubilado, llevaba mucho tiempo insistiendo en este planteamiento: «Todo son ayudas para los mariscadores, pero los placeros nos quedamos con los puestos vacíos y nadie nos ayuda».

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MANUEL MÉNDEZ

Reflexión que comparten empresarios integrados en la Asociación Gallega de Depuradores de Moluscos (Agade). «Tenemos clientes que nos piden almeja y berberecho, y si en Galicia no hay producto porque se murió, porque hay agrupaciones acogidas al cese de actividad, porque no crece lo suficiente o por las razones que sea, solo nos quedan dos opciones, o cerrar la empresa por carecer de materia prima o conseguir el bivalvo que nos demandan en otras partes», aclaran.

Y no es la primera vez que se posicionan de este modo en los últimos años, cuando también advirtieron repetidamente de que «el producto foráneo está ‘comiendo las papas’ al gallego, y cuando pierdes mercado, después es muy difícil de recuperar».

En las empresas distribuidoras abundan en ello diciendo que «las ayudas establecidas por la administración se limitan al sector primario, pero los demás también sufrimos las consecuencias de la carencia de marisco y a nadie parece importarle, y eso que no solo tenemos ese problema, sino que padecemos también la subida de los carburantes».

Abundando en ello, desde la empresa Transfrío resaltan que «las ayudas son para el sector primario, pero transportistas, comercializadores y demás participantes en este negocio no tenemos opción alguna de ayuda».

La situación ha pasado de ser grave a muy grave, a un paso de ser agónica, sobre todo porque el sector que vive del fresco si no tiene producto no tiene más alternativa que cerrar las puertas

Fernando Otero

— Abogado

Lo que sucede ahora «es algo parecido a lo ocurrido hace años con el pescado, cuya disminución en Galicia propició el aumento de las importaciones de producto desde otras latitudes y el descenso de consumo de fresco», remarcan en Transfrío Rías Baixas, una empresa asentada en Vigo convertida en una referencia nacional en su sector y que distribuye pescados y mariscos dentro y fuera de España.

En su caso también saben que «si no hay producto aquí hay que recurrir al foráneo, pero la actividad no puede detenerse debido a que los bancos marisqueros gallegos estén cerrados».

Los lamentos por la difícil situación actual en el sector mar-industria derivada de la crisis marisquera, son similares en Tepsa y otras empresas gallegas fabricantes de cajas de plástico, bolsas, laminas, tubos, productos de relleno y demás artículos empleados en el sector alimentario.

El abogado Fenando Otero, secretario general de la unión de asociaciones de la cadena mar-industria alimentaria, considera que «la situación ha pasado de ser grave a muy grave, sobre todo porque el sector que vive del fresco si no tiene producto no tiene más alternativa que cerrar las puertas».

Habla de «una situación a un paso de ser agónica» para las empresas depuradoras, muchas de las cuales «se están viendo obligadas a reducir personal mientras los competidores de fuera se abren camino».

Lo que sucede es que «nadie sabe cuáles son las soluciones a adoptar, pero lo que resulta evidente es este problema no se soluciona solo, por eso tenemos que ser imaginativos y sentarnos a colaborar buscando la unidad de los sectores productivos y la aportación de la iniciativa privada antes de que sea tarde y el producto gallego pierda su imagen», concluye.

Como puede apreciarse, la preocupación existe ante un problema que no es nada nuevo, habiéndose demostrado que las ayudas puntuales no sirven para revertir la situación.

Prueba de ello es esta reflexión que los depuradores hacían en febrero de 2025 y que es perfectamente válida un año después: «A la deficiente gestión de bancos, la subida de la temperatura del agua y el descenso de la salinidad que se ha registrado en los últimos años, provocando episodios de mortandad de almeja, berberecho y navaja, hay que sumar el desove de mejillón anticipado que estamos observando en rías como la de Arousa». Y ya entonces se preguntaban exactamente lo mismo: «¿A nosotros quién nos ayuda si no tenemos mercancía que comercializar?».

Tania Chao en su puesto de la palza de abastos de Vilagarcía.

Tania Chao en su puesto de la palza de abastos de Vilagarcía. / M. Méndez

Ya decían entones desde la depuración que «muchas veces se nos acusa de comprar mejillón y almeja fuera, ante lo que debemos decir que estamos obligados a hacerlo para atender a nuestros clientes si resulta que en Galicia no encontramos la producción que necesitamos».

Lo cual los lleva a formular la misma pregunta: «¿Acaso las cofradías y agrupaciones de mariscadores que deciden cesar su actividad para estar cobrando ayudas sin trabajar, o trabajando en otra cosa mientras las cobran, pretenden que nosotros nos arruinemos parando también a la espera de que decidan volver?».

En definitiva, que tras el tren de borrascas del pasado invierno ahora llueve sobre mojado no solo en el sector marisquero gallego, sino en el conjunto de la cadena mar-industria y todo lo que conlleva.

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